viernes, 30 de marzo de 2012

Paseando con un poeta: Lope de Vega

    Tenía la intención de hablar con algún poeta de aquellas vanguardias del siglo XX, y pregunté por Francisco Vighi, me informaron que por el momento no era posible, indagué también para ver si me podía entrevistar con el poeta Juan Larrea, me dijeron que tampoco era posible, ante la decepción pintada en mi cara ─se apiadaron de mí─ dijeron que podía hablar unos pocos minutos con Lope de Vega. No dí crédito, se me abrieron los ojos como platos y pregunté incrédulo: ¿Felix Lope de Vega y Carpio? Dijeron que sí, que era él mismísimo Fenix de los Ingenios como fue llamado por sus contemporáneos. Me quedé callado unos momentos, incapaz de articular palabra alguna, ¿hablar con Lope de Vega? ¿Qué le podía decir? ¿Qué le preguntaría? Sin pensarlo mucho más, balbuceé un casi inaudible.  Me comunicaron que debería esperar unos minutos. Bullían mil pensamientos en mi cabeza, Lope de Vega fue el creador del teatro nacional, con él fue cuando, por fin, adquirió carácter. Precoz en la infancia en la que ya demostró una enorme facilidad para escribir, y desde muy joven su vida estuvo marcada por aventuras y amoríos. Inagotable vida para llenar libros y libros.
    Al verlo sentí un golpe de asombro, me pareció bastante más alto de lo que sería la media en su época, quizá un poco encorvado. Su atuendo era el de sacerdote con una capa decorada con la cruz de Malta. Tenía cara atractiva, simpática, adornada con arrugas y por una franca, cordial, y amplia sonrisa que invitaba a la confianza. No supe cómo saludarlo y me moví con timidez, le tomé sus manos entre las mías e hice una respetuosa y cortés inclinación de cabeza.  Con algún pequeño temblor en la voz le dije:
    ─El amor fue una constante en su vida, desde el amor profano con apasionada vehemencia, hasta el amor sacro pleno de espíritu religioso, ¿se trataba del mismo amor?
    Dio unos suaves golpes con la mano izquierda sobre el reposabrazos del sillón y contestó:
    ─El amor lo es todo, se retuerce, gira, cambia, muda, pero es amor, siempre es amor ─tocándose la barba con la punta de los dedos añadió─: hasta el amor final, el amor que vacía la mente y la llena de Dios.
    Quise recordarle aquel soneto inolvidable, uno de los más hermosos de la lengua castellana, "Varios efectos del amor":
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
    Le entró un poco de risa, al escuchar mi apasionado recitar, quizás muy diferente a como se hacía en su época, y dijo:
    ─Sí, comenté una vez, o quizás lo escribí, que la raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación. 
    ─Creo que también una vez comentó que "El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida".
    Fue muy rápido al responder:
    ─Es obvio, sí. El amor, construir el amor, es confeccionar un nudo muy enrevesado y recio, y esa atadura puede ser muy complicado deshacerla.
    ─En su poesía se reflejan todos los aspectos de su gran individualidad, tanto en la obra poética en la que canta al amor profano, como también en la de amor sacro y en la de amor familiar.  Pero en los poemas de amor sacro encontramos expresiones tremendamente emotivas de su espíritu religioso.
    ─Imagino que me habláis de mis "Rimas Sacras", ¿recordáis?
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
    Lope conocía las flaquezas humanas, las del corazón, y se dirigía a Dios ─contrito y esperanzado─ en sus periodos de fervor religioso. El soneto "¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?" es buena muestra de ello.
    Adivinando que ya no me quedaba mucho tiempo para preguntar me atreví a plantearle lo siguiente:
    ─Creo que Don Miguel de Cervantes no sentía mucha simpatía por usted y sin embargo le llamó "monstruo de la naturaleza" por su fecundidad literaria, ¿qué piensa, o qué pensó, de ello?
    Esbozó primero una gran sonrisa, y luego, mirando de lado ─hacia las sombras─ no sé si me contestó evasivo o hablando para sí mismo:
    ─La humildad, la modestia, el ser consciente de las limitaciones del ser humano: cualquiera que haga uso de estas virtudes será capaz de rendirse a la Providencia. No albergo sentimientos arrogantes.
    No entendí muy bien lo que había querido decir y temí que mi pregunta hubiese sido improcedente, pero se levantó con el rostro lleno de afabilidad y se despidió, excusándose, muy cordialmente.  En ese instante me vinieron muchas preguntas que me hubiera gustado hacerle. El soneto de "Violante" empezó sonar en mis oídos como una bella canción con recuerdos de la adolescencia:
Un soneto me manda hacer Violante 
que en mi vida me he visto en tanto aprieto; 
catorce versos dicen que es soneto; 
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante, 
y estoy a la mitad de otro cuarteto; 
mas si me veo en el primer terceto, 
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando, 
y parece que entré con pie derecho, 
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho 
que voy los trece versos acabando; 
contad si son catorce, y está hecho.
Me sentí solo; quizás comprendí aquello que se llegó a decir en su tiempo: «Creo en Lope de Vega todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra... »
Ignacio Pérez Blanquer
Académico electo de Santa Cecilia
Marzo de 2012

9 comentarios:

  1. Maravilloso!!!¿ Por qué ya no tenemos escritores tan prolíficos y tan buenos en todos losn estilos literarios?

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  2. Fantástico como cada viernes. Me ha encantado que en este paseo su acompañante haya sido Lope, el gran Lope de Vega, al que siempre asociamos con el teatro pero nos olvidamos que, a la vez, era poeta. Su ingenio y maestría son tan grandes que iguala , cuando no supera, al más famoso: Shakespeare.

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  3. Muy ingenioso y sentido.

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  4. Como siempre maravilloso,como me ha recordado mi epoca del internado cuando recitabamos sus poesias.Gracias Ignacio.

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  5. Se ha convertido en un placer mañanero levantarme el sábado y leer el paseo con algún poeta. Éste me ha gustado especialmente.

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  6. Estupendo como siempre!!!
    Otro gusto que he sacado de todos estos paseos de los viernes es que traen a mi memoria detalles y lecturas casi olvidadas, pero al releerlas, recordadas.
    Gracias Ignacio, no dejes de pasearnos.

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  7. ¡Qué belleza de lenguaje! Es un placer al espíritu leer detenidamente este relato, dándonos a conocer datos de tan insigne figura de las letras. Nunca es tarde para aprender. Gracias amigo Ignacio por compartir. Estaré pendiente del próximo relato.

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  8. Bonito recordatorio, gracias, casi se me habia olvidado q tambien era poeta, con lo q más lo relaccionamos es con el teatro.

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