martes, 27 de enero de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (203)

La siempre asumida pérdida de valores


Al parecer, en todas las épocas ha existido la sensación de pérdida progresiva de los valores de las nuevas generaciones. Aristóteles decía “Los jóvenes de hoy no tienen autocontrol, no respetan a los mayores y carecen de educación y de toda moral”. También Platón esgrimía “¿Qué le pasa a nuestros jóvenes? Faltan el respeto a los mayores, desobedecen a sus padres y desprecian la ley. Su moral se desvanece”. Si esta sensación de pérdida progresiva fuera cierta, la humanidad se regiría, desde hace mucho tiempo, por la ley de la selva y, por fortuna y por un gran esfuerzo colectivo, no es esta la ley que normalmente impera. Entonces, ¿a qué obedece la sensación? ¿O es que ahora es verdad que los valores están en decadencia?

Aun sin entrar en la axiología, podemos afirmar que los valores esenciales son la condición indispensable para la coexistencia y la posibilidad de una vida digna. Los valores nos distinguen y alejan del comportamiento animal y, por tanto, de nuestra mera e instintiva animalidad.

Sin embargo, no siempre hemos compartido ni respetado los mismos valores. Valores hay muchos, jerárquicamente diferentes y a veces conflictivos entre ellos. Los valores religiosos imponían normas de comportamiento, metas bien definidas y autoridad. La secularización progresiva de la sociedad ha conducido a una cierta perplejidad, a una desnudez de verdades y a la pérdida de referentes comunes. Para colmo, estamos viviendo, sin duda, la época de cambios más vertiginosos de la historia. La mundialización de la economía, de la comunicación y, al menos en parte, de la cultura ha provocado un cambio inusitado de la sociedad. Esta prioriza los valores de forma, en parte intuitiva y en parte deliberativamente, de acuerdo a las circunstancias y a las consecuencias previsibles de dicha priorización. El principio kantiano que expresa que el hombre tiene dignidad y no precio, y que es un fin en sí mismo y nunca exclusivamente un medio es el único que parece ya inamovible. Los demás principios acomodan su jerarquía a la época.

Tal vez, esta reorientación permanente de los valores explique la percepción de pérdida de los mismos apreciada en todas las épocas.

Esperemos que siempre prevalezcan valores que proclamen la igualdad de todos los hombres, el derecho a la vida de esta y de sucesivas generaciones, a la libertad, a la fraternidad y a la felicidad.

                                                           Ángel Salvatierra Velázquez

                                                                                         Académico de Santa  Cecilia                                                      

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