miércoles, 13 de julio de 2016

Inagotable poesía




La mañana en el lago fue deliciosa, incluso tomé unos minutos para darme un chapuzón en sus aguas, muy frías. Borges estaba sentado en un especie de hamaca en la que no se podía mover muy bien, me pidió que lo ayudara a levantarse de allí y que lo llevara a otro asiento más cómodo con buena sombra. Parecía disfrutar de todos los sonidos que le envolvían: gritos de niños, conversaciones en voz alta, chapoteos de juegos en la orilla; risas, muchas risas. Él dirigía sus ojos de un modo involuntario hacia el centro del lago y sus labios esbozaban un sonrisa satisfecha. Le pregunté si quería mojarse los pies, me contestó que no, que estaba bien tal como estaba. Un camarero del balneario nos trajo unas bebidas muy frescas de un bar rústico a unos treinta metros de donde estábamos.
       En aquellas casi dos horas hablamos de muchas cosas, el comienzo fue una pregunta a la que respondió de un modo que no comprendí bien.
       ─Me sorprenden siempre, en sus cuentos, las citas de libros y autores que no existen. Recuerdo ahora el precioso relato “El idioma analítico de John Wilkins”, el de un tipo que inventó un idioma muy singular. Ahí nombra varios libros inexistentes, imaginados, recuerdo el primero: “An Essay Towards a Real Character and Philosophical Language”. ¿Por qué lo hace tan a menudo? Es una curiosidad que tengo.
       Siguió con los ojos fijos en el centro del lago y empezó a reír. Al cabo de unos instantes contestó preguntando:
       ─¿Un icono?, ¿un símbolo?, ¿una diversión?
       Permanecí callado unos instantes y él prosiguió:
       ─Un día dije que la vida es soportable porque ocurre en tajadas. Uno se levanta, se afeita, se desayuna. Va haciendo las cosas lentamente. Por eso la vida es menos espantosa. Quizás el quehacer de la literatura exige también esas rebanadas de diversión y descanso. Míralo así.
       No supe que decir y le asalté de nuevo:
       ─Todo lo que he leído de usted o es poesía o está impregnado de poesía, parece que es algo primordial en toda su obra, ¿no?
       ─Por supuesto… por supuesto. La poesía es algo sustancial, íntimo; es clave. También es indefinible; algo tan crucial como la poesía no puede definirse sin que se evapore su esencia ─levantó su mano izquierda a poco menos de un palmo de la empuñadura del bastón y añadió─: Siempre me quedo con lo que dijo Platón: “La poesía es esa cosa liviana, alada y sagrada”.
       ─Tengo ganas de leer su libro “Evaristo Carriego”, aún no he tenido ocasión de hacerlo, no lo he conseguido. Creo que lo publicó en 1930 y parece que en él expresa la idea de que la poesía es ante todo un hecho estético cosa que concuerda con la definición de Platón, ¿es así?
       Quedó un poco ensimismado. Al cabo de un buen rato dijo lo siguiente:
       ─Después es muy posible que María K. te pueda proporcionar algún ejemplar o alguna copia del “Evaristo Carriego” ─Giró su cabeza hacia donde yo estaba─. Ahora, probablemente, lo escribiría de un modo diferente; el tiempo todo lo erosiona. Aún recuerdo muchos versos de Evaristo.
       Y recitó lento:

       ─¿Por dónde íbamos? ─me preguntó.
       ─Por el ‘hecho poético’ y por el ‘hecho estético’.
       ─¿Nos vamos? María ya debe estar esperando ─Apoyó fuerte el bastón e hizo ademán de levantarse.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia



4 comentarios:

  1. He leído los cuatro seguidos y como docente los veo muy acertados para dar a conocer a Borges y su literatura. Un idea muy buena y se leen con mucha facilidad.

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  2. Me parece que será mi serie favorita.
    escritos asi hacen lectores. Muchas gracias a la academia.

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  3. Didáctico. Punto de partida para conocer o profundizar en la literatura de Borges. Difícil y sencilla. Poesía y filosofía se funden desde el comienzo.
    Este artículo como los anteriores nos conducen a la lectura emigmática borgiana.

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  4. Didáctico. Punto de partida para conocer o profundizar en la literatura de Borges. Difícil y sencilla. Poesía y filosofía se funden desde el comienzo.
    Este artículo como los anteriores nos conducen a la lectura emigmática borgiana.

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