martes, 25 de octubre de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (283)

EL MECENAZGO,  EL PRESENTE Y FUTURO DEL ARTE



La  historia del Hombre no se entendería sin el arte. La capacidad creativa es la que otorga al ser humano la característica diferenciadora  respecto a otros seres vivos.
El arte, la cultura, enriquece y catapulta más allá de lo que vemos y palpamos. Es nuestro «pan» intelectual, social, recreativo y evasivo. Nos ayuda a entender nuestro pasado, a ver nuestro presente y a imaginar o adivinar nuestro futuro.
Pero para que las distintas manifestaciones artísticas puedan darse es necesario que el  Estado no sólo contribuya con dinero público en los sectores artísticos sino que, además, otorgue a la ciudadanía la oportunidad de implicarse, de ser parte de la producción artística.
El mecenazgo (el patrocinio de personas físicas  y empresas privadas de producciones artísticas)  produce un doble beneficio: ayudan al crecimiento de la industria cultural y genera publicidad positiva a  los patrocinadores.
En España, la figura del mecenazgo encuentra su apoyo normativo en la ley 49/2002 que permite desgravar hasta un 25% de IRPF  de lo aportado a instituciones artísticas a las personas físicas y hasta un 35% del Impuesto de Sociedades a las empresas. Y aun así, estamos muy lejos de lo que sucede en países vecinos como Francia (en torno al 60%) e Inglaterra (alrededor del 70%).
Desde hace años, los sectores implicados —artistas, creadores, productores y posibles patrocinadores— consideran necesario una reforma de la ley. Nunca llegaremos al nivel de Estados Unidos donde la desgravación fiscal puede llegar a la totalidad de lo aportado pero sí queremos crear industria lejos de la subvención,  de la mano protectora e intervencionista de las instituciones públicas tendremos que acercarnos a las legislaciones francesas o inglesas.
La nueva ley de mecenazgo debe atender las  propuestas y dilemas del sector. Hay que determinar su campo de acción, si se limita a las entidades culturales públicas o se incorpora también las privadas. Se tiene que incentivar la cultura del mecenazgo, más propia del mundo anglosajón pero que poco a poco puede ayudar al desarrollo económico y cultural del país. Y sobre todo, ampliar el porcentaje de desgravación. ¿Llegar al 50%?
¡Qué mejor manera de contribuir a la sociedad que la financiación  de las distintas disciplinas creativas! El objetivo es ir sustituyendo la cultura de la subvención por la cultura de la desgravación.
El arte no sería completo (y nosotros tampoco) sin figuras como Horacio, Virgilio, Miguel Ángel,  Van Dick  o Voltaire que han llegado a nosotros gracias a "benefactores" como Cayo Mecenas,  el Pontífice Julio II, sir Endymion Porter  o Federico II de Prusia. En nuestras manos  está que las futuras generaciones no se vean privadas de las obras artísticas de nuestro tiempo.
Rocío Pérez Izquierdo
Colaboradora de Bellas Artes Santa Cecilia

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