jueves, 30 de octubre de 2014

ÓPERA BREVE EN DOS ACTOS

Están muy de moda las presentaciones de libros, hoy no se escribe un libro sin que, seguidamente, no esté programada su presentación con más o menos boato. Personalmente no es un tipo de acto al que me disloque asistir, creo que solo he asistido a tres presentaciones librescas en toda mi vida, la última hace unas semanas; bueno, no, a cuatro. La ultimísima fue el sábado pasado en la «Sala Milwaukee».
Se anunciaba como la presentación 'oficial' del libro “El Tormento del Erizo”, aunque la primera edición del mismo ─la que yo leí─ había sido ya publicada, y presentada, en marzo de 2012. La obra la firmaban tres autores con seudónimos: Charles Romarín, Antoine J. Rois y Jean Pierre Sioen.
Las primeras palabras fueron un reto para seguir leyendo:
“Nacemos atrevidos, inocentes e indefensos, pero la vida nos vuelve crueles, revelándonos impávidos frente al dolor. Entonces descubrimos nuestras más grotescas espinas interiores y las mostramos al exterior, para protegernos de todo o incluso, a veces, de uno mismo”.
Me pareció percibir en ellas el desencanto propio de la posmodernidad y presupuse que encontraría otros ingredientes de la misma, posiblemente ─y más destacable─ sería lo de restar importancia al contenido del mensaje, y valorizar significativamente la forma en que es transmitido, así como el grado de convicción que pueda generar. Hay en la obra una continua búsqueda de lo inmediato junto con una actitud despectiva hacia los idealismos. Y, quizás también emana de ella la prédica de que la única revolución válida es la que cada individuo está dispuesto a llevar a cabo: su revolución interior. 
Documento denso a la par que breve. Y sí, después de una reposada y reflexiva lectura, el librito colmó todas mis expectativas. De forma que cuando encontré la publicidad de la presentación 'oficial' susodicha decidí aportar mi asistencia a la misma.
El ambiente predisponía para un buen espectáculo, luces difusas, colores pétreos, mostrador a lo Edward Hooper y gente amable. Solos, dos actores-autores y un músico excepcional ─Jesús Calderón─ que improvisaba de modo prodigioso. El autor que completaba el trío, el belga J.P. Sioen, ausente del espectáculo, parecía ser un fantasma melenudo de generosa frente y bigote a lo Hércules Poirot que en forma de retrato ─o voz─ paseaba, de cuando en cuando, por el escenario.
El teclado musical en un rincón casi debajo del escenario; un asiento largo con forma de cabecero de antigua cama de gruesos barrotes. Una pantalla blanca invadía la mitad del exiguo tablado. La mesa en forma de vaso largo sirviendo de atril con una minúscula lucecita. Muy a la izquierda una mesa, con foco en el suelo, y un portátil encima ejerciendo de centro operativo. Al lado ─también sobre el piso de tablas─ un dispositivo que lanzaba, a veces, vaharadas de humo. Y un megáfono, casi de juguete, que cambiaba de lugar a menudo.
El primer acto, poético siempre:
“Una vez conocí el miedo. No nos presentaron nunca pero enseguida supe que era él. Por su aliento podrido, por su almidonada vestimenta y su asfáltico modo de ser…”
Y las zancadillas del subconsciente:
“Calor. Me levanto y bebo un vaso de agua.
Todo es silencio y la vida pasa como un espejismo fantástico al que a nadie interesa.
Mirando a la luna, bebo sediento y alzo la vista mientras una idea loca de querer oír la voz de Dios me asalta; zancadillas del subconsciente.”

Resuena la voz ulterior el megáfono rompe, con estrépito, las últimas palabras.
El fantasma, la foto, el retrato con marco, de Jean Pierre nos habla con su fuerte acento de Brujas. Sus Palabras rotas:
En estos días sucios…
No me puedo quitar de esta tristeza.
No me la puedo quitar…
¿Será por el otoño que, lentamente se acerca?...
Una botella de buen vino llena dos copas que beben subidos en el escenario.
La voz (¿audio-púa?) de Yolanda hace finalizar el primer acto.
El ambiente se destensa. Son muchos los aplausos del público y las risas de desahogo, ¿o de ahogo? No sé.
En unos segundos se inicia el segundo acto. Unos sorbos ─más desinhibidos─ a las copas del vino rojo.
Lo probé todo: A cambiar de mote, a cambiar de nick, de peinado, de forma de vestir. Cambié mis círculos, mis hábitos, mis manías, mi forma de sentir. Cambié mi eléctrica por una acústica, cambié mis mariposas por capullos y todos los colores se volvieron larvas. Volví al placebo y al placer del vino y me dejé las barbas. Lo había probado todo pero me di cuenta de que era el mismo idiota, idiota del todo.
Me he vuelto a poner mi nombre, vuelvo a usar mi misma ropa, los mismos amigos de siempre y mis viejas formas. Mi eléctrica manoseada sin cuerdas, mi maquinilla oxidada, mis pastillas antidepre, mis mariposas enjauladas. Lo había probado todo y me vi en el abismo.”
El público premia numerosas veces la representación y lamenta su fin.
Caminé lento el recto camino hacia casa, pensaba que quizás sí querría una presentación así para un próximo libro. Aún resonaban en mi cabeza los aplausos, los gritos, las risas…
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia

4 comentarios:

  1. Rocío P. Izquierdo30 de octubre de 2014, 19:24

    Felicidades por este magnífico artículo. Un artículo sensacional para una presentación literaria igualmente sensacional.
    El post es ameno y tan deliciosamente descriptivo que nos transportar a esa noche del sábado cuando El Tormento del Erizo hizo su aparición oficial. Una presentación que gira sobre un pilar que es el libro, una obra diversa, emocional, profunda, a veces desgarradora y casi siempre real. Y que se encuadra en un espectáculo audiovisual sorprendente, envolvente que te trapa hasta convertirte en un elemento más del mundo mágico del Erizo: letras, imágenes y notas musicales en una melodía perfecta.
    Leer el libro es una experiencia única, vale la pena. Al igual que el vídeo de introducción, de factura impecable y tintes de cine negro que nos deja con ganas de más.

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  2. que habilidad!!! me he visto el sábado en el Milwokee tomando un gin tonic y alli en la presentación.

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  3. Estamos encantados de el mensaje de nuestro libro calase en los asistentes. Valoramos mucho el qué, pero también el cómo, uniendo lo mejor de dos mundos que la gente insiste en separar, el analógico y el digital: literatura y multimedia pueden ir de la mano. Las emociones SI entienden de MEDIOS. Fantástico artículo Ignacio, un inmenso placer.

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    1. Gracias Carlos por tus amables palabras, pero creo que el que merece todas las felicitaciones eres tú por el espectáculo tan estupendo y fresco que montaste. Y también por ser uno de los autores del libro.
      Un fuerte abrazo

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