sábado, 21 de abril de 2012

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "DONDE LA HOGUERA VERDE" de Inmaculada Moreno.


Inmaculada Moreno nació en El Puerto de Santa María y desde entonces, esta chica no ha parado de crecer. Su oficio: las palabras, como ella explica en uno de los poemas que componen este libro. Me consta, porque la conozco, que Inma es poeta de profesión y profesora de vocación, aunque los días de lluvia pudiera ser al revés, momentáneamente. Nos hicimos amigos muy pronto, porque eran demasiadas las cosas que compartíamos como para no celebrarlo juntos, demasiadas las complicidades. Es verdad que también compartimos algunas diferencias y eso nos vuelve todavía más amigos, si cabe.

Para resumir, una de las cosas que más admiro de Inma es que es una mujer que sabe ir a contramano. Porque dedicarse a la poesía en estos tiempos de crisis económica y de pragmatismo rotundo, tiene su mérito. Y dedicarse a la  enseñanza en unos tiempos como estos en los que la profesionalidad docente consiste sólo en ser una tuerca resignada en la maquinaria burocrática del sistema, no es precisamente muy estimulante. Y, sin embargo, ahí está ella. Desde su discreción deliberada y humilde, Inmaculada Moreno mira el mundo, enseña y escribe. Recientemente ha traducido del alemán una selección del trabajo poético de Mascha Kaléko, que publicará en breve la Editorial Renacimiento bajo el título de Tres maneras de estar sola: Antología poética. Su faceta de traductora estoy seguro de que dará qué hablar, pues no es alguien que se conforme con la traducción formal de las palabras: tiene una habilidad envidiable para recrear también los ritmos y la musicalidad de los poemas que traduce, para acercarnos la connotación y la denotación entrelazadas en un resultado impecable.

“Donde la hoguera verde” es el título que ha elegido para su nuevo poemario, pero se me ocurre que igualmente podría haber sido “Cómo atrapar el brillo del sol sobre la hierba en unos cuantos versos”. Se escribió en su mayor parte entre los años 2007 y 2008. Y mereció, como saben, el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza, uno de los más prestigiosos de la poesía en español. De los 30 poemas que componen el libro, hay 30 que son mis favoritos. Pero, desde mi gusto personal como lector, señalo como inolvidables cuatro: “Autobús de cercanías”, que juega con la onomatopeya con mucho ingenio; “Mi oficio”, que cuenta sus trabajos de poeta y la magia de esa arcilla de palabras que a Inma le gusta modelar; “Esa emoción”, que habla del poder inexplicable de la música para conmovernos en lo más íntimo; y “Patio trasero con columpio” que logra compendiar magistralmente el paso doloroso del tiempo en el simple chirrido de un viejo columpio oxidado. Y añado por mi cuenta otro más: “La noche”, que figura en el epílogo de este nuevo libro.

He escuchado a Inma describir el paisaje indecible de West-Kirby, cerca de Liverpool, que es la tierra de la que se habla en este libro, de gentes que guardan las distancias y mantienen una lejana cortesía, justo en la frontera entre Inglaterra y Gales. A mí me traía a la memoria los paisajes que describe Enid Blyton en las novelas de “Los cinco” que leíamos de adolescentes: los cielos y los mares grises del norte y el griterío de cormoranes y gaviotas en los farallones rocosos. Presten atención a los ecos de West-Kirby, a sus atardeceres de bruma, a la comedida distancia de sus gentes, pero también a esa luz verdosa de la hoguera que es el brillo del sol sobre la hierba, a sus playas fangosas, y a lo lejos, en el fondo de cada poema, el rumor del mar que acuna todos nuestros miedos.

Juan V. Fernández de la Gala


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