viernes, 17 de febrero de 2012

Paseando con un poeta: José Cadalso

Habíamos quedado en la Plaza de la Catedral, justo al comienzo de la calle Compañía para que no hubiese ninguna confusión, pensaba que él lo reconocería todo en seguida, nada más verlo. Además, esa parte de Cádiz le sería familiar aunque ya había transcurrido mucho tiempo, nació en 1741 y pasó sus primeros años aquí pero no sé cuándo se marchó -creo que fue antes de cumplir los once años. Se lo preguntaré- y tampoco sé si volvió alguna vez. Hacía frío, era muy temprano, aún no había amanecido del todo, yo había llegado con bastante antelación al lugar de la cita.  Con cuarenta años, el 27 de febrero de 1782, sufrió el impacto en la sien de un casco de metralla en el asedio a Gibraltar, y se fue. Apenas hacía un mes que le habían ascendido a coronel.

El frío arreciaba, soplaba, aire que venía del mar, en mi cara. Miraba en todas direcciones y no veía a nadie que pareciese ser él.  Recité en voz baja y aterida: 


Se levantaba el día y no había ninguna señal, el reloj indicaba que la hora de la cita hacía rato que se había sobrepasado.  Esperaría unos minutos más y, después, entraría en alguna cafetería a tomar algo que me calentase un poco.  Curioso personaje -pensé- que perdió a su madre al nacer y a su padre lo conoció en Francia cumplidos los trece años. Viajó por toda Europa, hablaba varios idiomas y poseía un gran conocimiento de las lenguas clásicas.

Con paso lento me marché de allí, la cita quedó en blanco, estuve más de una hora esperándole. En realidad no me extrañaba nada que no hubiese aparecido. Recordé entonces aquel pasaje turbulento de su vida en el que enamorado de la actriz María Ignacia Ibáñez -a la que llamaba Filis- muerta repentinamente, le dejó en un gran desconsuelo, tal que, enloquecido, trató de desenterrar el cadáver de su amada para llevárselo. 

Tomé un lugar lejos de la puerta, al fondo del mostrador y solicité un café bien caliente que acaricié con mis manos cuando me fue servido. Allí medité unos instantes sobre esa pasión que une a físicos y a poetas: la del tiempo.


Cadalso fue implacable con la sociedad de su época y consideraba como vicios de aquella la incultura, la rutina, la pedantería, la falta de carácter, y el aprecio desmesurado por lo extranjero. La preocupación por España impulsaba toda su obra y a pesar de su condición de militar detestaba las guerras y decía que ofrecen fama pero que sólo dan muerte. Él creía que únicamente la virtud y la ciencia debían empujar al hombre. 

Con la decepción del frustrado encuentro paseé hasta el muelle. Durante el trayecto iba lanzando miradas a uno y otro lado por si aún le veía. Embarqué para cruzar la bahía y regresar a casa.  En el lugar de costumbre, de pie, en la popa, saqué unas de las tarjetas que tenía preparadas para preguntarle algo sobre ellas. 


La releí. Con ademanes muy lentos la rompí en pequeños trozos que arrojé al agua. Alargué la vista desde la estela que dejaba el barco hasta el muelle y me pareció que una figura desconocida me hacía señales. Hice un leve gesto de saludo.

Ignacio Pérez Blanquer
Académico electo de Santa Cecilia

7 comentarios:

  1. A mi profe se le ve en los detalles: "Allí medité unos instantes sobre esa pasión que une a físicos y a poetas: la del tiempo". Me parece fantástico ese juego con el tiempo.

    ResponderEliminar
  2. Será usted culpable de que me llegue a gustar la poesía.

    ResponderEliminar
  3. Estoy encantado con los escritos de los poetas, estoy recordando cosas que estudié de literatura hace muchos años, muchas gracias a la Academia de Bellas Artes.

    ResponderEliminar
  4. Leemos hasta el final esperando al autor de las "Cartas Marruecas" y nos quedamos con las ganas de verle aparecer. Genial entrevista frustrada Ignacio aunque su presencia se respira en cada renglón. Me ha encantado.

    ResponderEliminar
  5. Gracias Ignacio por este precioso paseo desde la plaza de la Catedral al Puerto, aunque nos ha dado plantón D. Jose , me ha sentado muy bien el cafetito que nos hemos tomado leyendo a Cadalso.

    ResponderEliminar
  6. Ignacio, estupendo como siempre, te felicito. Yo me he quedado sorprendido del militar y el poeta, o el poeta militar. Me gusta muchisimo (Cartas Marruecas, carta XXI).

    ResponderEliminar
  7. uyyyyyyyyyy q fallo x mi parte!!! lo siento, pero se me olvidó comentarlo, ha debido de ser la emoción q siento cada vez q me doy uno de estos fantasticos paseos de viernes con Ignacio y uno de us maravillosos amigos.
    Ignacio, los leo y los releo, todos los paseos y nunca me canso.
    Gracias por compartirlos y Felicidades!!!

    ResponderEliminar