martes, 1 de mayo de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (61)

En torno a la reforma laboral
Existe una gran divergencia entre lo que representa para el empleador y el empleado el significado del concepto TRABAJO. Para el empleado, poder trabajar supone un conjunto de valores de enorme alcance e impacto en su vida. Estar empleado proporciona: un medio de vida y de desarrollo personal, la posibilidad de crear una familia, de tener descendencia, de tener cubiertos las necesidades y servicios básicos y como conjunto de todo ello, sentirse útil e integrado en el ámbito social donde vive. En conclusión, desarrollar una actividad remunerada del tipo que fuere es vital para el correcto desenvolvimiento integral humano de cualquier persona.

Sin intención demagógica alguna, en pura lógica de la economía de mercado, el trabajo de sus empleados significa para el empleador un gasto operacional más, es decir, uno de los epígrafes que bajo la denominación de coste laboral componen el desglose de su contabilidad analítica de costes. En estricta ética empresarial, una de las misiones básicas de los órganos directivos de una corporación, es exigir a los gestores de las unidades de negocio que la componen, a que incluyan en sus planes estratégicos medidas para disminuir los costes laborales, ya sea a través de proyectos de investigación y desarrollo o por compra de tecnologías innovadoras asequibles en el mercado. En ambos casos, lo que se persigue es una mayor y mejor instrumentación del control de los procesos productivos, lo cual puede minimizar hasta límites insospechados el número de trabajadores ocupados en las unidades de producción.

Cabe preguntarse si estas dos visiones del concepto trabajo tan alejadas, son ambas aceptables desde la óptica de la ética social. Reconozco que lo que nos pide el cuerpo en relación a los despidos enfocados a aumentar la competitividad y en consecuencia los beneficios, es ponerse del lado más débil. La respuesta la deben dar las leyes Laborales cuya misión es administrar esta divergencia de forma que ambos significados, imposibles de converger, puedan convivir de forma civilizada mitigando tensiones y moderando intereses encontrados. También es indiscutible que las reglas de juego laborales tienen que adaptarse a los tiempos, sin olvidar jamás que las empresas para perdurar competitivas en un mercado global, deben aplicar sin descanso mejoras tecnológicas para disminuir costes operacionales, entre ellos los laborales. Si no actúan así, otro competidor más audaz las desalojará del mercado y no solo irán al paro los que sobrasen por los ajustes sino la plantilla completa. Como ejemplo, valgan las relocalizaciones de industrias gaditanas trasladándose a ámbitos con leyes laborales con menos rigideces y sindicatos menos politizados y así poder seguir generando mayores beneficios a sus accionistas.

Joaquín Solís Muñoz-Seca
Académico de Santa Cecilia 

2 comentarios:

  1. Un artículo muy interesante y que aclara muchas cosas.

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  2. Muy sensato el escrito, y real.
    Muchas felicitaciones a la Academia.

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