martes, 29 de noviembre de 2011

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (34)

Que alguien se pare a pensar

HAN pasado treinta años desde que el 25 de noviembre fuera declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer Se eligió esta fecha para conmemorar el asesinato de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas ejecutadas el 25 de noviembre de 1960 en la República Dominicana. Alrededor de esta fecha se concentran conferencias, reportajes y campañas de publicidad, sobre distintas formas de prevención y sensibilización para erradicar estos violentos hechos. Sin embargo, cuando finalizan las conmemoraciones, el tiempo va pasando y pronto todo parece quedar en el olvido.
Por nuestra parte, nos sentimos obligados a reflexionar sobre la eficacia de las campañas de publicidad que durante años se vienen realizando y que, sin embargo, parece que no logran evitar en gran parte una violencia intolerable, a pesar de los más de cuatro millones de euros que cada año se destinan a tal fin. Desde el año 2002 se han producido 555 víctimas mortales. La publicidad constantemente nos presenta mujeres cuya personalidad está desvanecida y como consecuencia de la exposición continua a la publicidad sexista, tenemos individuos, hombres y mujeres programados con prejuicios e ideas que funcionan como códigos de conducta social.
El pasado 13 de septiembre se presentó la campaña contra la violencia de género bajo el lema "No te saltes las señales. Elige vivir" (2011), cuyo objetivo es que tanto las víctimas como sus entornos sepan detectar las distintas manifestaciones de este tipo de violencia y actúen. Eslóganes como “Tarjeta roja al maltratador (2010); “Ante el maltrato todos y todas a una” (2009); “Ante el maltratador tolerancia cero” (2008); “A la primera señal de malos tratos, llama” (2007) han sido propuestas de comunicación en los últimos años.
Cuando no hemos terminado de aprender un mensaje ya tenemos que asimilar otro distinto. Resulta pues difícil que las campañas resulten eficaces. Parece que los análisis de los procesos psicosociales que intervienen en el cambio de comportamiento no son tenidos en cuenta, tampoco criterios de segmentación y lo que aún resulta más complejo es, que cada comunidad autonómica e incluso cada ayuntamiento, publicitan distintos mensajes. En todo caso, no parece que una persona que esté siendo víctima de violencia de género emocionalmente se encuentre en condiciones para reaccionar ante los mensajes de los anuncios.
Ni las formas publicitarias aplicadas hoy, ni el cómo se utiliza la disciplina del marketing social contribuyen a solucionar parte del problema. Se necesitan nuevos nuevas reglas nuevos foros de discusión que aporten soluciones eficientes y relevantes. Necesitamos métodos, formas, soluciones distintas y no sólo frases para acabar con esta lacra.
Que alguien se pare a pensar...
Antonio Leal Giménez
Académico de Santa Cecilia

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