viernes, 29 de enero de 2016

15.FENICIOS, TARTESIOS Y GRIEGOS EN OCCIDENTE

Un modo de ver la Atlántida, entre Cádiz y Doñana (y 3).
Diego Ruiz Mata / Catedrático de Prehistoria / Académico de Santa Cecilia

Mientras unos buscan en los planetas de nuestra galaxia las sedes de las ciudades del futuro, otros las imaginan en sus mentes como obras perfectas, o se afanan por descubrir los restos ocultos de ciudades perdidas bajo la tierra o aposentados apaciblemente en el fondo de los mares. Una que aguarda hace siglos, en nuestra mente o en el mar, es la Atlántida de Platón.Y mientras muchas se abandonaron a su suerte, muriendo poco a poco cada día, otras las destruyeron las guerras con sus armas elementales y el fuego que todo lo devora, o mediante las potentes bombas sin piedad, o por las furias desencadenadas de los dioses del mar o de los cielos. La Atlántida es uno de estos ejemplos. Y le sucedió lo más terrible, pues conservando su nombre, perdió la memoria del lugar donde había existido.

Sin embargo, en esta ocasión no vamos a trasladarnos a las Atlántidas ideales de Platón o a las de los filósofos soñadores. Esta vez me voy a ocupar de la historia actual de una Atlántida muy cercana, bajo esa amplia marisma del Guadalquivir, antes un extenso estuario hasta Sevilla, buscada por científicos mediante fotos en infrarrojo de los desarrollados satélites modernos, aparataje topográfico, sensores para la detención de anomalías en el suelo, mucha discusión y revuelo, donde los resultados no se hallan sólo en el descubrimiento de la Atlántida escondida.  El fin es dar a conocer la noticia al mundo entero, con el ropaje de verdad que transmite la ciencia, o su apariencia. No importa que las noticias sean inciertas o inventadas. Lo que interesa es qué de modo superficial se publique en la prensa de papel con titulares llamativos, se transmita en imágenes y reportajes televisivos anunciados con mucho tiempo y se escriba un libro que indique en su título espectacular y atractivo que por fin se ha descubierto la Atlántida y se venda en las librerías de los grandes almacenes. Lo importante es que se conozca el hallazgo inventado, que parezca verdad,  y propicie un buen negocio. La utopía, que es el deseo de alcanzar la verdad idealizada,  se convierte en una ventana abierta,  y aparentemente  nítida, pero con cristales empañados que nos engañan.

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La Bahía gaditana, el punto fijado en el mapa por fenicios y  griegos como el confín del mundo en Occidente, ha ido acumulando en el tiempo numerosos mitos, por su situación, historia y extrañas circunstancias. Es la cuna de los mitos occidentales. Unos debieron transmitirse oralmente, en los atardeceres de las tabernas de los puertos, y se han perdido, transformado o diluido en textos más recientes, sin la frescura que tuvieron, o se conservan silenciosos en textos más modernos, apenas reconocibles.  Se oyen todavía los ecos de las historias fantásticas, de monstruos y seres marinos, que se contaban en la zona hace miles de años, mucho antes de los fenicios, y anteriores a los viajes micénicos, cuando los barcos navegaban hacia las regiones andaluzas ricas en cobre. Pero es el espacio del Estrecho hasta la Bahía, y más a Occidente, hasta los cabezos de la ciudad de Huelva –la antigua Tartesos-, donde han perdurado hasta hoy.  Una puerta simbólica, terrible y monumental, las Columnas de Hércules, separaban las aguas de dos mares, para navegar a la zona de los mitos y de la realidad. En este ámbito fundaron los fenicios sus colonias más preciadas, la Gadir plural y el templo de Melqart  -de Hércules más tarde-, que el poeta Hesíodo, en el siglo VII a.C., conoció como Eritía, topónimo que se mantuvo durante mucho tiempo y que Estrabón, un geógrafo griego del cambio de Era, asimiló con Gadir. Y el poeta Estesícoro, hacia el año 600 a.C., escribió en un hermoso poema que el rey tartésico Gerión, de tres cuerpos y tres cabezas, había nacido junto a la ilustre Eritía. Más tarde, Avieno, político y poeta del siglo IV d.C., en su conocida obra en verso “Ora Marítima” que describe la costa de España, al llegar a las gaditanas resaltó que “aquí está la ciudad de Gadir…llamada antes Tartessos”, recogiendo antiguas informaciones orales o escritas. Y Herodoto narra que hacia fines del siglo VII a.C., un navegante griego procedente de Samos y de nombre Coleo,que se dirigía a Egipto, fue arrastrado por fuertes vientos a peliotas a esta zona del Estrecho, llegando desconcertado a Tartessos donde hizo amistad con su rey Argantonio, que reinó más de noventa años. Y esta visita, no prevista, supuso el inicio de las navegaciones de los nautas griegos focenses durante todo el siglo VI a.C., a la búsqueda de mercados y de la plata tartésica.  La arqueología ha documentado con datos este tráfico comercial griego. Y fue en este ámbito donde Hércules, cumpliendo con riesgo los trabajos impuestos por su tío Euristeo, rey de Micenas y Tirinto, robó los bueyes del rey Gerión de Gadir, y en otra ocasión, y en lugar cercano, robó las manzanas de oro que custodiaban las Hespérides, las ninfas de los árboles frutales. Y más acontecimientos, que constituyen el acervo cultural más importante de Occidente, y que no caben mencionar en tan reducido espacio.
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Esta historia real y mítica, en el confín del mundo conocido por sus riquezas en oro y plata, con ciudades gobernadas por reyes, en el que se fundaron  poblaciones y templos fenicios, y a las que siguieron una sarta de navegaciones  griegas durante cien años, dio origen al nacimiento de  mitos, historias y curiosidades geográficas, que se debieron recitar y propagar por todo el Mediterráneo. Es aquí,  en el 360 a.C., donde Platón, en los diálogos deTimeo y Critías, sitúa la Atlántida, “más allá de las Columnas de Hércules”, en una isla de gran extensión,  donde se erige su ciudad perfecta. Creo, y es mi opinión meditada, que todos estos precedentes, y en el siglo IV a.C., época de gran actividad comercial ateniense y mundo ibérico, le indujeron a situar esta ciudad ideada tras las puertas de Occidente, siguiendo las tradiciones de siglos anteriores. No debe extrañarnos, tras muchos siglos de creaciones de mitos y realidades históricas, que Platón fijase en este ámbito,  entre África y Europa, su Atlántida, entre las Columnas que implantó Hércules y el estuario del Guadalquivir, que el hombre, la naturaleza y el tiempo han modificado notablemente.

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Como el tema es extenso,  mi espacio limitado y vuestro tiempo  valioso, expondré sólo unas notas muy breves sobre la Atlántida en Doñana y cómo se ha gestionado una investigación e interesante asunto. Comencemos por las noticias ocasionales, las procedentes de quienes tienen noticias de la Atlántida aposentada en el mar y lo frecuentan. Escojo, al azar, dos artículos. Uno de 1979 de El País, que titula “Un marinero gaditano asegura haber descubierto la Atlántida”, en el que se anuncia que un conocido submarinista gaditano ha  encontrado la ciudad hundida en los fondos de las aguas de Zahara de los Atunes, a 35 metros de profundidad, poniendo en conocimiento de las autoridades competentes tan importantísimo hallazgo, de las que se reciben todo tipo de ayuda. Y en el mismo periódico, pero en agosto de 2015, en un artículo titulado “La Atlántida resurge en verano”, se comunica que un vecino de Sanlúcar de Barrameda afirma que ha hallado indicios de la mítica ciudad. Su descubridor informa por escrito a la Consejería de Cultura que mediante el estudio de unas fotografías por satélite se advierten restos de una  ciudad que ocupa todo el monte Algaida.  Afirma que se trata de un edificio circular de 160 metros de largo por 100 de ancho, y una “gran cantidad de pequeñas estructuras de un poblado”, de más de 6 Ha, otra edificación ovalada y una zona portuaria. En otros medios se publican otras medidas más extensas y detalles más precisos y la queja de la “falta de entusiasmo” entre los arqueólogos consultados. Es una historia frecuente. Otro hallazgo de trascendencia histórica, del que la Junta de Andalucía requiere información más precisa para determinar su importancia. Y tras estas noticias, varias decenas más, porque la imaginación no tiene límites y la Atlántida  se aloja y alimenta en la parte del cerebro donde se hallan la utopía y el deseo del hallazgo sensacional o irracional que nos haga protagonista. El hombre es eminentemente descubridor y curioso.

Entre estas dos fechas, se efectuaron investigaciones de importancia, no por los resultados –tan ilusorios como los mencionados-, sino por las inversiones, sus participantes cualificados, sus proyecciones frecuentes mediáticas y escaramuzas seudocientíficas, porque no puedo llamar científico a lo que se origina y termina en  la nada y en el ensueño. Se trata de la “Operación Atlántida en Doñana”, como he denominado, y que supuso el desborde informativo a escala planetaria.

En los meses de marzo o abril de hace unos años, creo recordar, me llamaron por teléfono y me escribieron numerosos emails unos colegas españoles y extranjeros interesándose por los vestigios localizados, al parecer, en Doñana e interpretados como los vestigio de la ciudad de la Atlántida, que habían leído en medios de difusión de importancia como la BBC o la National Geographic. Me quedé perplejo y comencé a indagar sobre todo lo publicado, con la creencia de que se trataba de una noticia sensacionalista de verano. Hallé, en efecto, artículos que anunciaban con titulares espectaculares el descubrimiento de la Atlántida. Puesto que no se trataba de eruditos ocasionales, desconocidos, sino de profesionales prestigiosos, creí que habría que creerlo y que no era sólo una noticia de verano, que son las que rellenan los tiempos y páginas de informaciones poco relevantes en las épocas de vacaciones. Todo conducía a concluir que los restos vislumbrados en Doñana podían corresponder a la descripción de Platón de la Atlántida.

Aunque algunos investigadores habían sostenido, interpretando a Platón, más allá de lo que el filósofo quiso decir en su descriptivo texto, que la Atlántida se hallaba tras las Columnas de Hércules, cerca de Cádiz y con probabilidad en Doñana, hoy marisma y hace más de tres mil años estuario y lago, no ha sido hasta 2003 y 2004 cuando los hallazgos supuestos han adquirido un alcance mediático extraordinario y resultados científicos francamente inexistentes. Un equipo de investigación de la Universidad alemana de Wuppertal, bajo la dirección profesor R.W. Kühne, halló en 2004, a través de algunas imágenes de satélite formas aproximadas  circulares que interpretaron como los diferentes anillos con los  que describe Platón  la estructura de ciudad de la Atlántida. Sugería también que, debido a su situación geográfica, podría tratarse de la ciudad de Tartesos, buscada allí por A. Schulten y G. Bonsor a comienzos del siglo XX, sin éxito, como cabía suponer.

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Esas fueron algunas razones que indujeron a Sebastián Celestino, del CSIC en el Instituto de Arqueología de Mérida, a investigar, desde 2005 a 2009, en ese lugar para comprobar la existencia de asentamientos humanos desde los tiempos prehistóricos. No eran los objetivos el hallazgo de la Atlántida, sino que los vestigios fotográficos correspondiesen a poblados antiguos.  Mas el proyecto se complicó.  Cuando se actúa en un lugar que lleva ya grabados topónimos indelebles, como la Atlántida y Tartessos, es difícil eludir el tema y sus implicaciones. Por ello, varios medios españoles, como Huelva Información, anunciaron que “el CSIC había comenzado la búsqueda de la Atlántida en Doñana”, tras el titular de que “El CSIC inicia las primeras catas arqueológicas en la Atlántida” -30/08/2009-, pese al malestar del dr. Sebastián Celestino y a sus manifestaciones de que la Atlántida“no deja de ser una fantasía o una quimera en el imaginario popular”, y que sólo se había hallado restos calcolíticos y romanos en el Cerro del Trigo.

Y olisqueando estas informaciones, con las fotos aéreas mostrando los círculos y el nombre de la Atlántida, llegó hasta aquí el profesor R. Freund, de la Universidad de Hartford en Conneticut, acompañado de subvenciones y medios de comunicación,  y ofreció su colaboración en unas pruebas geofísicas, planificadas antes por el CSIC, y  conseguir el dinero a cambio de que una productora que trabajaba para National Geographic filmara los trabajos que se hicieran. Comenzó una nueva historia que un artículo de El Mundo, en 2011, tituló “El  `pirateo´ de la Atlántida”, en el que se denunciaba la apropiación de datos por el colega americano que afirmaba el 13 marzo de 2011 en el National Geographic Channel (USA) y en documental “Finding Atlantis” –Encontrando la Atlántida- que sus trabajos habían hallado la ciudad sumergida en Doñana. Lo que viene después es una historia, que omito, de trifulcas y descalificaciones.  En suma, la Atlántida NO se ha encontrado ni se halla Doñana, sino en la mente y en el deseo, mientras Platón sonríe en su tumba. Sin embargo, continúa el misterio y prosigue la búsqueda. To be continued.

 Y si alguien me pregunta qué pienso de la Atlántida, le contesto que es uno de los sueños más hermosos de ciudad organizada que he leído y que he escuchado sus ecos con deleite gracias a la música de Manuel Falla y a los versos de Jacinto Verdaguer que cuentan su historia.  Y creo que es bastante y de agradecer a Platón y a todos los que han escrito sobre esta ciudad ideal hasta el día que publico este artículo. Todos han soñado el mundo mejor posible. Es eso la utopía y el progreso.




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