jueves, 13 de marzo de 2014

CINE


En los dos artículos anteriores les hablaba de los mejores directores de los años 30 y 40. Ya estamos en plena época del cine sonoro.   La Guerra Mundial ha terminado y los países, tanto los vencedores como los vencidos, han rehecho sus economías. América pone en práctica el Plan Marshal y toda Europa parece renacer de sus cenizas, incluso Alemania y al otro lado del mar, también Japón. Esto no podía dejar de notarse en el cine.  Se ve la vida con otros ojos, con otra ilusión.  En Estados Unidos nace un género lleno de alegría, de música, de esperanza, el Musical Americano y directores como Gene Kelly, Stanley Done, Vincente Minnelly y otros realizan en los años 50 y 60 verdaderas obras maestras que hacen las delicias de los públicos de todo el mundo.

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        En España directores como Juan Antonio Barden, Luis García Berlanga o Carlos Cuenca realizan películas que son reconocidas y premiadas en los mas prestigiosos festivales internacionales. Buñuel continúa realizando películas como “Viridiana” o “El Angel exterminador” que le confirman como uno de los grandes del cine mundial mientras un verdadero genio, hoy olvidado, Edgar Neville, realiza obras maestras como “La torre de los siete jorobados”.

En Italia el Neorrealismo da paso a otro tipo de cine despreocupado, intrascendente, con protagonismo de una sociedad opulenta que busca el lujo, cine que se da en llamar de “teléfonos blancos” aunque el Neorrealismo deriva en un cine de gran calidad en el que directores como Federico Fellini o Luchino Visconti realizan verdaderas obras maestras.
        
         En Francia surge un movimiento que trata de revitalizar el cine académico que se venía haciendo.   Un grupo de jóvenes descubre los cineclubs, las películas de Hollywood que no pudieron ver durante la Ocupación.   Se agrupan en torno a la revista Cahiers du Cinema.  François Truffaut, Jean-Luc GodardClaude Chabrol o Eric Rohmer, son algunos de ellos. Denuncian la pesadez del cine que se venía haciendo. Para ellos, es necesario salir de los estudios y acercarse a la gente dando todo el valor de la calidad de la película al director al que consideran el verdadero autor.

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         En Suecia comienza a realizar películas Ingmar Bergman, películas de gran trascendencia continuadoras de aquellas realizadas en años anteriores por directores nórdicos como C. T. Dreyer que no obstante continúa realizando películas en estos años.

         En América a donde han emigrado directores de toda Europa  integrándose de manera admirable en la gran industria, hombres como Billy Wilder (“El crepúsculo de los dioses”), Elia Cazan (“América, América”), J.L. Mankievicz, Robert Aldrich, Robert Mulligan (“Matar un ruiseñor”), Stanley Kubrick (“2001, una odisea del espacio”), Robert Rossen, George Cukor, Blake Edward o David Lean realizan películas espléndidas a la vez que directores que ya venían reralizando películas en décadas anteriores continúan haciéndolo y dando a luz joyas cinematográficas como hacen Alfred Hitchcock, que en estos años realiza sus mejores obras, William Wyller, Cecil B. de Mille (“Los diez mandamientos”), Raoul Walsh, John Ford, John Huston (“La reina de África”) o el mismo Orson Welles (“Sed de mal”).

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         Pero el cine no solo florece en Europa y en América en estos años. También en Japón se realizan verdaderas obras maestras de la mano de directores como Yasujiro Ozu, Masaki Kabayashi, Kenji Mizoguchi o Akira Kurosawa y en la India Satyajit Ray sorprende a todos con la trilogía de Apu, con música de Ravi Shankar, influenciadas claramente por el neorrealismo italiano y por Jean Renoir.

         El cine ha llegado a un punto que parece difícil de superar.  En el próximo artículo les hablaré de los directores que vinieron tras todos esos de los que les he hablado.

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