martes, 21 de octubre de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (189)

UN SELFIE O SELFI





Sé que este artículo puede hacer sonreír a quienes piensen que me quedé anclado en el pasado, pero ruego que lo descarten, yo mismo soy víctima de lo que denuncio y bendigo a las nuevas tecnologías, pero me lamento.

No sé si es la incultura, la comodidad o que, urgidos por la velocidad que nos imprime la actual sociedad, tal vez influenciada por las nuevas tecnologías, nos invade el nerviosismo cuando nuestro ordenador (PC) baja de los 20 Mbps.
Estas prisas, trasladadas a la conducta popular, inciden en el uso de nuestro vocabulario, empobreciéndolo, al reducir no solo el número de vocablos, sino permitiendo la incursión de otros en el diccionario de la lengua española, inerme ante la fuerza invasora de un nuevo imperialismo lingüístico repleto de acrónimos y anglicismos.

Se dice que Cervantes usó 8.000 palabras aproximadamente. Una persona dedicada a la literatura, que suele leer y escribir, por ejemplo, un novelista, utiliza unas 3.000. Otra persona culta, y pensemos que lo es quien, además de una formación, lee periódicos, algunos libros, revistas técnicas, internet etc. se mueve sobre las 500, pero el común de los españoles, con estudios básicos, no usa más de 300 palabras para expresarse y, son ellos, los que motivan mi reflexión, porque éstos, sin embargo, sí son capaces de adoptar los anglicismos con la misma facilidad con que abandonan, cada vez más, el conocimiento de nuestro idioma y lo reducen a un peligroso primitivismo.

Cómo evitar el uso de anglicismos

Exceptuemos de este comentario a las personas del mundo empresarial que, definitivamente, han desterrado de su vocabulario una amplia serie de palabras, que ya han sido sustituidas por anglicismos como casting, feedback, workshop, brownie, coffee-break…, en lugar de pruebas, realimentación, taller, tarta de chocolate o descanso para un café, más o menos, pues caben otras traducciones en nuestro rico vocabulario. Marginemos también a los que se ven obligados a aplicar ese lenguaje técnico, donde las siglas y los acrónimos, ya disponen de un amplio glosario, con cuyo uso, pueden escribirse frases, dejando solo los espacios para las conjunciones y adverbios españoles.


Me preocupa más la juventud preparada y la menos preparada, que utiliza ya, con naturalidad, numerosos vocablos como propios, por ejemplo: spot, bol, beicon, kétchup…, en lugar de anuncio, tazón, panceta o salsa de tomate, pero lo que he descubierto esta mañana, ha sido: “Hacerse un selfie o un selfi”. La verdad es que no imaginaba que pudiera tratarse de una autofotografía, solo o acompañado; confieso que, por mi escaso conocimiento del inglés, pensé que pudiera tratarse de algo pornográfico.

En resumen: si de las 300 palabras que emplea una gran mayoría de los españoles, hay que deducir los anglicismos, no es de sorprender que sintamos admiración por el uso que, colombianos, mexicanos, chilenos o argentinos, hacen de la magnificencia de nuestro idioma.

Entiendo y acepto las nuevas incorporaciones aportadas por países hispanoamericanos, porque resultan enriquecedoras, pero me cuesta aceptar los anglicismos porque, con su simplificación, contribuyen a la prisa que nos invade y con ello, al empobrecimiento de nuestra lengua.
Alberto Boutellier Caparros
Socio Colaborador de la Academia




1 comentario:

  1. Los más dados al anglicismo lo llaman 'selfie', pero de toda la vida de Dios eso de representarse en imagen a uno mismo viene siendo autorretratarse.

    ResponderEliminar