domingo, 14 de octubre de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (85)

Fosco otoño
Me invade la nostalgia en este tiempo de las cosechas de vid y girasol, y ver teñirse de amarillo las hojas verdes de los árboles caducos antes de que el viento desnude sus ramas. Como hombre del sur, amante del sol y de la luz, todo se vuelve contra mí.  Los días se acortan, las lluvias arrecian, comienzan los fríos…, y en sentido figurado, la vida me está arrastrando al otoño vital.

         Esto me entristece, y con esta mezcla de sensaciones, me asomo al panorama nacional en horas bajas. Recortes. Rescates. Ochenta mil parados más. Cinturones a los que ya no quedan agujeros para apretar. Promesas de estar en la buena dirección. Solicitud de paciencia para los que padecen hambre, como si el hambre entendiese de consejos. Agitación en las calles y huelgas en el horizonte. Quimeras para atraer desconfiados capitales nuevos o agazapados en paraísos fiscales tras propuestas de eventuales amnistías. Vertiginosos dientes de sierra de los valores bursátiles y primas de riesgo. Incertidumbres para los inversionistas. Suplicio para el tejido empresarial que confía en bancos que no prestan.
         Ante este proceloso panorama veo a una clase política,  que por mantenerse en el poder, manipula la opinión pública y genera egoísmos e insolidaridades con ofertas de futuros independentismos. Políticos que sin salir de su enroque se sienten dolidos y culpan a jueces por alimentar la desafección  ciudadana. Sobre la ruda piel de toro, las pulgas se han hecho dueñas, a la vista de su flaqueza.
         Me abruma este horizonte otoñal físico y político. El cuerpo me sugiere comenzar a tejer con hilos de fatalismo, una protección que me aísle del exterior, y esperar que una metamorfosis dulce me conduzca hasta la próxima primavera. Cierro los ojos. Me reclino en mi sillón y sintonizo al gran Pau Casal; me deleito con su Cant dels ocells, que en lugar de entristecerme, me produce paz y relajación.  Continúo tejiendo y me reconforto al compás de su maravilloso violoncelo. Sueño con atravesar el Rubicón aunque vayamos uncidos a los yugos impuestos por Bruselas. Antes de cerrar mi habitáculo, vuelvo de la ensoñación y destruyo esa falsa coraza que me aleja de la realidad. Creo que pese a la desazón colectiva,  es hora de cambiar de actitud, y esta, pasa por exigir unidad de criterios a los gobernantes,  porque lo importante no es donde nos encontramos  sino la dirección en la que nos movemos. Marcar las líneas rojas que no es lícito sobrepasar y, de esta forma, poder ver esa ansiada luz al final del túnel que será la que contagie la actitud positiva.
         Esta reflexión me asaltaba esta mañana, mientras absorto ante un tazón de café con leche humeante, fijaba la mirada en el vapor que ascendía, y en ese momento, una mosca comenzó a circular en derredor; es probable que fuese la postrer del verano que no ha perecido con la llegada del equinoccio otoñal. De forma inconsciente, asocié este díptero con algo sucio de pertinaz e insoportable  insolencia.
Alberto Boutellier Caparrós

3 comentarios:

  1. Magnífico artículo. Gracias.

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  2. Era optimista, pero las cosas que estamos viendo me están convirtiendo en muy pesimista,no se ve luz al final del túnel. Muy buen artículo, enhorabuena al escritor y a la Academia por su labor por la cultura.

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