miércoles, 30 de septiembre de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (237)

        De urbanismo y torres


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En días pasados, la torre del que fuera palacio del conde de Arco Hermoso caía víctima de la desidia de los propietarios, de las autoridades municipales, actuales y pasadas, y del tiempo que no perdona ni a los hombres ni a sus realizaciones. Torres más altas han caído, podríamos decir, y es cierto porque en nuestra ciudad se han derribado palacios, en aras de una modernidad mal entendida, se han abandonado las fuentes de nuestro pasado urbanístico y se ha condenado la fisonomía de la ciudad a un pastiche neoisabelino que nada tiene que ver con nuestras raíces. Es cierto que los finales del siglo XIX  y comienzos del siglo XX fueron años de transformación del paisaje urbano y, sobre todo, años de consolidación de un gusto arquitectónico ya trasnochado y decadente en muchas ciudades. Asunto del que tuvo mucho que ver cierto arquitecto que estaba al frente de las licencias de obras en la localidad y que impuso su criterio al resto de los arquitectos. Así, nuestra ciudad carece de edificios modernistas que pudieran hablar de la pujanza de la burguesía portuense o del gusto por la innovación que se daba en todo el país.

Detalle de la veleta (Para ampliar pulsen con el ratón en la imagen)
Ahora, tras quince años de espera de un plan para el conjunto histórico, los balconcitos y las ventanitas siguen campando a sus anchas en una continua repetición de elementos “holliwoodianos” sin que la creatividad de los arquitectos pueda verse plenamente desarrollada. Por supuesto que no hablo de hacer tabla rasa como en los años sesenta en que el desarrollismo acabó con parte de nuestro pasado. Hablo de integrar valientemente la piedra y la madera del pasado con el acero y el cristal de nuestro tiempo. Algunas ciudades han optado por la mezcla de estos elementos como medio de mantener un desarrollo urbanístico sostenible, rentable y socialmente adecuado.

Estado actual de la torre (Para ampliar pulsen con el ratón en la imagen)
Creo firmemente que esta forma de enfocar nuestro urbanismo, ayudaría al desarrollo de la ciudad, a la puesta en marcha de tantos solares abandonados y de tantos palacios en ruina, esperando la mano de una restauración que no llegará nunca porque no es rentable. Y mientras tanto, las torres caen y El Puerto espera su plan para el conjunto histórico.
Juan Gómez Fernández
Académico de Santa Cecilia

3 comentarios:

  1. Admirado Juan Gómez:
    Por tu articulo me acabo de enterar de la ruina de la torre vigía del palacio de Arco Hermoso, aledaño a mi casa en El Puerto y que tantas veces he admirado desde mi cercana azotea. Con su caída se ha ido al suelo una de las pocas torres que nos quedan, y quizás una de las mas hermosas. La noticia me ha causado una mezcla de desazón, pena y rabia, ya que este desagradable final podría haberse previsto obrando en consecuencia. La desazón me ataca porque veo que este desastre puede reproducirse en otros tantos elementos históricos de los que nadie se ocupa, y si tampoco nadie lo remedia, terminarán desparramados por el suelo, como parte del desparramado activo arquitectónico de esta ciudad.
    Coincido contigo en que una gran parte de este despropósito tiene que ser la inutilidad institucional de los deferentes gestores públicos que han pasado por los cargos competentes, que han sido incapaces no solo de aprobar ese plan especial del centro histórico, ese innombrable PEPRICH, sino de tomar medidas subsidiarias que eviten este deterioro a tiempo. Porque de seguir así también se nos caerán lo que queda del palacio Vizarrón, el de Roque Aguado, el Hospital de la Misericordia y otros edificios menos emblemáticos pero igual de importantes, hoy día en manos privadas.
    Pero querido Juan, en lo que no estoy de acuerdo contigo es con tu idea de combinar, aquí en el Centro, la piedra y madera del pasado con el acero y el cristal de nuestro tiempo. Como tampoco comulgo con tu opinión de que mucho de lo que han hecho nuestros arquitectos en estos años pasados se califique como "holliwoodiano", en el sentido ligeramente despectivo que se desprende de tu comentario.
    Yo comprendo tu idea, que además reconozco que es la de muchos, pero a mi, particularmente, me gusta y me gustaría en el futuro, que el Centro del Puerto pudiera conservar su estilo, su forma de ser, su aspecto que (de acuerdo contigo) mantiene un componente artístico ya desfasado, pasado de moda y abandonado en otras latitudes, pero que a muchos de quienes lo vivimos nos parece entrañable, acogedor y adorable, aunque sea decadente. Porque, al final, nos gustaría que el Puerto sigua siendo una ciudad del barroco. Lo que me parece una suerte.
    Guillermo Barquin
    Socio de la Academia de Santa Cecilia

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  2. Ines Ruiz Lassaletta9 de octubre de 2015, 20:37

    Bonita Torre. Que pena!

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  3. Desgraciadamente, esto no tiene arreglo, mientras las instituciones cada una valla por su lado y no haya unas normas por las cuales se pueda regenerar el centro del Puerto sin tantas trabas para ello, las casas se seguirán cayendo ..

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