sábado, 29 de noviembre de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (194)

¿La Fiesta del Cante de Los Puertos?


El otro día, por la calle, me paró una buena mujer y me dijo que querían hablar conmigo, ella y otros de su grupo, para ver cómo se podría hacer la Fiesta del Cante de los Puertos. Yo le dije que eso era imposible. Y es que la Fiesta del Cante de los Puertos en sus cuatro ediciones fue concebida por mí para tratar de salvar y poner al alcance del público una serie de cantes que estaban dormidos en las gargantas de muy pocos cantaores del “sector intimista”. Para ello hice un excelente trabajo de campo y pude incluso contrastar versiones diferentes de un mismo cante y fijar las líneas trasmisoras. En realidad fueron los que yo llamaba “Los últimos de Filipinas” aquellos cantaores a los que prácticamente ordeñé, para que pudieran conocerse y documentarse ciento sesenta y cinco cantes que se daban por perdidos o que eran desconocidos por todos. Recuerdo que conté con la comprensión del Alcalde Fernando T. de Terry y los concejales Manuel Lojo y Rafael Sevilla, lo que en aquellos tiempos era una proeza. Pero tuve todo el apoyo necesario y mucho más. Hoy sería imposible, a pesar de los muchos medios, poder organizar una cosa por el estilo, porque es que no hay cantaores que porten de sus casas nada interesante. Todos, el que no se dedique a los temitas, cantan de disco. Son la reproducción del disco tal o cual, pero nada tienen que aportar. Se han perdido las grandes casas cantaoras, con todos los repertorios familiares guardados de siglos en sus familias. Aquellas Fiestas para las que yo pintaba los carteles, dibujaba y escribía los folletos de mano, escogía a los cantaores para que únicamente interpretaran tal o cual cante y nada más, fueron únicas. La muerte de muchos de mis informantes y amigos acabó con la posibilidad de poder repetirlas.
Sí le dije a la señora que me paró por la calle, que lo de cajón sería organizar un gran Congreso sobre Cantes de Cádiz y los Puertos, con la participación de estudiosos solventes, que los hay, aunque se pueden contar con los dedos de una mano. Hoy hay una serie de investigadores, ajenos al mundo universitario, entregados al estudio serio y científico, no solo de los cantes, uno por uno, sino de la geografía humana, de la historia, de las vidas y obras de los cantaores locales, para que se tuviera conciencia de la importancia que Cádiz y los Puertos han tenido en la gestación y desarrollo de ese arte. Las universidades andaluzas, con alguna honrosa excepción, dan doctorados a autores de obras de supuesta y engolada investigación flamenca, que no son sino ediciones críticas del “cuento de la buena pipa”. Las administraciones andaluzas están entregadas con subvencionar espectáculos que nada tienen que decir, ni para nada valen; bienales que pasan  sin pena ni gloria, pero que cuestan un pastón; compositores de temitas y autores de coreografías amariconadas; trascendentes enredadores pesebreros… No hay nada más.
Para un Congreso, con sede en El Puerto, deben volcarse, en primer lugar, su Ayuntamiento y los Ayuntamientos de la Bahía; el Centro Andaluz de Flamenco; la Agencia para la Promoción del Flamenco de la Junta; la Diputación Provincial…. Porque un Congreso de ese tipo, para poder celebrarse, cuesta y, una vez celebrado, hay que publicar dignamente las actas y darle difusión. Sólo así podremos hacer una obra acabada para dar a conocer todo el tesoro escondido que existe en Cádiz y los Puertos y al que pocas veces se le ha dado importancia. A ver si lo que digo no cae en saco roto.
                                               Luis Suárez Ávila
Académico de Santa Cecilia

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