jueves, 14 de enero de 2016

DE NUESTROS ACADÉMICOS. Crítica de un libro de José Luis Alonso de Santos

Las palabras mágicas

Así titula José Luis Alonso de Santos el último capítulo de El niño bisiesto (Kalandraka Editora, 2015, Colección 7 leguas), un delicioso libro magníficamente editado con ilustraciones de Federico Delicado.

Hacía mucho tiempo que no leía un libro infantil, y curiosamente el último fue ¡Una de piratas!, también de Alonso de Santos. Y es que este prolífico autor, más conocido por sus obras de teatro, ha escrito también para niños y jóvenes. Mi amiga Coral, profesora de Lengua y Literatura en un conflictivo instituto de un barrio marginal de Sevilla, cuenta como el único libro que consigue que terminen de leer sus alumnos es Yonquis y yanquis (1996), y no sólo por el tema de la obra, sino por la cercanía de su palabra. Y es que José Luis Alonso tiene el don de crear magia con palabras.

El niño bisiesto no es sólo un libro infantil. Es mucho más. Ameno, divertido, muy fácil de leer, con unas ilustraciones luminosas, claras y que se ciñen completamente al texto.

Son 93 páginas divididas en 11 capítulos que nos va desvelando la forma de pensar de un niño de 10 años, Dani, nacido un 29 de febrero. Dani se siente el 'raro' del cole y de su casa. Es, además, un poco trasto y le ocurren situaciones cómicas, aunque para él sean trágicas. Y él mismo las cuenta de forma muy sencilla, directa y franca.

Al principio de cada capítulo encontramos un pequeño verso, ingenuo, divertido pero lleno de hondura poética: "Leer un libro/ es comer palabras/y, de postre,/los puntos y las comas”

Los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos de los pequeños problemas de un niño, en realidad son los grandes problemas de los adultos: la familia, el miedo al ridículo, el amor, lo diferente, el futuro, el presente, los compañeros…, en suma, la vida. Los mayores sólo tenemos una ventaja sobre ellos, el tiempo que llevamos planteándonos los problemas. Yo veo a Dani, el protagonista, como un pequeño náufrago perdido en una inmensidad de personas, situaciones y sentimientos que no sabe cómo ordenar. Y de pronto encuentra la tabla, la solución: la palabra y la literatura. No todos los adultos encuentran su fórmula para poner orden al caos de la vida.

Dani encuentra en la palabra la forma de organizar su pequeño mundo. Alonso de Santos le ofrece "el mayor tesoro de todos los que existen, poder contarle tus cosas a los demás, para que, al leerlas, lo pasen bien, les gusten, se diviertan y dejen de sentir que nadie los entiende. Mientras haya libros, nadie se sentirá solo”.

Yo también conozco a un niño bisiesto. Juan Luis, mi primo de Jerez, unos cuatro años menor que yo, un niño rubio, guapo, risueño y dulce que, por lo que oía comentar a los mayores, tenía algo distinto, que yo no entendía y que me parecía entonces grave, muy grave. Pero por mucho que lo observaba, no encontraba su 'defecto', y cuando entendí que el problema era del calendario y no de él, respiré aliviada. Entre todos mis primos, y tengo muchos, él es para mí muy especial, quizás porque los bisiestos lo son. 

Gracias al mago de las palabras, Alonso de Santos, por este regalo que enseña a los jóvenes a vivir y a los mayores a recordar las cosas importantes de la vida
Carmen Cebrián González

Académica y presidente de Santa Cecilia

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