miércoles, 7 de septiembre de 2016

CINE. "Julieta"


         Después del estrepitoso fracaso de su anterior película “Los amantes pasajeros”, vuelve el mejor Almodóvar con un drama denso, serio, profundo y de una gran belleza visual.  Acostumbra a hacerlo. Es cierto que su fama se la han dado las comedias, comedias alocadas con un estilo propio que le abrió los mercados de todo el mundo. Paradigma de su etapa más desenfadada es su “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, pero podríamos referirnos a otras muchas desde su inicial “Pepi, Luci, Bon y otras chicas del montón” hasta “Kika” aunque sus mayores éxitos han sido dramas como “Todo sobre mi madre” o “Volver”.

            Ahora nos ofrece un melodrama basado en tres cuentos de la premio Nobel de Literatura canadiense Alice Munro, "Destino", "Pronto" y "Silencio" en cuanto a la historia, centrada en el universo femenino y en el pintor británico Lucian Freud y el norteamericano Edward Hopper cuya obra no aparece explícitamente pero está latente en toda la película.

El film nos habla del complejo de culpa, de la maternidad, del abandono inexplicable, del dolor provocado innecesariamente y de los peligros de oír cantos de sirena cuando no se tiene una fuerza moral bien arraigada, terreno propicio para la actuación de las sectas que tanto daño han causado en personas jóvenes.

Como ya hiciera Buñuel en “Ese oscuro objeto de deseo”, también Almodóvar en esta película hace que su protagonista, Julieta, sea interpretada por dos actrices diferentes, en dos momentos distintos de su vida.  Adriana Ugarte y Emma Suárez son las encargadas de dar vida a esta mujer atormentada por el abandono y olvido de su hija.  Michelle Jenner es la amiga de la hija desaparecida, Inma Cuesta la artista vecina y amante ocasional de la pareja de Julieta y padre de su hija (Blanca Parés), un hombre, un pescador gallego interpretado por Daniel Grao, Rossy de Palma, la mujer que cuida de la casa de y un amigo encontrado en plena madurez, Darío Grandinetti, además de otros personajes interpretados por  Nathalie Poza, Joaquín Notario o Susi Sánchez todos acertados en sus cometidos.

 

La película es totalmente almodovariana, tanto en la narración como en la estética y factura formal. Esos planos grises con un personaje vestido de rojo atravesando la pantalla de lado a lado, esos primeros planos contrapuestos a esos grandes cuadros referentes de la película, esos contraluces fuertemente contrastados, o ese ciervo corriendo paralelamente al tren en el que la protagonista viaja. Todo nos remite a ese mundo que siempre nos ha ofrecido Almodóvar y que en este caso tiene mucho que ver con los universos personales e intelectuales y filosóficos de directores como Antonioni o Bergman.




La coincidencia del estreno de la película con la inclusión del nombre del director manchego en el escándalo financiero de los “papeles de Panamá” hizo que el director abandonase la promoción del film nada más comenzar lo cual ha hecho que este estreno haya sido uno de los que menos éxitos haya tenido de todos los de Almodóvar lo cual no se corresponde en absoluto con la calidad de la película.  Parece ser que él en otro tiempo admirado y premiado director de la Movida ha entrado en una etapa de desamor por parte de la crítica lo cual es muy frecuente en España en todas las disciplinas artísticas, literarias y culturales en general. Ganarse el favor del público y de la crítica es la tarea que se le presenta ahora a Pedro Almodóvar para lo cual tendría que ganar un nuevo Oscar o, lo que más desea en la actualidad, la Palma de Oro en Cannes

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