sábado, 24 de diciembre de 2016

LA NAVIDAD Y EL GRECO

La Navidad según el Greco

El Greco (el griego), fue un pintor del final del Renacimiento. Es un caso único en la Historia de la pintura. Cualquier persona sin tener muchos conocimientos artísticos puede identificar su inconfundible estilo. Su originalidad radica en una personalidad peculiar y que en él confluyen cuatro tradiciones pictóricas y espirituales que se sintetizan en armonía creando un estilo irrepetible: la figuración bizantina, el colorismo veneciano, el manierismo miguelangelesco y la espiritualidad castellana. Pintó durante 50 años por lo que su obra es muy extensa y variada.

«El Greco, probablemente el pintor más radicalmente manierista de la pintura europea, consigue en estas obras romper con las reglas establecidas en el clasicismo: estira las figuras e ilumina y agrupa la figuras de otro modo; las manos y los rostros se agitan, también los brazos de los pastores al contemplar el nacimiento de la Divinidad, y la gloria de ángeles que hay en la parte superior, es una apoteosis de escorzos de brazos y de piernas, que se entrecruzan de una manera sorprendente». La luz también tiene un papel determinante en la composición: «recibe un tratamiento sobrenatural. Emana del Niño, que tiene una potencia lumínica superior a la de otras figuras, no porque haya un foco, sino porque Él es la luz ya desde el momento en que nace». 
Breve análisis del cuadro “Adoración de los pastores” 
Los colores brillantes, «disonantes», y las formas y poses extrañas crean una sensación de maravilla y éxtasis, al celebrar los pastores y los ángeles el milagro del niño recién nacido.  El grupo de ángeles que sobrevuelan la escena puede que se parezcan a la parte que falta de la Visión del Apocalipsis o la Apertura del séptimo sello. La pintura fue más tarde transferida al altar mayor del monasterio de Santo Domingo El Antiguo.

Es una de sus últimas composiciones destinada a su capilla funeraria (1612-1614). Su estilo final es dramático y antinaturalista, intensificando los elementos artificiales e irreales: cuerpos muy largos en cabezas pequeñas iluminados con luces fuertes y estridentes (quiso conseguir en esta pieza un símbolo de resurrección y eternidad). El pintor ya viejo y con poca salud, da pinceladas rápidas, largas, creando formas que parecen inacabadas, como si tuviera prisa en acabar su obra funeraria. Medidas  320X180 cms.

                  Detalle ampliado del cuadro                             Detalle del rostro de la Virgen

Se ha pensado que escogió esta temática por su apellido Theotocopoulos y la palabra griega Theotokos = Madre de Dios. Hay quien cree que el pastor que aparece en primer plano pueda  ser el propio artista autorretratado.

 La obra derrocha emoción y colorido. Cada rostro expresa una vibrante emoción y una luminosa  expectación  que parece mantenerlos en éxtasis. Los personajes se ondulan y estiran de manera irreal, la composición  está diseñada  en espiral, creando un movimiento de ascensión, algo muy característico del cretense y del estilo manierista.

El Niño Jesús aparece envuelto en brillantez y blancura, lo que es un recurso tomado de los iconos, y parece emitir una luz que juega en los rostros de los pastores descalzos que se han reunido para rendir homenaje al nacimiento milagroso. Una energía rítmica anima la pintura, expresada en los movimientos de las figuras, como si bailasen. Fuertes contrastes entre la luz y las zonas oscuras realzan el sentido del drama.
 Esta obra fue pintada, con cierta prisa (véase la característica de su pincelada rápida y suelta), por el Greco hasta el final de sus días, puede considerarse una obra póstuma. Según su ayudante, Luís Tristán 1618, su maestro estuvo trabajando en la Adoración de los Pastores hasta su muerte.
Fue adquirida por el Museo del Prado en 1954.

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