martes, 21 de febrero de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (51)

Viajes y viajeros
La literatura de viajes es tan antigua como el nacimiento de la propia escritura. Relatos de periplos, de viajes comerciales, de aventuras, etc., podemos encontrar en todo tiempo y en todo lugar. Cuanto más atrás nos vayamos en el tiempo, estos relatos tendrán más motivaciones de carácter político, económico, de exploración, de conquista, en definitiva, objetivos encaminados a la búsqueda de un beneficio para el individuo o el Estado.
El viaje de placer es un invento de la nueva sociedad nacida al amparo del crecimiento económico de la revolución industrial producida en la Europa del siglo XVIII y, sobre todo, de la romántica y culta sociedad del siglo XIX. Este nuevo concepto de viaje de placer cambiará la visión de los viajeros y los objetivos que el propio viaje encierra. Ahora la visita a otros países distintos al propio tendrá el propósito de disfrutar del paisaje, de conocer nuevas culturas, de saborear el arte, de contactar con otras gentes y otras civilizaciones, en definitiva, de descubrir otros mundos y otras sensaciones. Así pues, nace el concepto de turista como el de viajero que se desplaza por el mero placer de hacerlo, sin objetivos comerciales, bélicos, expansionistas o culturizadores.
Este nuevo viaje, el turístico, causará tanta impresión en algunos viajeros que querrán dejar impronta de ellos mediante narraciones en las que cuentan y describen su aventura viajera. Unos relatos encaminados a llevar a sus compatriotas las sensaciones vividas en sus periplos y, al mismo tiempo, mostrarles la existencia de hombres y tierras exóticas.
Nuestra ciudad, El Puerto, junto a otras de la Bahía, Cádiz era foco de atracción en el siglo XIX, recibió muchos viajeros de origen inglés, francés, alemán e italiano que dejaron luego relatos de sus viajes y describieron el paisaje y el paisanaje de nuestra tierra. Estos relatos presentan una visión diferente a la de los naturales del país pues la formación cultural y científica era igualmente distinta. El choque de culturas y costumbres es también presentado en este tipo de literatura como un aliciente más del propio relato. Los toros, los caminos, el bandolerismo, el baile flamenco, los faluchos en su viaje a Cádiz, los paseos de la Victoria y el Vergel, las bodegas, la mujer portuense, etc., conforman una pequeña síntesis de los muchos temas que los viajeros relataron en sus libros. El Puerto es presentado como una bonita y pequeña ciudad, de calles rectas y limpias, con una gran actividad comercial en torno a la exportación de vinos, con grandes bodegas y un paisanaje donde se dan grandes contrastes entre los marineros y las clases dedicadas al comercio. Una ciudad convertida en ocasiones en centro de la zona por las corridas de toros, por las veladas de la Victoria y por ser lugar de descanso estival para gaditanos y gentes del interior.
Conocer estos relatos de los Inglis, Imbert, Dundas, Laborde, Davillier, Latour, y otros más, nos ayudará a conocer mejor nuestra historia y nuestra identidad. Una historia relatada por otros que nos vieron tal como éramos, aunque también bajo el prisma de otra cultura y otros intereses.
Juan Gómez Fernández
Académico de Santa Cecilia


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