lunes, 27 de agosto de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (78)

EL MAR Y SU SALINIDAD
     Todos sabemos que sin sal, el agua del mar es otra cosa. El Mar, entonces, sería solo como un gran lago, muy distinto, y dentro de su singularidad, cuando nos referimos a él -¿a ella?-  estamos considerando explícitamente, su grandiosidad, y la admirativa sintonización que produce al acercamos a su contemplación. 
 Así, intuitivamente lo encajamos dentro del tercer tipo de paisaje de que habló Laín Entralgo, porque el mar invita a quedarse y a mirar. También, haciendo pausa en lo mucho que se le puede decir, al mar es posible comprenderlo como testimonio de Esperanza, ya que en su orilla se repite sucesiva e incesantemente, “una forma de poseer lo que aún se espera”, que puede ser una de las maneras de definirlo, de ansiarlo y de sentirlo.

   Antiguamente el valor material de la sal era considerable, y hasta servía como moneda de pago. Pero actualmente, sin olvidar su humilde señorío, ha perdido gran parte de dicho valor, y uno de sus aplicaciones más utilizadas es la de servir para ser pisada en las emergencias de las nevadas. Y la sal lo acepta con su permanente misión de servicio a la Humanidad. Pero no por ello ha dejado de tener vigencia lo que San Mateo, refiriéndose a la Humanidad, anunció en su Evangelio: “Vosotros sois la sal de la Tierra”, es decir, lo mejor, lo más preciado, lo más “salado” sobre la Tierra. Y el mar es agua pero “salada”.

      Recordemos también que Machado ha construido la más bella metáfora fisicoquímica existente, hablando de la “salada claridad”, en referencia a nuestra bahía. Y en otro aspecto, también geográfico, Gijón, como marca de Ciudad, presume de ser la ”sal de Asturias”, como compendio definitorio de excelsitudes. Y sobre poetas, traer a colación el que los hay que  sueñan en cristalizar poéticamente la sonrisa de un niño, entroncando su deseo con nuestra percepción marina de la cristalinidad. Ella nos llega con la familiar estampa de nuestra sal común; por cierto, ¡qué maravilla el que nos sea común¡. La Naturaleza, por su parte, también en gestión poética, ha conseguido cristalizar el mar, regalándonos su bella realidad en forma de sal.

    Y por supuesto que toda nuestra gratitud, sin discusión ni regateo, para el agua  porque “algo tiene cuando la bendicen”. Pero según preguntó Khalil Gibran, “¿qué tendrá la sal cuando se encuentra en la grandeza del mar y en la pequeñez de las lágrimas?”.
José López Ruiz
Académico de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. Bonito articulo sobre la humilde sal. Recordemos a Salzburgo, ciudad o castillo de la sal, la ciudad en la que nació Mozart.

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