domingo, 9 de octubre de 2016

CINE (“ELLE”, de Paul Verhoeven)

“ELLE”, de Paul Verhoeven
                                              
       
Después de su presentación en Cannes, la última película del director de “Instinto básico” o “El libro negro”, maravillaba a la crítica y al público en su proyección en San Sebastián dentro de la sección “Perlas de otros festivales”.  Realmente pienso que esta es la mejor película de este director que además de las ya mencionadas tiene en su haber otras como “Robocop”, “Showgirls”, “Delicias turcas” o “Desafío total”. Es un provocador nato y a veces acierta y a veces no, pero esta vez ha dado en la diana.

La historia es sencilla. Una mujer de mediana edad, divorciada, liberal, directora de una empresa productora de videojuegos, es atacada en su casa por un desconocido y violada brutalmente.  Desde ese momento trata de descubrir por cualquier medio a su atacante. Sospecha de todos aquellos con los que tiene alguna relación, sobre todo de sus empleados con alguno de los cuales ha mantenido fuertes diferencias en cuanto a la forma de dirigir la empresa y enfocar el contenido y realización de los videojuegos. También se fija en sus vecinos con alguno de los cuales mantiene diferencias en cuanto a política y religión y la forma de afrontar los problemas éticos y morales. También piensa en su círculo de amigos y en su propio exesposo.



Verhoeven, como provocador que es y además con la ayuda de una actriz tan expresiva como Isabelle Hupert, juega con el espectador haciéndole dudar de todo lo que ve, incluso de los sentimientos de la protagonista. Los ataques del violador, cada vez más brutales, se suceden una y otra vez a pesar de o cual ella no lo denuncia a la policía.  Cada vez que entra en casa, inquieta y nerviosa, vigila algún movimiento extraño, algún ruido en la puerta o en las ventanas pero el ataque siempre se produce por sorpresa y de forma instantánea y violenta.  ¿Teme el ataque o lo espera? Finalmente logra descubrir quién es el violador pero ella es una mujer liberada, abierta a cualquier experiencia, francesa, arropada por un ambiente propicio de libertad de costumbres y de tolerancia y, conseguido su objetivo, de descubrir a su atacante, no necesita vengarse, ni hacer pagar su culpa al violador. Es una mirada corrosiva a la volubilidad del deseo, pero es también una comedia cruel sobre la familia, una reflexión muy seria sobre la condición femenina y un estudio valiente y, no exento de ambigüedad, sobre el sentimiento de humillación-placer, de una mujer violada.

 Continúa su vida en compañía de sus amigos, feliz de saber que ninguno de sus empleados era el causante de los ataques y tampoco ninguno de sus amigos más íntimos y contenta también en el fondo, de a pesar del paso de los años, sentirse deseada sexualmente, sentirse joven y capaz de enfrentarse al mundo, un mundo moderno, libre, culto, sin problemas económicos, sin ataduras familiares ni políticas ni religiosas, un mundo hedonista, consumista, tolerante y solidario pero sin raíces profundas que  le sirvan para cubrir las muchas carencias que tiene, la falta de amor y de perspectiva de futuro.

La película ha sido seleccionada por Francia para optar al Oscar de mejor película de habla no inglesa.
Jesús Almendros Fernández
Crítico literario, socio colaborador de la Academia

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