lunes, 8 de junio de 2015

EL LIBRO MANUSCRITO EN LA CORTE DE ALFONSO X EL SABIO (II)

         

Se han distinguido dos grandes etapas en las traducciones de época alfonsí: una que correspondería a los años 1250‑1260, y otra que iría de 1269 a 1283. Hablamos, como es evidente, de fechas un tanto convencionales, que sirven para dar cabida a las primeras traducciones --las del Lapidario (1250) y de Calila e Dimna(1251)C mandadas hacer por Alfonso X siendo todavía infante,  y a la serie de noticias referentes a traducciones que la Crónica sitúa en el año 1260. Tras unos años de inactividad, a partir de 1269, con la creación de la Escuela de Murcia, al frente de la cual puso al polígrafo al‑Ricotí, se inicia la segunda etapa que se prolongaría hasta su muerte.

         A la primera época corresponde la traducción de libros de muy diversa índole, aunque predominaron, como correspondía a los intereses personales del monarca, los libros de astronomía y de astrología. Estas obras científicas fueron, según Solalinde, las que más contribuyeron "a dar al rey el dictado de Sabio, y a que se le conceptuase más tarde como dado a la astrología", entendi­da como "inclinación a las ciencias ocultas y a las cábalas más fantásticas", opinión confirmada por su sobrino don Juan Manuel quien afirmó en el Libro de la Caza que Alfonso X  mandó traducir otra sciencia que an los judíos muy escondida a que llaman Cábala.
        

He aquí algunas de las obras traducidas: el Libro de los juicios de la estrellas, de Abenragel, un tratado astrológico del que se conservan las versiones latina y romance; el Libro de la Ochava Esphera, donde se resumen las teorías de Ptolomeo; los libros de la Açafea, trasladado del árabe al romance por Fernando de Toledo, y de la Alcora, o el de las Armellas, que se ocupan de los instrumentos para efectuar las mediciones y cálculos astronómicos; y, por último, el Libro de las Cruces, que ha sido conceptuado como "el primer tratado astrológico en lengua española" [J.A. Sánchez Pérez]. Todos ellos contribuyeron a preparar las muy famosas Tablas Toledanas o Tablas Alfonsíes, escritas en 1272 por Judá ben Mosé e Isaac Ben Sid, "tomando como época el 1 de enero de 1252, año en se inició el gobierno del rey Sabio, y como lugar de origen Toledo". Traducidas al latín a fines del siglo XIII gozaron, hasta la publicación de las Tablas Rudolfinas de Kepler, de una gran estima en toda Europa, debido, en gran medida, al hecho de haberlas independizado de los calendarios cristiano y musulmán [Juan Vernet]. Es probable que a estos años correspondan la traducción de la geografía de Abu Obaid al-Becrí o Libro de los caminos y de los reinos, citada abundantemente en la General Estoria, y la última de las grandes traducciones ordenadas por Alfonso X, El libro del axedrez, dados e tablas, cuya lectura y práctica debieron contribuir a aliviar la melancolía de los últimos meses de su reinado.
        

Alfonso X renovó la forma de hacer historia, mediante la creación de un verdadero taller historiográfico del que salieron, como obra principales, la Crónica de España, llamada por su primer editor, don Ramón Menéndez Pidal, Primera Crónica General de España, desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando III; y una Historia Universal, comenzada a publicar por Solalinde, titulada la General Estoria, posiblemente la obra maestra de la historiografía alfonsí, que no llegó a terminarse.
Manuel González Jiménez
Académico de Santa Cecilia

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