lunes, 6 de marzo de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (300)

Sobre una Eurolengua

Se llamaba Ludwik L. Zamenhof, murió en abril de 1917. De aquí a poco hará cien años. Desde joven, Zamenhof demostró tener un gran talento para las lenguas; dominaba el ruso, el polaco y el alemán; podía leer sin dificultad en latín, hebreo y francés; estudió en profundidad el judeoaleman y escribió una gramática del mismo. Conocía también bastante de griego, inglés, italiano y español. Se dice que Zamenhof procedía de una familia judía, que fue expulsada de España en 1492. A pesar de encontrarse en serias dificultades económicas, en 1887 publicó su obra “Internacia Lingvo” (Lengua Internacional) con el seudónimo de Doctor Esperanto que posteriormente daría nombre al nuevo idioma.

Era un hombre de barba poblada de canas y de calvicie temprana. Redondas gafitas de miope por las que veía el humo de sus continuos cigarros. Cuando hablaba le salían mal ciertas consonantes y emitía una especie de raro silbido. No, no era buen orador. Tímido. De voluntad extremada e inagotable paciencia. Ingenuo, modesto y pacífico. Cuando terminó el bachillerato en sus ciudad natal Bialystok ─en la actual Polonia─ se trasladó a Moscú, Varsovia y Viena para estudiar medicina, y finalmente, hizo la especialidad en Oftalmología.

Probablemente su capacidad para aprender idiomas era una proyección del ambiente que le rodeaba. En aquella época poblaban Bialystok varias etnias; polacos, rusos, alemanes, bielorrusos y una, no muy grande, mayoría judía. Lenguas, costumbres y religiones distintas; prejuicios de toda índole enfrentaban a aquellas gentes. El joven Zamenhof pensaba que la incomprensión y el desconocimiento eran el origen de las más duras confrontaciones, creía que un idioma común rompería, en parte, esos muros o que al menos mejoraría las posibilidades comunicativas entre tan diferentes personas. Firme en su convicción de que todos los hombres son iguales, su idealismo le llevó a identificar su anhelo de una humanidad unida con la idea de que un idioma universal ─no perteneciente a nación alguna─ permitiría a los humanos comprenderse mejor.


Zamenhof pensó primero en la actualización, y renovación, del latín; después consideró la creación de una lengua nueva cuyas palabras consistieran en series matemáticas de combinaciones de letras con sonidos articulables. Las ideas sobre las que trabajó las sometió a pruebas para estudiar sus posibilidades, buscando con tenacidad la solución óptima: el Esperanto.
Es una opinión extendida que ninguna lengua nacional es recomendable para la comunicación entre los europeos. Los UE deben comprenderse entre sí por medio de una lengua fácil, una «Eurolengua», porque si se acepta una lengua nacional se rompería el principio básico de igualdad entre todos los ciudadanos y naciones de la UE.
¿Será el Esperanto la esperanza?
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia

6 comentarios:

  1. Enhorabuena a la institución por haber llegado al escrito número 300 de "Encuentros en la Academia".
    Muy interesante el tema de la eurolengua, el socialista alemán Willy Brand dijo que que: "La diversidad lingüística es uno de los mayores obstáculos en el camino hacia la amistad y la comprensión entre los pueblos. El idioma internacional esperanto ya hace tiempo que intenta eliminar ese obstáculo."

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    1. La Academia de Santa Cecilia.7 de marzo de 2017, 13:35

      Muchísimas gracias, por la felicitación. No todos aprecian el esfuerzo que significa ésta publicación semanal ininterrumpidamente durante casi 6 años. Comenzamos el 5 de abril de 2011.

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  2. Felicito al profesor Pérez Blanquer por su artículo donde nos invita a reflexionar sobre la necesidad de tener una eurolengua. Y ésa sería el Esperanto. Una Europa tan fraccionada en lenguas, ideologías, religiones, formas culturales debe buscar la unión lingüística. El Esperanto.

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  3. muy bueno, sigamos promoviendo nuestro idioma igualitario, felicidades a los europeos, Dios quiera que llegue con el mismo empuje para el resto del mundo!!

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  4. Interesante artículo y muy ameno de leer. Gracias Ignacio.

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  5. Me encanto, aparte hay un dejo de que Esperanto es la lengua que necesita europa para la igualdad, buena nota muy calida

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