martes, 12 de marzo de 2013

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (105)

PATRIAS

Que una persona se considere hija de una tierra, ligada esencialmente a ella, es un sentimiento primario y prácticamente inevitable;  las fronteras que cada uno ponga a ese espacio sentimental están ya condicionadas por interferencias de todo tipo, pero está claro que necesitamos reconocernos en una comunidad y en una geografía que sintamos nuestras, lo malo  es que yo no sé si se está dando una imagen de nosotros mismos en la que realmente nos podamos y queramos reconocer.  Creo que ahí está el problema. Cuando cualquiera de nosotros repite con orgullo discutible que es, por ejemplo, portuense y gaditano y andaluz y español y europeo está, en realidad, mencionando unos compartimentos estanco que le han venido dados, pero es posible que esos compartimentos estén medio vacíos a causa de cierto desapego mal disimulado.  

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  Digo esto porque acabamos de dejar atrás el Día de Andalucía y tengo la impresión de que la mayoría de nosotros (observarán que estoy evitando por todos los medios y a conciencia usar la expresión “la ciudadanía”, ese genérico detestable por abstracto, cosificador y deshumanizante) la mayoría de nosotros, decía, lo ha visto celebrar de manera institucional y,  bien por imperativo BOJA, bien en razón de cierto oportunismo fotográfico casi exclusivamente. No tengo nada claro si cada uno sabría decir hasta dónde abarca la tierra que considera  profundamente suya,  el terruño al que se siente vinculado: su patria en el corazón; pero sí que tengo bastante claro que ni la celebración por Normativa BOJA, ni la difusión de las fotos de nuestros administradores públicos van a decidir las fronteras sentimentales de ninguno de nosotros, y no lo van a hacer porque esas lindes se fortalecen, sobre todo, fomentando un justo y digno orgullo de lo que se es; pero, claro, eso ya requiere algo más que palabras y fotos.  Reza un dicho clásico ya citado por Cicerón una verdad que deberían recordar todos los que nos gobiernan sea cual sea la linde de su poder: Ubi bene ibi patria (donde esté el bien, allí está la patria) y  ya me dirán ustedes si esto se puede o no aplicar tanto a la patria grande como a la patria chica.
  

 Y es que, en el fondo, todo esto del terruño es una cuestión de sentimientos positivos: una cuestión de justo orgullo y de amor bien sustentados y de ninguna manera  es un asunto meramente administrativo.  Propercio, el poeta del s. I a. de C., ya  estableció un tópico literario, el de la llamada recusatio, en el que un personaje declaraba en verso su negativa a cantar la épica de los gobernantes y proclamaba la  exclusiva dedicación de su poesía a la conmemoración de su amor.  Y, sí, muchos enamorados, pero también muchos transterrados  (como Mascha Kaléko, la judía huída del nazismo, que escribía: “como patria elegí el amor”) han enriquecido el bello tema tópico properciano a lo largo de los siglos. Hasta el grupo musical La Oreja de Van Gogh tiene una versión del mismo en  su canción “Geografía”: “Me gustaría inventar un país contigo…” canta la vocalista.

Inmaculada Moreno Hernández
Académica de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. Una excelente reflexión Inma.

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  2. Felicito a la academia del Puerto por su apuesta por la cultura en un tiempo que tanta falta hace. Estupendo escrito de la señora Moreno que hace pensar.

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