martes, 21 de enero de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (152)

EMPRESARIOS Vs. EMPRENDEDORES.

         Un empresario es el propietario de una empresa cuyo objetivo fundamental es ganar dinero, lo que le permite mantener en funcionamiento la compañía, invertir y repartir beneficios, navegando en mercado difícil y hostil. Un emprendedor tiene su objetivo básico en desarrollar una idea para convertirla en proyecto y a su vez que este se transforme en empresa. O sea pasar de emprendedor a empresario, también en un camino largo y costoso, donde con demasiada frecuencia, se nos quedan en el camino muchas ilusiones.
Con relativa frecuencia el emprendedor considera que lo fundamental de su aportación es la idea, cierto que sin una buena idea realista y realizable, no hay nada que hacer, pero esta tiene que desarrollarse con un plan de negocio, donde se analice costes de producción, financiación, comercialización,.... Y enfrentarla  a su futura competencia, o sea  a la realidad del mercado que  en definitiva nos mostrará su capacidad de dar beneficios y por tanto convertirse en auténtica empresa.

         Si la idea es muy buena y el proyecto es creíble,  se va a necesitar dinero, y este sigue siendo un bien escaso. Por tanto algo de capital hay que tener, que además dependerá del tipo de negocio en el que estemos pensando. El dinero lo tienen los Bancos, que lo suelen prestar a quien tiene dinero o propiedades que cubran sobradamente el préstamos a pedir, es decir que sabemos cómo se las gastan y más en tiempos de crisis; o bien podemos recurrir a lo que los americanos llaman las  tres F. ( family, friend, fool)  pero estos últimos no suelen estar tan locos y solo van a invertir si ven posibilidades reales de que ese proyecto se convierta en negocio rentable y atención con las condiciones que van a exigir para poner su "pasta".

         En España, y en las actuales circunstancias, es fundamental desarrollar la cultura emprendedora, que se tengan verdaderas facilidades para iniciar este camino, y hay que fomentarla con incentivos potentes;  poner tope de edad o diferentes entre hombre y mujer, para poder iniciar un negocio es ridículo. Por otra parte existen millones de jubilados y de parados con formación, experiencia e incluso con algunos ahorros consecuencias de indemnizaciones, que con familiares y/o amigos podrían desarrollar nuevas actividades productivas. Pero ni siquiera en esto aciertan los políticos.

         Me gustaría insistir que el emprendedor, con vocación de empresario, tiene que conocer a fondo la idea, estar enamorado de ella, saber sobre este tema más que nadie, rodearse de asesores competentes y contrastarla con su posible competencia y pensar que si al final tenemos que recurrir al "loco" o sea al inversor externo hay que escoger al que aporte algo más que dinero, es decir contactos, clientes, conocimientos en algunas de las áreas claves del negocio.

Enrique García Máiquez

Académico de Santa Cecilia

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