lunes, 4 de agosto de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (178)

UN MARTES PARA JOAQUÍN SOLÍS.

Hoy es martes. Hay conferencia en la Academia. Y como siempre, el pequeño patio se llenará de gente. Pero hoy no es un martes cualquiera. No hablaremos de Historia, de Ciencia, de Arte. Hoy es un día para la emoción, para el recuerdo de un gran hombre que compartió con todos nosotros los Martes de la Academia.

Joaquín Solís nos dejó, pero su recuerdo, hoy,  se hace preciso, concreto,  en este  patio en el que tantas veces lo vimos, a veces como ponente, otras como presentador, muchas como organizador de ciclos, y siempre como atento oyente.

Hoy nos hablarán de él personas que lo conocieron muy bien: su hijo Pablo, su cuñado Juan Manuel y su amigo José Luis. Ellos compartieron con él vida, vivencias y, sobre todo, años.
Yo solo tuve  la oportunidad de compartir los martes de muchos veranos, pero siento que he perdido un amigo.

¿Qué es lo primero que me viene a la memoria?  Su sonrisa.  La llevaba siempre puesta y la compartía con todos. Decir que era cercano, jovial  y  amable no refleja ni remotamente su personalidad, pero  hoy las palabras se me quedan cortas para expresar lo que siento.

Gran conversador, podía pasar de explicarte como se abre un pozo de petróleo, al último libro de Historia Moderna que había leído. Y lo hacía con la sencillez de los grandes hombres. Era divertido escucharle anécdotas sobre su trabajo, sus viajes, las personas que conoció. Pasar un rato con Joaquín era oírlo hablar y hablar, pero nunca cansaba.

Presumía de portuense, él que viajó por medio mundo.  Estaba al tanto de todo lo que pasaba en este rincón, mantenía sus amistades de la niñez, recordaba  nítidamente el pasado,  y siempre estaba dispuesto  a colaborar.

En la Academia no faltaba a una reunión, aunque eso significara ir y venir a Madrid en un día. Siempre tenía una idea que aportar.  Creía en la Academia y en la labor que realiza, se entusiasmaba con los proyectos, y siempre conciliador, nunca le oí una crítica ni un mal gesto.

Hoy quiero decirle a Pilar, su mujer, que aunque nada de lo que digamos de él puede aliviar el dolor de su pérdida,  puede estar segura de que su recuerdo estará siempre presente en este patio, en su Academia y en su pueblo.

Este martes es para ti, Joaquín,  y se llenará  de amigos que te echaremos de menos, siempre.
Carmen Cebrián González
Académica de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. Andrés Perles Velázquez5 de agosto de 2014, 13:27

    Joaquín, ha sido una perdida grande en la Academia , yo le hecho de menos todos los martes, donde él siempre acudía, Q.D.E.

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  2. Entrañables y sentidas palabras sobre Joaquín, que bien describes a este gran portuense gracias Carmen

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