jueves, 24 de noviembre de 2011

GUITARRA (X)


"La prima que canta y el bordón que llora / Y el tiempo callado se va, hora por hora". En estos dos versos sintetizó el poeta Manuel Machado el encanto de la guitarra, viejo instrumento de cuerdas pulsadas. Es, como el laúd, de origen oriental. Dos explicaciones, se ha dado a su penetración en Europa. Según una, la guitarra llega con los árabes, procedente de Arabia y Persia. Según otra deriva de la cítara romana, de origen asirio y griego. Esta última es la guitarra latina, que en España se emplea al mismo tiempo que se utiliza también la otra guitarra, la morisca.
El hecho de la simultaneidad de los dos instrumentos permite admitir las dos teorías: la guitarra pudo, en efecto, tener ambas vías de penetración.
Una de sus más antiguas representaciones plásticas es la que vemos en una escultura del Pórtico de la Gloria, de Santiago de Compostela (siglo XII). Posteriormente, en el silgo XVI, son cultivadas intensamente en la Península Ibérica las varias familias de instrumentos de cuerdas pulsadas: la guitarra, el laúd, la vihuela, la tiorba, la pandora... Las dimensiones de la guitarra, el número de sus cuerdas, su ornamentación, sus detalles, han variado según las épocas y los pueblos. Un escritor y músico español del siglo XVII, Vicente Espinel, añadió la quinta cuerda, y más tarde, un guitarrista francés, Marechal, añadió la sexta. Más tarde en el siglo XX, el guitarrista español Narciso Yepes añadió cuatro cuerdas más por debajo del mi grave. La guitarra, instrumento de profundo arraigo popular, ha entrado en la orquesta de ópera y en la sala de conciertos. Rossini la hace sonar en la serenata de su Barbero de Sevilla, Donizetti en la de Don Pascuale. Compositores y ejecutantes de gran mérito fueron Dionisio Aguado y Fernando Sor, en el siglo XIX, y, posteriormente, Francisco Tárrega, un místico y un iluminado de la guitarra. El famoso violinista Paganini llegó a componer algunas páginas para guitarra sola y doce sonatas para guitarra y violín. Falla, Turina, Moreno Torroba, Manem Arregui... han escrito en nuestros días para este instrumento. Y Joaquín Rodrigo crea su bellísimo Concierto de Aranjuez, para guitarra y orquesta. “Ya ha salido, pues, -ha escrito este músico- la guitarra de las manos del pueblo, rezumante de dejos populares; su técnica, por virtud de los dedos -casi más que sensibles, sensitivos- de Tárrega, se ha ensanchado prodigiosamente, y el instrumento hispano, en brazos de una ilustre constelación de guitarristas, recorre el mundo entero, recibiendo el encendido homenaje de la flor de los compositores, que enriquecen su literatura con inéditas aportaciones. Stravinsky hace intervenir a la guitarra como instrumento de conjunto.
Pedro Salvatierra Velázquez
Concertista y profesor de Conservatorio

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