martes, 16 de diciembre de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (197)

EL DECORO
         
"Decoro" ha sido una de las palabras que más importancia y valoración ha tenido en siglos pasados. Sin embargo ha caído mucho en desuso en la actualidad, por el cambio de costumbres y hábitos sociales. En las grandes obras y autores del Siglo de Oro figura constantemente como uno de los principales valores de referencia de los personajes,  al lado de sus otros dos palabras hermanas: honor y honra, y era causa de conflictos y enfrentamientos entre los personajes en cuanto se transgredía sus límites, o alguien era acusado de su falta.

         Procede del latín (decorum), y tiene que ver siempre con la elegancia de la sencillez, el equilibrio y la llaneza. Tiene que ver también con las reglas de convivencia básicas que nos marcan el respeto que debemos a los demás, incluso a nosotros mismos, así como la obligación básica de no hablar de una manera y comportarse de otra, o romper en la vida, trabajo o manifestación pública, las leyes de equilibrio y mesura aristotélicas que tanto marcaron la vida de los hombres y mujeres durante los siglos pasados.
        

Cada edad, cada circunstancia o lugar, cada status quo social o personal, marcaba ciertas reglas y obligaciones del decoro que había que respetar para convivir en una sociedad de forma honorable y con dignidad, si uno quería ser respetado, y respetable. Se necesitaba tener un mínimo de decoro para poder relacionarse con los demás y, si alguien carecía de ese reconocimiento se  sentía injuriado aunque, "por decoro", muchas veces no lo hiciera evidente, ya que también se relaciona el término con la prudencia, moderación y buen sentido.

          "Estad segura que se os guardará el decoro que vuestra presencia merece." Dice Cervantes a un personaje femenino en una de sus obras. Es decir, guardar o no guardar el decoro a alguien era esencial para la buena convivencia y el mantenimiento del honor y la honra.
         En la actualidad me sorprende, día tras día, cuando veo los escándalos constantes por corrupción, estafa,  injusticia, engaño o mal gobierno, que sus protagonistas no hayan temido nunca, a la hora de meterse en esos terrenos embarrados, en la perdida de decoro que significaría su descubrimiento. Me parece sorprendente que, ya que no les preocupaba "el mal ajeno y social" que estaban originando,  no les preocupara, al menos, el "posible mal personal" que podían ocasionarse con ello, por la pérdida del decoro que significaría. Nadie es tan fuerte como para poder vivir sin una opinión ajena positiva sobre él, a no ser un enfermo mental con ese tipo de patología antisocial.
        


Cuando a Macbeth le propone su mujer matar al rey y ocupar su puesto dice, en soledad, una frase definitiva que anticipa el sufrimiento que le espera por su innoble acción: Si con hacerlo estuviera hecho..., es decir, su pensamiento le anticipa el precio posterior de sus actos. La pérdida del honor, la honra y el decoro, con su acto injusto, le traerá, tiempo después, la destrucción.
          Aprender a vivir, madurando a lo largo de los años, tal vez sea solo eso, tener presente siempre lo que decía nuestro gran Tirso de Molina: que no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague.
                                                                  José Luis Alonso de Santos
Académico de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. Magnífico artículo que nos alerta de cómo la sociedad o una importante parte de ella, se ha olvidado del decoro. Parece como si esta "virtud" ya no fuera necesaria para algunos. Se me viene a la memoria el alto concepto del decoro del Almirante Méndez Núñez, cuando dijo: "prefiero honra sin barcos, que barcos sin honra".

    ResponderEliminar
  2. Francisco Rodríguez Conesa16 de diciembre de 2014, 13:39

    Como otros valores, se ha perdido el decoro, es mas,me parece que los jóvenes no saben lo que significa.

    ResponderEliminar