lunes, 2 de marzo de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (208) Manuel Pérez Casaux

Manuel Pérez Casaux, in memorian


Manuel Pérez Casaux cabalgó por todos los géneros literarios con soltura: se lo permitía su vasta cultura, su sensibilidad y su sentido de la responsabilidad social. Se formó inicialmente como Maestro y posteriormente como licenciado en Germánicas. Sabía lenguas clásicas y hablaba varios idiomas modernos. Le interesaba todo lo humano.

Cultivó la narrativa (novelas y relatos breves), el ensayo, la poesía y, sobre todo, el teatro. Su obra dramática es una de las más interesantes del teatro español durante la dictadura franquista. De sus comienzos en Cádiz con el grupo Quimera Teatro Popular pasó a los escenarios de media España, recibió prestigiosos premios y dos de sus obras (La familia de Carlos IV, en 1973, y Las hermosas costumbres, en 1974) fueron dirigidas por un joven pero ya reconocido José-Luis Alonso de Santos; a quien, ironías de de la vida, respondió como académico de Bellas Artes de El Puerto treinta años después.

Teatro de agitación de las conciencias, de crítica social, de reflexión política…; en ocasiones haciendo de temas históricos metáforas de  situaciones de aquella aciaga época. Ni por ello se libró de la censura del régimen, que, como a otros autores, trató de silenciar. Pese a todo, la palabra (culta y popular) de Pérez Casaux sonó clara, limpia, cargada de sentido.

En toda su creación literaria, Manuel Pérez Casaux se condujo con la responsabilidad que consideraba que la situación requería. Y advirtió en Odas de memoria y rabia (Lodosa, Gobierno de Navarra, 2003) lo siguiente:
Abominad de quienes versifican/ estrujando el cerebro contra el libro/ y no miran los surcos/ ni el barro que se pega a los zapatos/ ni ven la huella tierna/ que los pies van dejando en el sendero.

  Nacido el 1929 en El Puerto, Manuel Pérez Casaux trabajó como traductor en Astilleros de Cádiz. Emigró, como tantos otros andaluces, a Cataluña, donde ejerció como maestro y trabajó como empleado de navieras. A su regreso se avecindó en El Puerto y se implicó en su vida cultural (coorganizador de la Tertulia El Ermitaño, presidente de la Academia de Bellas Artes entre 1989 y 1990…). Luego, Manoli (su amada compañera) tiró de él hacia La Isla, donde tenía familia.  Allí desarrolló una intensa actividad cultural e ingresó como académico de la de San Romualdo de Ciencias, Artes y Letras. Y en La Isla ha muerto, tras 86 años vida agitada y agitadora y una larga y prolífica actividad literaria. No obstante, continuó ligado a El Puerto como académico de Bellas Artes (desde 2003) y a través de sus amigos, que le recordaremos como ilustre escritor y, sobre todo, como persona afable, sencilla y comprometida con la libertad y la justicia social.
Javier Maldonado Rosso
Académico de Santa Cecilia

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