miércoles, 23 de noviembre de 2011

Reflexiones sobre el concepto trabajo

El académico de nuestra institución doctor Joaquín Solís Muñoz-Seca ha tenido a bien enviarnos estas interesantes reflexiones sobre el concepto de trabajo que publicamos con sumo gusto.

Organizada por la Universidad Pontificia de Salamanca he asistido a una jornada titulada: La ética cristiana ante la crisis económica. Como resumen puedo afirmar que excepto D. Manuel Pizarro, la mayoría de los conferenciantes, todos eminentes catedráticos de diferentes universidades, tenían una visión bastante voluntarista y utópica de cómo se debería afrontar la crisis desde un enfoque fundamentado en la doctrina social cristiana, llevándose la palma el Rector de la Universidad Pontificia de Salamanca. La conclusión, o más bien sentimiento que saqué de la jornada fue simplificando y sin entrar en matices, que las empresas deberían comportarse como “oeneges”, autolimitándose en sus beneficios y dedicando estos recortes a contribuir en el sostenimiento del bienestar general así como invertir en proyectos que mejorasen el medio ambiente tales como nuevas fuentes de energías renovables, agricultura sin uso de fertilizantes y pesticidas industriales etc. llevando todo ello adelante aunque fuesen de improbable rentabilidad económica.

Tengo que reconocer que las citadas conclusiones, por simples y resumidas, son algo caricaturescas pero este medio de expresión es válido e ilustrativo si se advierte de antemano. En este sentido, doy gracias a Dios de que mi fondo de pensiones esté administrado por gestores con ideas radicalmente opuestas.

Desde mi visión y experiencia de más de 40 años de actividad profesional, en el ámbito de empresas multinacionales del sector petróleo y petroquímico, planteé a la mesa, una reflexión que para mí siempre ha sido motivo de gran preocupación en el ejercicio de la antedicha actividad empresarial. Desgraciadamente, la repuesta que obtuve no satisfizo en modo alguno mis expectativas. Expongo a continuación de forma más extensa mi reflexión:

Existe una gran divergencia entre lo que representa para el empleador y el empleado el significado del concepto TRABAJO. Para el empleado su trabajo o tarea representa un conjunto de valores de enorme alcance e impacto en su vida. Tener un trabajo significa un medio de vida, una forma de desarrollo personal, la posibilidad de crear una familia, de educar a su descendencia, de tener cubiertos las necesidades y servicios básicos y como conjunto de todo ello, sentirse útil e integrado en la sociedad en donde vive. En conclusión, desarrollar una actividad remunerada del tipo que fuere ya que es vital para el correcto desarrollo integral humano de cualquier persona.

Sin intención demagógica alguna, el trabajo de sus empleados significa para el empleador un gasto operacional más, es decir, uno de los epígrafes que bajo la denominación de coste laboral componen el desglose o escandallo de su contabilidad analítica de costes. En pura lógica económica, el responsable de una unidad de negocio que no tenga la citada percepción es un suicida empresarial. En estricta ética de los negocios, una de las misiones básicas del consejo de administración de una corporación, es exigir de manera imprescindible e imperativa a los gestores de cada una de las unidades de negocio que la componen, la optimización continua de los costes operacionales.

Las grandes y medianas corporaciones, para la elaboración de programas y presupuestos a medio plazo (suelen ser a cinco años, revisables cada año) una de las exigencias estratégicas a incluir de obligado cumplimiento, son acciones para disminuir costes laborales, ya sea a través de proyectos de investigación y desarrollo o por compra de tecnologías innovadoras asequibles en el mercado. En ambos casos, lo que se persigue es una mayor y mejor instrumentación para el control de los procesos productivos, lo cual puede minimizar hasta límites insospechados el número de trabajadores ocupados en las unidades des producción. La culminación de este proceso sería la no utópica ni lejana idea de la robotización total, lo que supondría la gestión global de la actividad productiva desde un lejano y sofisticado cuadro de control.

Hagamos un paréntesis aunque me salga del tema. Me produce cierta tristeza o mejor dicho, reír para no llorar, ver como nuestros sindicatos y políticos nos dicen que la solución del paro está en promover desde el Gobierno un cambio de modelo de nuestro sector productivo, basado en que tanto el sector publico como las empresas inviertan más en I más D. Señores, a corto y medio plazo, en una economía productiva como la nuestra, de tipo medio tanto en tamaño como en tecnología, las inversiones y esfuerzos dedicados a I más D se orientarán en primera medida a optimizar costes operacionales y por esta vía los mas fáciles de disminuir son los laborales, en otras palabras, dichos esfuerzos tenderán a crear paro. Solo el desarrollo de ideas únicas y geniales que creen productos y servicios innovadores que originen una revolución en los mercados, pueden generar empleo neto gracias al I más D más I. Pero innovaciones de este tipo, en caso de que afortunadamente se logren, tienen periodos de maduración de más de 10 años. A corto plazo, solo disminuirán el paro aquellas actividades que requieren altos costes laborales, es decir intensivas en mano de obra. Las consecuencias o conclusiones que puedan derivarse de lo expresado en este párrafo se las dejo al lector.

Cerremos paréntesis y volvamos a insistir en nuestro tema principal que concierne a la gran divergencia existente en el significado del concepto trabajo y sus consecuencias desde la óptica del empleador y del empleado. Lo primero a preguntarse es, si esta gran paradoja es propia y exclusiva de la economía de mercado, lo segundo es si estas dos visiones tan alejadas, conviven desde posturas éticas coherentes y legitimas de ambas partes. La respuesta a la primera cuestión es algo gris ya que si bien es verdad que esta paradoja es consustancial con la economía de mercado, hay que reconocer que también se puede dar en economías centralizadas, claro ejemplo lo tenemos en la China actual donde el utópico principio comunista: “Trabaja según tus capacidades y cobra según tus necesidades”, es pura falacia hoy día.

Para la segunda cuestión, si quiero ser sincero, no tengo una respuesta directa. Reconozco que lo que me pide el cuerpo, sobre los despidos para aumentar la eficacia y la competitividad y en consecuencia tener más beneficios, es ponerme del lado del débil. Pero si se tiene en cuenta las reglas de juego, según las cuales ha de funcionar la economía de mercado, por muy social que sea, el principio básico es que en cualquiera de sus sectores de actividad deben existir un número suficiente de empresas compitiendo y así evitar monopolios. La legalidad vigente debe garantizar este marco de libre competencia. Sin duda alguna, para permanecer competitivos en un mercado global, las unidades de negocio que componen una empresa deben aplicar sin descanso mejoras tecnológicas para disminuir costes operacionales, entre ellos los laborales. Si no actúan así, otro competidor más audaz las desalojará del mercado y no solo irán al paro los que sobrasen por los ajustes sino la plantilla completa. Como ejemplo, valgan las relocalizaciones de industrias gaditanas trasladándose a ámbitos con leyes laborales con menos rigideces y sindicatos menos politizados y así poder seguir siendo más competitivas.

Obviamente no se que soluciones o medidas se deberían tomar para hacer converger estas divergentes visiones del concepto trabajo o al menos mitigar esta tremenda incoherencia que algunos moralistas cristianos califican de injusticia manifiesta. Pero si creo que solo un escenario de movilidad y flexibilidad, tanto laboral como empresarial y con sacrificios por desgracia de la parte más débil, podría paliar en cierta medida esta contrariedad. Lo que sí puedo asegurar es que en un ámbito de mercados con grandes rigideces legales y marcos laborales poco flexibles aderezado por un escenario de crecimiento económico mediocre, esta discordancia se acentúa y crea millones de parados.
Joaquín Solís Muñoz-Seca
Aravaca 20-11-2011

2 comentarios:

  1. Luis F. García Uribe23 de noviembre de 2011, 15:47

    Si la "intelligentsia" de este país piensa que la solución a la creación de puestos de trabajos está en hacer de las empresas ONG's entonces estamos aviados.

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  2. No conocía esta frase: “Trabaja según tus capacidades y cobra según tus necesidades”, es terrorífica, pues en un sistema colectivista tus capacidades te las mide el grupo privilegiado y lo que tienes que cobrar te lo impone también el grupo que manda, al igual que las exigencias.

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