miércoles, 18 de enero de 2017

CINE. “LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS, LA, LA, LAND”

“LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS, LA, LA, LAND”
                                  

Como todos sabemos, las Academias del Cine de cada país, conceden sus correspondientes premios anuales a las películas de cada año, a imitación de los Oscar de la Academia de Hollywood.

 En España tenemos los Goya, en Reino Unido los Bafta, En Francia los César, etc.  Pero desde hace un tiempo, todos los países vienen también, entregando otros premios con anterioridad a los oficiales, premios que suelen ser antesala de los mismos y que muestran hacia donde van las preferencias. En España son los Forqué, recientemente entregados y en América, los Globos de Oro donde, este año, esta película de la que hablamos, ha arrasado, llevándose los siete Globos a los que estaba nominada.  Es la película que mas globos de Oro ha ganado nunca y esto la convierte en la favorita para los próximos Oscar. ¿Significa esto que estamos ante una obra maestra?  No, no es una obra maestra, pero es una buena película, muy bonita, que gusta mucho a la gente, que emociona y hace sentir a los espectadores lo que el cine siempre ha hecho, emocionar, divertir, entretener y eso, no es poco.




La película es un homenaje al cine musical, un género que durante muchos años, más de cuarenta, disfrutó de la admiración de los espectadores de todo el mundo y llevó alegría y optimismo a pueblos necesitados de esas cosas tras épocas especialmente duras y sombrías como la Gran Depresión o la II Guerra Mundial.

   Maestros como Stanley Donen, Gene Kelli o Fred Aster, Bob Fosse, Vicente Minnnelly en Norteamérica o Jacques Demi en Francia, llevaron ilusión y esperanza a millones de espectadores necesitados de estas cosas.

Damien Chacelle ha hecho una película nostálgica en un momento en que el público necesitaba algo así y lo ha hecho muy bien pero, los que vivimos, soñamos y disfrutamos con las películas a las que “La, la, land” homenajea (y en algunos momentos, copia), no podemos dejar de echar en falta a los grandes coreógrafos (mítico Jerome Robbins) o bailarines que las protagonizaron y nos quedamos con la miel en los labios al ver a los que interpretan esta película, esbozar unos tímidos pasos de baile, salvo la fantástica secuencia inicial realizada en un solo plano, antes de los títulos de crédito, homenaje directo a Jacques Demi en “Las señoritas de Rocheford”, incluso a la música de Michel Legrand.



Nada es nuevo, nada novedoso ni nada abre nuevos caminos al musical, pero está realizada sin miedo, con una valentía digna de agradecer para los que hemos vivido la época gloriosa del musical.  No deja de emocionarnos evocar, según avanza la película, escenas de “Cantando bajo la lluvia”, “Un americano en Paris”, “Melodías de Broadway 1955” o “Corazonada” de Coppola.

La historia es sentimental y romántica en su primera parte pero se hace realista y nostálgica en la segunda, Muy lograda la doble secuencia de la pareja entrando en un local de Jazz tras asistir a una representación teatral. Misma mujer y dos hombres distintos, el que el sentimiento romántico desearía y el real, más prosaico.

Los actores están muy bien en sus cometidos, para mí, mejor Ryan Goslin que Emma Stone, aunque  esta está magnífica en el casting en el que finalmente es aceptada.

Una deliciosa película, digna de verse, pero no una obra maestra ni el comienzo de un renacer del género, pero, háganme caso, no se la pierdan.

Jesús Almendros Fernández
Crítico de cine, socio colaborador de la Academia

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