martes, 2 de agosto de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (272)

Ahijarse la cuna de Cervantes

MIGUEL de Cervantes Saavedra, ha sido un personaje cuya existencia histórica apenas se conoce. Debido al silencio de los archivos, se ignora, en efecto, casi todos los años de infancia y adolescencia. Cuatrocientos años y cuatro meses después, continúa siendo  un enigma; en relación a su vida abundan las medias evidencias, las omisiones y las falsedades a medias que no esclarecen nada. “Del hombre que era Cervantes se nos escapa su vida, la de todos los días”.

“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. Este enunciado, repetido millones de veces en todos los idiomas, se ha convertido en uno de los enigmas que más cavilación ha causado en todas las personas que han tratado de resolverlo. Cervantes con su ingenio, silenció por algún motivo especial que, él solo sabría, eldetalle fundamental, de omitir el lugar que le vio nacer, su cuna.No quiso decir de forma explícita cuál fue su lugar para que:

"Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete Benengeli puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero". ('Don Quijote', segunda parte, capítulo 74).El resultado conseguido  fue exactamente lo contrario, ya que al día de hoy siguen siendo varios los lugares, fundamentalmente manchegos, que se lo disputan.

Es tan poca la documentación irrefutable de Cervantes, que cualquier documento que apareció, y sigue apareciendo, con el nombre de Miguel de Cervantes es atribuido al escritor del Quijote, sin estimar que pudo haber dos, o más Migueles, y de primer apellido Cervantes en aquellos años.


En abril de 1616, lastrado por las heridas de guerra, por la pobreza y las penas del alma, Cervantes enferma de gravedad y, tras recibir los últimos sacramentos, escribe el que sería su último texto:

“Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, ésta te escribo. Ayer me dieron la extremaunción, y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir…”Nunca imaginó lo que el tiempo tenía reservado para él.

Cervantes muere en Abril de 1616, siendo enterrado, en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, como reza la partida de defunción encontrada por Blas de Nasarre, bibliotecario mayor del rey Fernando VI, en la iglesia parroquial de San Sebastián de Madrid en 1749. Realmente ahora se sabe el lugar exacto donde se encuentran, junto con los de su mujer y otros restos, pero no ha sido posible, al parecer la datación de sus huesos, con lo que se ha perdido una magnífica oportunidad de conocer los años del varón encontrado con la mano atrofiada. 

Quizá es ahora también el momento de investigar, sin miedos al resultado, su verdadera vida, incluso su cuna. Les recomiendo que si tienen ocasión viajen por la Ruta de El Quijote que a tantos eruditos y artistas atrae en busca de la inspiración que encontró por esas tierras nuestro gran escritor.
Antonio Leal Giménez
Académico de Santa Cecilia

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