martes, 24 de abril de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (60)

La sopa boba       
Soy un gran lector  de libros escritos por viajeros porque creo que a partir de ellos es como se puede conocer de verdad un país y una época. Una constante de los relatos que nos dejaron los ingleses que nos visitaron a finales del XVIII y comienzos del  XIX,  Junto a su sorpresa por el mal estado general de los caminos que, en su mayor parte, no eran aptos para carruajes y constituían meras sendas para caballerizas, es  la manifestación de su sorpresa ante el hecho de que cualquiera que fuera el lugar de España a donde se desplazasen siempre encontraban a muchísima gente en la puerta de las instituciones religiosas a la espera del alimento diario, completado por el reparto asimismo de algunos maravedíes (34 maravedíes igual a un real).

Desde la ética protestante tal espectáculo no solo resultaba pintoresco sino que les permitía colegir que en el mantenimiento del sistema radicaban buena parte de los males de la España de la época, puesto que un sector numeroso de la población se marginaba de cualquier cultura productiva y contraponían este hecho al del mucho mayor desarrollo comparativo de la economía y la sociedad británicas,  tras la eliminación de la “sopa boba” como consecuencia de la desaparición de los conventos. Alguno de estos viajeros ilustrados llegó incluso a interpelar al obispo de Oviedo sobre las nefastas consecuencias del sistema, admitiendo de buen grado el prelado que su crítico tenía razón, pero que él tenía que optar por el mandato de su conciencia, aun a sabiendas de que ello suponía convertir en perdurable la situación.

Mutatis mutandi, dos siglos más tarde la esencia del problema no ha cambiado, aunque lo hayan hecho sus contextos. Y en la genética de buena parte del pueblo español sigue incrustada esta idea de la beneficencia, llamada hoy de otras y diversas maneras, como sustitutiva del esfuerzo individual. Ahora ya no son obispos y conventos, ni hogazas y maravedíes sino poderes públicos y  prestaciones diversas y “paguitas” de toda índole. Al final, un importante porcentaje de la población como receptor neto de subsidios estatales. No es casualidad que el índice de la población activa española, incluyendo en ella a los millones de parados actuales, en relación con la población total  sea el  más bajo de los países desarrollados y con ello el nivel de productividad como país.  

Así las cosas, a la altura de 2012,  una sostenida labor de pedagogía resulta muy necesaria. Una pedagogía  consistente en transmitir a la sociedad que las instituciones políticas no pueden resolver, ni les corresponde, todos los problemas de la sociedad porque no pueden, ni deben, suplantarla. Una pedagogía de “menos sopa boba y más esfuerzo individual”. Solo así existen de verdad sociedades libres y sin ellas la democracia es solo apariencia.
         José Luis García Ruiz
Académico de Santa Cecilia

3 comentarios:

  1. Buena conclusión pero yo la ampliaría diciendo: "menos sopa boba y más esfuerzo individual y menos privilegios para la insaciable casta política”. Si la clase política acumula demasiadas prerrogativas actuará como referencia y ejemplo de corrupción que irradiará a toda la sociedad.

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  2. Lamentable reflexión hecha desde la "sopa boba" de la seguridad económica, de quien ignora (o prefiere ignorar) el drama humano del desempleo y no ve más allá de la moqueta de su despacho. Le diremos a los parados y jubilados que se esfuercen un poco más, hombre, que son un lastre y que la historia de las instituciones hospitalarias (la mayoría de ellas se originaron en la beneficencia santiaria) un error vergonzoso.

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  3. Dejando a un lado la loable actuación de las organizaciones caritativas ante la injusticia, comparto la reflexión del artículo que denuncia la pasividad e incluso la generosidad con la que el pueblo español asume el designio de los "dioses", así como la desgana en de superar los mismos.

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