viernes, 9 de marzo de 2012

Paseando con un poeta: Gustavo Adolfo Bécquer

    Me informaron que era muy difícil quedar con él, que no se le localizaba así como así. Total, que yo había desistido poder hablar con Bécquer, cosa que me hubiese encantado. Pensaba incluso quitarlo de mis paseos, pero la situación cambió de tono unas semanas después. Me encontraba  en el Museo de Cádiz, en el primer piso, fui atraído de extraña manera por el cuadro de su hermano Valeriano que allí se expone, la pintura se llama "Retrato de familia". En soledad y silencio miraba el trabajo que el artista había realizado con la luz; parecía que el pintor quizás hubiese querido hacer con ella algo así como lo que lograba Vermeer; pero no, Johannes Vermeer utilizaba la luz de un modo que casi llegaba a dar la impresión de que pintaba al aire libre. Producía una sensación rara ver el personaje de la izquierda con gesto abatido y cansado, frente a la iluminación de los niños, como si representaran, en contraste, la ilusión de un futuro alentador.

    No sabía cuánto tiempo llevaba contemplando la obra, hacía rato que en aquella sala sólo se oían mis no muy ruidosos y lentos─ pasos moviéndose frente a la pintura. Creí que había una corriente, fina y cortante, de aire frío que circulaba justo donde me hallaba, miré a ambos lados y era imposible la existencia de ese aire gélido; no había nada visible que justificase aquel viento. Pensé otra vez en el poeta; alguien dijo que era el más puro y espiritual de los poetas románticos españoles. De repente me estremecí, en mi cabeza sonaron unos versos del poeta que jamás había memorizado:
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
    Quedé casi petrificado, totalmente quieto, sólo mis asombrados ojos se movían agitadamente intentando ver algo en derredor y comprender qué sucedía. Esos versos los sentí como si me los hubiesen inoculado, ¿recibimos información sólo por medio de nuestros sentidos, o estamos también conectados con una parte colectiva de nuestro ser? Estaba clavado en el suelo, percibí que él estaba conmigo de una forma insólita. Intenté recordar algo de alguna rima que hubiese leído alguna vez pero con poco rastro de ella en mi memoria. Sería imposible saber por qué acudió a mi mente en ese preciso instante la palabra "átomo" y de inmediato me resonó:
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.
Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...
    Se disipó toda duda, ahora estaba completamente seguro de que estaba allí acompañándome en la contemplación del cuadro de su hermano. ¿Qué podía hacer? ¿Le haría alguna pregunta? ¿Contestaría? ¿De qué forma lo haría?
    Estaba en tal estado de aturdimiento y sorpresa que se me ocurrió hacerle una pregunta que una vez lanzada me pareció sin sustancia e improcedente.  Muy bajito, con voz casi inaudible dije:

    ¿Eres un poeta romántico?
    No sé si se demoró la respuesta, se me escapaba la noción del tiempo pero dentro de mi cabeza oí.
    Soy un poeta, soy un romántico por convicción, no concibo otra manera de ser, soy un hombre dotado de la facultad de la voluntad, capaz de elegir mis propios valores, de alcanzar mis propios objetivos, de controlar mi propia existencia creí percibir una pausa. Aquello que relataba en mis obras no eran eventos que habían sucedido, contaba los sucesos que deberían noté un fuerte énfasis en la palabra haber ocurrido. No me importaba lo que el hombre había hecho, sino que intentara proyectar lo que debía hacer observé perfectamente la fuerza que daba a esos vocablos.
    Me tranquilicé un poco al escuchar la contestación y al ver que la pregunta no había sido inadecuada, me atreví a seguir con otra:
     ¿Romanticismo frente a Naturalismo?
     La respuesta se retrasó unos pocos segundos.
     Así es, sin duda. Antes, en la literatura, el hombre era un ser indefenso, su vida y acciones estaban determinadas por unos poderes fuera de su control, el control estaba en las fuerzas del destino y en los dioses, el ser humano era algo como metafísicamente imposible. Desafortunadamente, después del romanticismo apareció el colectivismo y resurgió un extraño misticismo, ambos, otra vez, como enemigos del individuo, y se sacralizó la sociedad. La destrucción del romanticismo lo llevó todo a una cloaca cultural de la que no se ha salido aún.
    Se hizo un gran silencio, me sentí menos agitado e iba volviendo a respirar con normalidad, mis ojos dejaron de moverse. Volvía a ver el cuadro con claridad.
¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?
    ¿Le sorprenderá que aún le recordemos todos?
     Me conmovieron las palabras de este hombre serio; poeta de quimeras, de sueños, de árboles solitarios, de fantásticas apariciones, de música en sus palabras...

Ignacio Pérez Blanquer
Académico electo de Santa Cecilia
Marzo de 2012

7 comentarios:

  1. Una y mil veces enhorabuena,lo he leido y releido porque no me canso.Gracias maestro!!!!(esta será mi coletilla porque es lo que me sale)

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  2. precioso ! me encanta !

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  3. Qué elegancia en el uso del idioma. El comentario de Gustavo Adolfo Bécquer y algunas de sus composiciones me sirven de enseñanza para conocer más de su obra. Graciad por este aporte.

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  4. No he podido leer el artículo hasta ahora mismo, desde luego no sé hasta dónde llegará el autor con toda la imaginación que derrocha, las rspuestas de Bécquer son geniales. Felicidades.

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  5. Disfruto con estos paseos semanales. No hay mejor compañía que Machado, Bécquer, Coronado, etc.

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  6. Lo he compartido, PRECIOSO, como siempre , gracias

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  7. Amigo Ignacio:¡¡¡FELICIDADES!!!.
    No tengo palabras para expresar cuan amenos se me hacen estos paseos de cada viernes y aunque los leo y releo para prolongarlos cada vez se me hacen mas cortos ¿porqué será?.

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