viernes, 7 de octubre de 2016

Aquel día no estaban

«De mi credo literario puedo aseverar lo que del religioso: es mío en cuanto creo en él, no en cuanto inventado por mí. En rigor, pienso que el hecho de postularlo es universal hasta en quienes procuran contradecirlo.
            Este es mi postulado: toda literatura es autobiográfica, finalmente.»
Borges. “El tamaño de mi esperanza”, (1926).
«[…] Sí, los solitarios de Beckett son todos novelistas, Y novelistas que saben que están inventado, ─construyendo su propia vida─. Como cualquier hombre. Como usted y como yo. Pero cuentan una historia pasada. Esto también adquiere sentido si tenemos en cuenta que toda historia comienza por un final. Toda vida con la muerte.»
De un prólogo de “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett

Borges es un hombre sano, rara vez ha estado enfermo en su ya larga vida. Hace un par de años, creo que en el 78, fue sometido, en Buenos Aires a una operación de próstata. Se dice que él insistió en que sólo se le aplicase anestesia local y que estuvo de charla con los médicos durante la intervención. Desde luego, aunque me carcome la curiosidad, soy incapaz de preguntarle por qué lo hizo. Ayer dijeron que tendrían que ir a visitar al médico para una revisión, que los recogería un taxi muy de mañana. Imagino que irían a la ciudad que estaba a un poco más de medio centenar de kilómetros. Cuando salí de la cama hoy ─y abrí la ventana─ ya no vi ningún movimiento en su cabaña.
         Aquel día quise aprovechar para poner en orden mis notas. En la mesa tenía desparramadas más de cuarenta hojas de papel de distintos tamaños y una exigua libreta.
         Había tenido un sueño, aunque también podría calificarlo de pesadilla. Intervine en una conversación con Estragón y Vladimiro ─personajes de “Esperando a Godot” de Beckett─. No recuerdo en qué términos había participado. Es posible que, dentro de mi ingenuidad, tratase de convencerlos de que aún había soluciones para el hombre, que todavía es posible encontrar una filosofía ilusionante que ayude a lograr, para la humanidad, soñadas metas. Estragón y Vladimiro reían y saltaban a mi alrededor, cantaban una letra extraña que decía: “no creemos en los profetas, ni en los filósofos, ni en los políticos, ni en los caminos…”
         Después se acercaron a mí, uno por la izquierda y otro por la derecha. Gritaron en mis orejas al unísono: “cada uno de nosotros sólo entiende su propio lenguaje, somos incomunicables, no existe lenguaje capaz de comunicarnos con otro ser”.
         La aparición de estos personajes en el ensueño no había sido casual. Ayer hubo un momento en el que le dije a Borges:
         ─Usted, Kafka…, Beckett, Proust y Joyce son autores de difícil geometría.
         Provoqué uno de esos largos silencios que después él rompía con una sonrisa y su voz de palabra a palabra.
         ─Hace pocos meses el señor Richard Kearney me preguntó, creo que para un libro que estaba escribiendo, mi opinión sobre Beckett, quería mi opinión más sincera. No tuve más salida que decirle que me parecía muy tedioso. Hace algún tiempo vi su obra Esperando a Godot y eso fue suficiente para mí. Me pareció que era una obra muy pobre argumentalmente. Aún no comprendo para qué tomarse la molestia de esperar a Godot si él nunca llega. Qué cosa tan aburrida. Después de eso, ya no tuve deseos de leerlo.
         Luego añadió:
         ─Me gusta eso que has dicho de difícil geometría.
         También le comenté que todos los autores citados tienen una gran carga autobiográfica en sus obras, y le recordé su frase: Este es mi postulado: toda literatura es autobiográfica, finalmente”. Del libro de 1926 “El tamaño de mi esperanza”.
         ─De ese libro no quiero hablar, me avergüenzo de él. Y lo malo es que, a lo peor, cuando yo esté muerto habrá alguien que saque a relucir ese libro e incluso diga que es lo mejor de todo lo que he escrito. ¡Qué horror!
         Reí de buena gana al ver su reacción tan apasionada. Después comentó:
         ─No sabes la cantidad de ejemplares que he quemado del maldito libro, y el dinero que  he gastado en comprar ejemplares del mismo para tirarlos a la hoguera.
         Preparé un café y salí al porche a tomarlo.
         Había ido a pasar una temporada en aquel balneario con la intención de escribir una novela histórica cuyo personaje central era el padre de Galileo: Vincenzo Galilei. Galileo tomaba parte en la novela como narrador. Vincenzo fue una figura relevante en la vida musical del final de Renacimiento italiano y contribuyó a la revolución musical que marca el principio del Barroco. Quería centrarme, sobre todo, en la Camerata Florentina o Camerata Bardi ─grupo del que formaba parte el padre de Galileo─ y en el protagonismo de éste en el nacimiento de la “ópera”.  El encuentro con Borges y María K. dio al traste con todas mis intenciones.
         Por el camino pasaba ahora el viejo jardinero con su carromato hacia el parque de los chopos. Su medio cigarrillo pegado a los labios. Lentos ambos, acompasados.
         Recordé “El sueño” (“El otro, el mismo”, 1964):
Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
         Levanté la taza de café a la altura de la boca, el aroma subió por la nariz al cerebro mezclado con los de la mañana…
         No le gustaba Beckett. Un escritor maldito con el Premio Nobel, amigo íntimo de Joyce, un heredero directo de los perversos de todas las épocas desde Heráclito a Nietzsche. Tenemos un mundo edificado sobre el pensamiento de los clásicos, es decir modelos; arquetipos que la sociedad ─el mundo─ eligió como guía y ejemplo.
         Bebí el poco del café que quedaba de un solo sorbo. Me di cuenta que hablaba en voz alta y continué:
         ─¿Qué hacemos cuándo hablamos a los demás? ¿Es lo mismo que cuándo hablamos solos? ¿Escuchamos nuestros propios ecos en ambos casos…? ¿Qué buscamos? ¿A quién hablamos? Quizás queremos escucharnos…, eso nos calma.
         ─El mundo los eligió como guía y ejemplo… ─repetí al aire. Aquel que se aparta de la tradición es un malvado. Y sin embargo, los antiguos modelos han demostrado en todo su inoperancia, su incapacidad, para mantener coherente y estable nuestro mundo de hoy. ¿Tendrán los malditos la solución? ¿Tendremos la necesidad de volver la cara hacia ellos? ¿Deberemos salir de aquellos raíles que se construyeron con Sócrates, Platón y Aristóteles a la cabeza?
         Tomé asiento en la mecedora que tenía justo atrás. Vi a las señoras que trabajaban en el mantenimiento de las cabañas salir de la de Borges. En pocos minutos estarían aquí. Chirriaron las maderas del porche con el balanceo.

         ─Mucho del pensamiento actual se ha vuelto hacia los proscritos ─seguí hablando en voz alta y meciéndome─. Literatura, arte, filosofía… Y la ciencia misma. La ciencia sigue en un brutal ritmo de crecimiento que sorprende; y crece así porque se apartó de la división que los «clásicos» habían establecido para el mundo: el mundo de los “hechos” y el mundo de las “ideas”.
         Las mujeres se pararon a mitad del camino, conversaban y fumaban.
         ─Probablemente, por eso, el hombre ─un hecho─ sigue sin conocerse a sí mismo. Hace más de dos mil quinientos años que eligió el mundo de las “ideas”.
         Una vez de pie apoyé el brazo sobre uno de los postes del porche y miré a los lejos.
         ─Ideas, abstracciones, categorías, conceptualizaciones, nociones…
         Entré para recoger los papeles de la mesa y me vino a la memoria ─no sé el motivo─ que Neruda y Borges siempre se mantuvieron a respetuosa distancia. Neruda, era un poeta más próximo al brillo mundano, era un poeta sensual con intereses alejados de la concepción más abstracta e inconcreta que tenía Borges de la literatura.
         ¿Es Borges de los malditos?
         Llegaron las mujeres. Decidí pasear hasta el lago para darme un buen baño.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia


8 comentarios:

  1. Me gusta mucho el artículo de hoy porque Borges no es el que expresa lo que siente. Hoy, el plato fuerte, es el pensamiento del escritor.
    Destacó, el porqué me gusta mucho, la idea que en contraposición al pensamiento de los personajes de "Esperando a Godot" el hombre puede seguir teniendo la facultad de ilusionarse y luchar para conseguir metas, sin eso ¿qué seria la vida?
    Otra cosa que me llama la atención es comprobar que es verdad el dicho de: "El hombre propone, pero Dios dispone", el simple hecho de encontrarte con unas personas, puede cambiar todos los planes que hacemos.
    También me demuestra este escrito, que afortunadamente, el pensamiento único no existe, Borges aborrece un libro que ha escrito, pero como muy bien dice, puede haber alguien al que le parezca el mejor, creo que eso es muy enriquecedor.
    Y en cuanto al hecho de hablar en voz alta estando solo, creo que casi todos lo hacemos y es la forma mejor que tenemos de enterarnos de todo lo que tenemos dentro. Enhorabuena por éste nuevo y estupendo escrito.

    ResponderEliminar
  2. Como dices en tu "facebook" lo has dejado sedimentar, y ha sedimentado de maravilla. Pero no solo. Tú lo has puesto ahí. Y lo has puesto muuuuyyyyy bien. Se nota que estabas inspirado cuando lo has escrito. Sé que siempre te digo que me ha encantado y es verdad pero hoy te has superado. Te lo estas poniendo difícil. Seguramente tu imaginación da para esto y más lo que ocurre es que tus lectores nos vamos a volver más exigentes.
    Muchas gracias por este regalo. Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Mi querido "profe", después de leer este escrito me ha quedado una sensación especial que solo puedo compararla con lo que en términos taurinos se llama lance a “porta gayola”, parece como si usted, el escritor, se hubiera situado de rodillas enfrente de la puerta de toriles y cuando el bicho embiste le da una magistral larga cambiada con la capa; más no le puedo decir. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Querido Ignacio, muchas gracias por tu articulo de hoy que nos permite conocer, mejor si cabe, a Borges, un Borges que, gracias a ti, aparece ante nosotros sin complejos, sin ocultar ni disimulat sus verdaderos sentimientos, su consideracion de la realidad que le rodea pero, gracias a ti tambuen, Borges nos ofrece suvision de la cultura sin seguir las directrices de la Comunidad Intelectual. Borges, tu Borges, esta por encima de modas, de rebdencias, de criterios universalmente aceptados. Tu articulo de hoy es muy valiente, Ignacio, muy arriesgado. Gracias.

    ResponderEliminar
  5. Un día Ignacio me explicó de una forma fácil la diferencia la dintinción entre los "hechos" y las "ideas".
    Hechos: "2+2=4", Ideas: "2+2=4, sí pero...".
    A mí me quedó muy claro que nuestra civilización ha estado, y está, dominada por el "2+2=4, sí pero..." y no por los "hechos".
    Gracias profesor me están gustando mucho todos los escritos.

    ResponderEliminar
  6. 2+2=4 sí pero... y bla, bla, bla, bla..., hasta que 2+2=10 y esto es lo que se sigue vendiendo.

    ResponderEliminar
  7. 2+2=4 sí, pero opinamos y bla,bla,bla y... o sea 2+2=3 y me llevo una. La Iglesia ha sido siempre la gran ocultadora de los hechos y la que propagado "ideas" contrarias a los hechos.

    ResponderEliminar
  8. Fantástico relato. Qué sería de nuestra existencia sin el mundo de las ideas. Me pregunto
    Hoy, profesor, nos transmite pensamientos profundos sobre la creación literaria. ¿Realmente el escritor es libre o en la sustancia literaria se deja ver reflejos autobiográficos?
    Podemos admitir la difícil geometría en ciertos autores -Joyce,V. Woold, Proust- y a la vez extender nuestro pensamiento a sus excéntricas , o tal vez alocadas personalidades.

    ResponderEliminar