jueves, 16 de febrero de 2012

EL TEATRO BOLSHÓI

 
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Frente a unos amplios jardines y a una fuente con surtidores, el edificio del Teatro Bolshói, con su famosa fachada neoclásica coronada por la escultura de una carroza, es una referencia obligada para todo visitante de Moscú. La historia del más célebre de los teatros rusos se remonta a marzo de 1776, cuando la emperatriz Catalina II otorgó al príncipe Piotr Urúsov el privilegio de administrar "todas las representaciones teatrales en Moscú". Su primera compañía, formada por sólo trece personas (todos ellos siervos del príncipe, que eran a la vez cantantes líricos y actores de las representaciones dramáticas) se instaló en una casa particular propiedad del conde Vorontsov, que estaba situada en la calle Zámenka.

Cuatro años más tarde, en 1780, el teatro inauguró su primera sala propia, un espléndido edificio que se encontraba en la calle Petrovka (a causa de lo cual empezó a llamárselo Teatro Petrovski), donde permaneció durante un cuarto de siglo de memorables actividades líricas. 

Hubo de esperar a la recuperación del imperio, tras las guerras napoleónicas, para que se inaugurase la nueva y fastuosa sala del Bolshói, construida por el arquitecto Osip Beauvais sobre diseño de Andréi Mijailov, cuyas dimensiones sólo eran inferiores a las de la Scala de Milán. Por entonces se había incorporado a la compañía estable el coreógrafo y bailarín Adam Glushkovski, precursor de las grandes figuras de la danza del siglo XX, que fue quien puso los cimientos del ballet clásico ruso. Un nuevo incendio se abatió sobre él en 1853: la sala ardió durante una semana y no quedó de ella más que unos calcinados muros y restos de la fachada. En 1856, no obstante, el teatro había sido ya reconstruído enteramente con el aspecto externo, la lujosa decoración interior y el aforo de 2300 localidades que ha conservado hasta la actualidad. Aunque en Moscú hay teatros con más capacidad, la solera y grandeza del Bolshói no se mide por cifras, sino por la riqueza de su historia y su prestigio incomparable.

2 comentarios:

  1. Dan ganas de ir allí a verlo.

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  2. Ha conseguido usted que los viernes esté pendiente del paseo con el poeta.

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