lunes, 20 de abril de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (214)

París¡ París¡¡

Vivir en París es vivir en otra dimensión vital, en la que el tiempo y el espacio, el lugar, la circunstancia, la otredad, nada tiene que ver con el resto del mundo, exceptuando, tal vez, Nueva York.  Uniendo Barcelona y Madrid, quizás, pudiera parecerse, el resultado, a la fuerza,  a la vitalidad, a la grandeza, de París.
Barcelona sola no es sino la payesía la búsqueda de generalidad, de europeidad, de universalidad… de lo que llaman “seny” y pretenden hacerlo equivalente imposible de la “grandeur” francesa.
Madrid sola, no es sino cualquier pueblo castellano demasiado crecido, con sus dos almas, la vieja y la nueva, la pura  y la mestizada, austero, administrativo, sin excesiva imaginación.

Comer en París, pasear por París, amar en París, vivir y soñar en París es instalarse mas allá de lo que uno es, es proyectar, es intuir, es entrever lo que se puede llegar a ser, lo que  se puede llegar a alcanzar, intelectual y vitalmente. Es comprobar si la vida y el azar, los sueños y la decisión, la voluntad, han sido generosos con uno, pues se  necesita una fuerte dosis de posibilidad, de fortuna, para ser recibido por París, para poder sentirse en París.
De los muchos logros de París uno de los mas satisfactorios para el residente, pero sobre todo para el visitante intelectual es, sin duda, el acceder a la maravillosa BnF en su sede de la biblioteca François Miterrand, a través de unas escaleras dignas de la "metrópolis" fritzlangiana en las que uno siente que desciende a las entrañas del conocimiento acumulado del mundo a través de cientos de años de saber y dominio, en el culmen, rodeado de salas dispuestas en paralelo de sabiduría y entre cómodas mesas y sillas de recia madera modernista, bajo una luz dorada y artificial que se apoya en inmensos ventanales abiertos a la extraña luz de París.

Pero París tiene su tópica y uno de los cuadros más mágicos sea la visión de París desde lo mas alto que se pueda alcanzar de la Torre Eiffel, combinada con la experiencia luminosa de su visión nocturna, de su armonía visual desde el Trocadero, de su vislumbre cotidiano casi desde cualquier rincón escondido de la ciudad, como aguja que sostiene la promesa de alianza eterna entre el cielo y los hombres, y que afirma una de las experiencias mas sensuales y turbadoras que se puedan tener  de la ciudad.

Pasear desde Notre Dame arrancando en Saint Michel a través del Boulevard de Saint Germain y caminar hasta que los pies no puedan engañar a los sentidos para sentarse a saborear caféen el triangulo que forman Flore, Lipp o Les Deux Magots, dejando atrás la Sorbonne de Descartes (Universidad París III), oteando en el entre callejeo la J. Vrin philosophi que, o el Panteón es otra de las intensas experiencias que ofrece vivir en París.
Estas no son sino tres notas de la amplísima agenda de vivencias que París propone. Perderse en el Louvre, entre salones que recuerdan el tiempo vivido como humanidad por la humanidad, o adentrarse en una inmensa sala blanca ocupada toda ella por un minúsculo cuadro que contiene la sonrisa más deseada, la de La Gioconda, y recorrer desde aquí los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo levantado en honor de todos aquellos que con su muerte lo intentaron.
La fuerza de París, de la ciudad, de Francia, de la tierra, es la gente. Gente que vive y ama. Gente convencida de sí misma, de quienes son, de lo que son como individuos y como pueblo, de su papel en el mundo y en la vida. Y esto se refleja en todo París. Esto es el reflejo de París.

Miguel A. Pastor Pérez
Académico de Santa Cecilia

1 comentario:

  1. El artículo está muy bien, coincido con todo lo que dice, París es una maravilla.
    La RAE dice en su ortografía que los signos de admiración e interrogación son "signos dobles, pues existe un signo de apertura y otro de cierre, que deben colocarse de forma obligatoria al comienzo y al final del enunciado correspondiente."

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