martes, 14 de enero de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (151)

La controversia: Público o Privado
Sé que me estoy metiendo en un jardín muy espinoso del que puedo salir escaldado pero asumo el riesgo. He percibido en mis estancias portuenses dos pensamientos de mis paisanos bastante generalizados y que en cierta medida encierran una contradicción. Por una parte existe una tendencia muy extendida, a achacar todos los males que padece la ciudad a los administradores de la cosa pública y por otra constato un sentimiento muy amplio favorable a que los servicios esenciales del llamado estado del bienestar: la sanidad, la educación, el fomento del empleo o la gestión del medio ambiente estén en exclusiva en manos del sector público. Expresiones tales como la sanidad no se vende, la educación no es un negocio etc. son para muchos los nuevos dogmas, lo cual resulta a todas luces paradójico.

Esta disyuntiva no es  asunto nuevo, ya el Doctor Angélico en el siglo XII con la clarividencia a la que se debe su apodo, analizó en profundidad este tema que definía como “El derecho a la potestad de gestión y disposición de los bienes y el uso de los mismos”. En otras palabras, el derecho a la propiedad que hoy se circunscribiría a la prestación de servicios y a la explotación de bienes de producción. A primera vista, la doctrina tomista nos sorprende por su radicalidad. Asevera que el disfrute al derecho de la propiedad solo se justifica en la medida en que esté orientado al bien común, advirtiéndonos de los peligros que conlleva su gestión por la vía  privada, porque: “Por su propia causa fomenta el afán de lucro, que no conoce limites, sino que tiende al infinito” considera que sólo será licito este afán, si está ordenado al servicio del interés público para que no falten las cosas necesaria, esto último constituye el papel  clave que les toca a los políticos y completa el escenario añadiendo: A la justicia (hoy diríamos a la política) pertenece ordenar al bien común las cosas que son de las personas privadas. Además Santo Tomás admite que en caso de extrema necesidad para la subsistencia, es lícito satisfacer tal necesidad con cosas ajenas sustrayéndolas manifiesta u ocultamente. En fin que los “Marinaledos”, con o sin razón, esto lo dejo al criterio del lector, son fervientes tomistas

No es por tanto aventurado afirmar que lo primordial es que se satisfagan estas necesidades esenciales de forma óptima y esto solo se logra por medio de una  gestión que armonice las exigencias de calidad y de eficacia. Pienso que esto sería factible en un escenario en el que convivan sector  público y privado en limpia competencia, y que perviva el mejor.

Benedicto XVI dirigiéndose a los políticos en el Bundesrat manifestó: El criterio ultimo de un político y la motivación para su trabajo no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. El éxito debe ser un medio para poder realizar una acción política de compromiso con la justicia, servir al derecho, combatir el dominio de la injusticia y crear las condiciones básicas para la paz. Si esto fuese así ¿existiría la referida controversia?
                                                                                     Joaquín Solís Muñoz Seca
Académico de Santa Cecilia 

2 comentarios:

  1. Muy claro, sí señor.

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  2. Opino que se queda un poco corto, pero me quedo con la frase: "[lo mejor es un] escenario en el que convivan sector público y privado en limpia competencia, y que perviva el mejor."

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