martes, 6 de septiembre de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (277)

Corazón roto
           
            Aristóteles fue el primero, como en tantas otras cosas, en plantear de forma sistemática el fenómeno de la corrupción de los cuerpos celestes como fase inherente a la misma generación, pero diferenciados ambos fenómenos de los procesos de alternancia, aumento y disminución. En este campo el proceso de generación implica las ideas de acción, pasión y acción recíproca que dan o abren  paso al proceso de corrupción.
            El otro ámbito al que esta dinámica se puede aplicar, y Aristóteles aplica, es a las formas de gobierno injustas que degeneran y se transforman en corruptas. Formas de gobierno que no solo representan una estructura política sobre la cual se ajustan las relaciones sociales, sino, sobre todo, una forma compartida y participada de gestionar esas mismas relaciones sociales más allá de la propia estructura política. Es lo que se ha llamado sociedad civil, aunque algún autor lo ha llamado también, de forma poéticamente filosófica, el fuste torcido de la humanidad, sirva tanto su sentido kantiano como berliniano.

           
Probablemente, con respecto a la corrupción lo mas importante sea la actitud que adopta esa sociedad civil. Entiendo por sociedad civil, todos y cada uno de los individuos que componen la sociedad tanto cuando actúan a nivel personal como cuando lo hacen a nivel colectivo. Y por corrupción... bueno, esa práctica que consiste en utilizar recursos públicos en provecho propio o de allegados.
            Lo primero que habría que plantear es que la corrupción afecta, por tanto, igualmente a individuos como a instituciones, "organizaciones" las llama Ortega.
            A partir de este hecho, las relaciones transversales que pueden producirse, y con respecto a las cuales podemos, debemos y estamos obligados a adoptar una actitud, podrían ser las siguientes.
            Individuos morales ocupan instituciones inmorales, y nuestra actitud, generalmente, consiste en intentar mejorar o hacer mejores instituciones.
            Una segunda posibilidad, pasa por la toma de instituciones morales por parte de individuos inmorales, y en este caso echamos y llevamos a los tribunales a los golfos.
            Una tercera posibilidad considera el acceso a instituciones inmorales por individuos inmorales, y entonces, me permito citar directamente a Mills, "seguimos el consejo de Jefferson y vamos a la rebelión" (Wright Mills, 1952).
            La última posibilidad, por su obviedad, ni la menciono. Pero tendemos a conservar este caso como paradigma referencial, es decir positivo, del resto de nuestras interacciones sociales.

¿Qué significa, qué indica, de cualquier forma, que la corrupción como "uso" social esté tan presente y arraigada en nuestra sociedad total? Simplemente que los valores morales sobre los que sosteníamos nuestra conducta, básicamente la libertad y la razón o inteligencia, han dejado de valer, justificando así la no asunción de responsabilidad moral, dejándonos ahora sí el corazónruptus- roto.
Miguel A. Pastor Pérez
Académico de Santa Cecilia

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