martes, 16 de junio de 2015

Buen cine comercial

(A propósito de “Mad Max:Furia en la carretera” y “Disney Tomorrowland”)

Imagen adquirida de la web Mey Producciones (http://meyproducciones.com/?p=19515)

Desde sus comienzos, el cine siempre ha tenido una doble consideración por parte del público. Para muchos era un producto industrial, puro entretenimiento, un simple espectáculo para la diversión de quienes lo vieran.  Para otros era una manifestación artística similar al teatro, la pintura, la música o la arquitectura. Hoy seguimos sin saberlo o mejor dicho, hoy sabemos que es las dos cosas, Arte e Industria, negocio y creación, pero hay que reconocer que generalmente han perdurado mas en el recuerdo de las gentes las películas consideradas de entretenimiento que las artísticas aunque, por desgracia, lo mas frecuente es que los mayores éxitos de público no resistan el menor análisis artístico y que verdaderas obras maestras no obtengan el beneplácito del público, pero al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio, lo malo se olvida y lo bueno permanece pero los criterios de apreciación también varían.
Cuando el cine comenzó a hacerse popular, la clase culta e intelectual acudia habitualmente al teatro o a la ópera despreciando por vulgar el nuevo invento, por eso los productores intentaron  dar a este público, a la burguesía,  lo que ellos, la sociedad pudiente y biempensante,  entendían por Arte, ofreciéndoles pretenciosas películas con grandes actores del teatro como la mismísima Sara Bernhardt, pero el público, la masa trabajadora y pequeño-burguesa,  lo que entendemos por “la calle”, enseguida se decantó por trabajos de desconocidos llegados a la pantalla sin haber pisado las tablas como Max Linder ó el propio Charles Chaplin.
En los años 60 los críticos de Cahiers de Cinema que después constituirían el movimiento cinematográfico “La Nouvelle Vague”, reivindicaron el cine comercial, el cine norteamericano y a directores como Alfred Hitchcock, Howard Hawks o Vincente Minnelli frente a otros minoritarios y elitistas.
Este largo preámbulo viene a cuento de cómo esto se pone de  manifiesto en dos películas que actualmente se proyectan en nuestras pantalla. Me refiero a “Mad Max: Furia en la carretera”, producción australiana dirigida por George Miller que muchos espectadores no van a ver por considerar que es un tipo de cine dirigido a adolescentes sin ningún valor artístico sin comprobar por si mismos que es una magnífica película, innovadora, con una estética sobrecogedora heredera de las pinturas del Bosco y que encierra una profunda reflexión sobre la capacidad de la Humanidad a adaptarse a los profundos cambios que deberá de sufrir en el futuro y su capacidad de adaptarse a los mismos. Una música excelente remarca cada escena de la película extraordinariamente fotografiada.  Continuas referencias, guiños, homenajes a películas de género, a clásicos que permanecen en nuestra memoria. Violencia, ritmo frenético, personajes imposibles, todo mentira pero que visto en su conjunto conforma una terrible verdad.

Tráiler oficial de Tomorrowland

La otra película comercial a que me refiero nos adentra en un antiguo proyecto de Disney. Me refiero, por supuesto, a “Disney Tomorrewland” que tiene la gran virtud de tratar a los niños y su forma de pensar, su lógica, no como inferiores a los individuos adultos sino, simplemente anteriores.  Otra visión, muy distinta, del futuro. El cine de ciencia ficción siempre ha tenido deseos de mostrarnos como serán las ciudades del futuro. Quizás el modelo propuesto que mas haya permanecido en la memoria colectiva sea el que nos presentó Fritz Lang en “Metrópolis”. La ciudad que nos propone Brad Bird tiene mucho de aquella y en ella destacan los edificios de Calatrava ya que la película esta rodada en parte en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.  La película está impregnada de un pensamiento filosófico que nos predispone contra el pesimismo social y el desencanto y trata de incitar a la gente de todas las edades, que reflexione y que piense. Muchas escenas nos hacen recordar el estilo de Spielberg e incluso de Preston Sturges y otras películas clásicas, incluso los títulos de crédito nos retrotraen a los que hacía Saul Bas.
Dos películas comerciales pero dos buenas películas.

Por Jesús Almendros Fernández

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