lunes, 9 de diciembre de 2013

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (146)

LAS INVARIANTES Y OTROS ASUNTOS
               
Si quieren ver la imagen a mayor tamaño pulsen sobre ella.
      Cuando se ha  construido una ciudad, paso a paso, y su urbanismo tiene peso, seguro que es producto de las invariantes. Las invariantes se repiten, están en el inconsciente forjador, son elementos imprescindibles de la personalidad y de la idiosincrasia de algo. Así, las invariantes del urbanismo portuense son las calles tiradas a cordel, el urbanismo en damero; los bluendes, esas especies de almenas que coronan los pretiles de las azoteas; los guardacantones de las esquinas; los cierros bajos y altos; los pavimentos tradicionales; los huecos de escalera; los patios; y los soportales, por ejemplo. Cuando el Puerto fue declarado Conjunto Histórico-artístico, yo creí, inocentemente, que sería su salvaguarda. Esta Ciudad de los cien palacios, ha ido, poco a poco, deturpándose y adocenándose, con la permisividad, ciertamente punible, de las autoridades locales. El paisaje urbano se ha degradado hasta límites insospechados, sin que nadie le ponga tasa ni coto. Aquí cualquiera ha dispuesto como suyo de algo que es del común: el paisaje urbano –y el rústico—heredado, preservable, por Ley.  Pero está visto que la Ley no se ha aplicado, ni se aplica; no se tiene conciencia de estar ante una Ciudad singular, a la que poco a poco se le va despojando de sus invariantes, fijadas y forjadas siglo a siglo. 
Es el caso de los soportales de la ribera del Guadalete. Desde Pozos Dulces hasta casi el comienzo del Parque de Calderón por la Plaza de las Galeras Reales hubo soportales, magníficos ánditos cubiertos al mismo nivel de la calle; espacios públicos de suelo sin cielo, antesala de las viviendas de gentes de la mar que han ido quedando como testigos, aparentemente roqueños, de las invariantes arquitectónicas portuenses. Y sin embargo, pese a su robustez, llega un cualquiera y los derriba, impunemente. Con sólo repasar las antiguas fotografías puede apreciarse cómo constituían un conjunto muy homogéneo de construcciones que daban la sensación de haber heredado de nuestros repobladores de la cornisa cantábrica una de sus invariantes y haberlas convertido, con el paso de los años, en nuestra. Pues no, parece que no. En el edificio de Pozos Dulces esquina y vuelta con calle Chanca, se han permitido sus promotores derribar los soportales y la primera crujía del edificio, pese a la prohibición expresa que tenían de hacerlo. Por un expediente de la Delegación de Cultura se ha obligado a sus propietarios a reproducirlos, pero lo han hecho con materiales espurios, a  escala de la Señorita Pepis

La parte posterior del Palacio de Las Cadenas, pese a las sentencias recaídas, estoy seguro que no se reconstruirá y me pongo con el que quiera un euro para el que me lleve la contraria no pierda mucho. Los propietarios de cascos de bodegas abandonados no son compelidos a realizar su ITE, como  cualquier hijo de vecino al que medra el Ayuntamiento para que realice obras de rehabilitación y de consolidación, so pena de hacerlas de modo subsidiario. A ver si, de una vez, se enteran que aquí no se juega ni con las invariantes, ni el paisaje urbano, ni el rústico, ni  con la historia. Mucho diplomita y muchas carantoñas a quienes se desviven por la conservación del Patrimonio Histórico Artístico y quienes tienen la obligación legal de velar por él, lo ignoran olímpicamente. Vergüenza debía de darle al Ayuntamiento tanta desidia punible y constatable
Luis Suarez Ávila
Académico de Santa Cecilia

5 comentarios:

  1. Se han cargado el Puerto y esto no tiene vuelta de hoja, al Puerto no lo pone en pie ni un milagro. Y además no hay responsables de nada, al revés, hay todavía mucho político dispuesto a cargarse lo poco que va quedando.

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  2. Pues parece que no les da ninguna vergüenza, van a lo suyo.

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  3. Razonable, razonado y tiene toda la razón.

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  4. El Sr. Suárez si que sabe... debería ser el Presidente de la Academia y terminar con los invariantes

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  5. Perfectamente definido. Y apuntando a aspectos que no suelen ser considerados, como la responsabilidad y obligación legal de las autoridades a exigir esa conservación a los propietarios. O como las supuestas reconstrucciones "pastiche". O la paulatina pérdida de los elementos señas de identidad.
    A.M.B. (Observador)

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