martes, 15 de noviembre de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (286)

Puerto Potemkin

Muchos sabrán  por qué se llaman “pueblos Potemkin” aquéllos que son sólo fachada que oculta la desastrosa realidad detrás.

Cuenta la leyenda que el mariscal Grigori Potemkin, favorito de Catalina II de Rusia, hizo levantar fachadas bellamente decoradas a lo largo del recorrido que ésa debía hacer por la recién conquistada Crimea.
Se trataba de esconder de esa forma la miseria bien real en la que vivían sus habitantes y engañar a la zarina, cosa que su amante consiguió plenamente.



A veces pienso en esa anécdota de la historia de Rusia cuando paseo por las calles de El Puerto, me fijo en alguna fachada recién pintada, pero, al mirar a través del ojo de la cerradura o una ventana, veo techos apuntalados, un trozo de cielo o un jardín totalmente abandonado.
Me confirman algunos vecinos que muchas de las casas del centro histórico son sólo eso: fachadas, estén felizmente pintadas o bien abandonadas por culpa de la desidia de sus propietarios, en muchos casos bancos.
Y uno se pregunta entonces: ¿a qué se está esperando? ¿A que se caigan balcones o  fachadas enteras para levantar en los solares que dejen feos edificios de viviendas?
¿Se pretende acaso que El Puerto se convierta en una ciudad como cualquier otra, renunciando a esas casas palacio o incluso otras más modestas, pero que constituyen su singularidad?

¿No quedamos en que, destruidas las industrias tradicionales, que eran las que daban la riqueza a El Puerto, a éste parece quedarle ya sólo el turismo?
¿Por qué entonces no se considera absolutamente prioritario concienciar a todos los propietarios y vecinos de la urgencia de evitar que El Puerto se convierta en  un pueblo Potemkin o en una ciudad fantasma?

Conozco a familias que abandonaron  en su día el casco histórico y se fueron a vivir a las urbanizaciones porque tenían entonces hijos pequeños, pero que a las que ahora les gustaría volver si el centro recuperase su antiguo atractivo.

El centro es también el lugar favorito de los extranjeros que han elegido vivir en El Puerto aunque cada vez se dicen más decepcionados por el abandono que observan a su alrededor.

Admitamos que es una tarea difícil la que tiene planteada el nuevo gobierno municipal tras tantos años de abandono, desidia y, según muchos, también corrupción.

Y recordemos la famosa frase del presidente norteamericano John F. Kennedy cuando dijo: “No preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros. Preguntad qué podéis hacer por vuestro país”.
Es hora de arrimar todos el hombro.
Joaquín Rábago
Socio Colaborador de la Academia

3 comentarios:

  1. Los que ahora están en el puente de mando poco van a hacer, y los que vengan detrás ya veremos.
    El Puerto se hunde cada vez más y ya se va pareciendo a una ciudad fantasma.

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  2. ¿Pagar muchos impuestos y tasas por servicios nulos o de escaso valor no es arrimar el hombro bastante?

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  3. Eugenio Martínez Orejas16 de noviembre de 2016, 5:05

    Cómo me "duele" este artículo de Joaquín Rábago, al que no se le puede quitar ni una sola coma del mismo, pero al que, lastimosamente, hemos de añadir la desidia pandémica de los que se ocupan del bienestar de los ciudadanos, pero que, además, padecen el síndrome pancista de ignorar quien les paga su salario y con qué finalidad.

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