domingo, 7 de enero de 2018

EL MUNDO DE LA MÚSICA. Cap. XV. La música española siglos XIX y XX (3)

Francisco Tárrega (1852-1909)
           
Guitarrista y compositor español, nacido en Villareal (Castellón de la Plana). De origen modestísimo, comenzó a tocar la guitarra sin conocimientos teóricos musicales ni del instrumento. Su habilidad y destreza hicieron que se fijaran en él y le dieran protección, primero el conde de Parsent, y luego un rico comerciante, quienes le proporcionaron los medios para estudiar armonía y piano en el conservatorio de Madrid. Después de obtener el primer premio de guitarra y del éxito que obtuvo en un concierto en el teatro Alhambra de Madrid, se decantó por este instrumento.
            En marzo de 1881 se trasladó de nuevo a Valencia y de allí a Lyon, donde obtuvo un gran éxito en el concierto que ofreció en el teatro de la Ópera. Allí trabó amistad con Coquelin y en su compañía marchó a Paris, donde le presentaron a Gambetta y vivió la vida de artista con Madrazo, Fortuny, Palmaroli y Casado. Tomó parte en la fiesta de celebración del centenario de Calderón organizada por el Comité Internacional que presidía Víctor Hugo, siendo él la estrella y merecedor del agradecimiento del presidente, que éste le transmitió por escrito en una amable y honrosísima carta.
            Después de tan notable reconocimiento le invitaron a tocar en sus palacios la reina Isabel, la princesa Matilde y Rothschild. He aquí lo que de Tárrega decía el redactor de uno de los diarios más leídos de Paris:
<<Hasta ahora creía que sólo Sarasate, con su violín, podía producir esas harmonías que, transportando el alma a otras esferas, le hacen sentir misteriosas impresiones. Hasta ahora imaginé que nadie como Rubinstein tenía esa facilidad en la ejecución, esa maestría en el arte que le hace dominar al piano hasta hacerlo hablar. Al escuchar a la célebre Esmeralda Cervantes, creí que nadie como ella sabía dar una expresión tal a cualquier instrumento como al arpa que tocaba. Todo esto había creído hasta ayer, cuando con un instrumento mucho más difícil, oí anoche las armonías más dulces, las voces más celestiales que instrumento alguno pueda producir. Tárrega, con su guitarra, hace olvidar a Sarasate, borra del recuerdo a Rubinstein, y disipa las armonías del arpa de Esmeralda>>.
            La guitarra en manos de Tárrega demostró ser uno de los instrumentos más bellos, delicados, ricos de timbre y posibilidades estéticas; con su genialidad revalorizó todos sus matices y la colocó en el rango que le corresponde.
            Como compositor, sus obras son verdaderas joyas de la moderna literatura de la guitarra: Preludios, Scherzo, Cantiga, Estudios de concierto, La danza mora, Capricho árabe, Recuerdos a la Alhambra, Fantasía sobre motivos españoles, Sueño napolitano (trémolos) y variaciones sobre El Carnaval de Venecia, así como numerosas transcripciones para guitarra de obras clásicas.


Isaac Albeniz (1860-1909)
           
Compositor y pianista español nacido en Camprodón (Gerona), está considerado una de las máximas figuras de la música española. Creador del nacionalismo español e impulsor de una escuela de piano española.
            Desde el niño prodigio que en 1864, con apenas cuatro años, se presentó en el teatro Romea de Barcelona tocando una fantasía sobre Vísperas sicilianas de Verdi, hasta el consumado maestro que, en 1908, rubrica y dedica a su buen amigo Gabriel Fauré las otoñales y postreras Four songs, se desarrolla una de las evoluciones artísticas y humanas más asombrosas en la historia de la música. Su trayectoria es una constante búsqueda de saber y conocimiento.  
En 1867, acompañado por su madre, fue a París, donde sorprende a Marmontel, profesor de piano del Conservatorio, pero no le permiten el acceso debido a su corta edad. En 1869 la familia se traslada a Madrid y, ahora sí, fue admitido en el Real Conservatorio, pero pronto, al año siguiente, se escapa para recorrer diversas ciudades castellanas, donde se dedica a dar conciertos. Dos años más tarde regresó a su hogar, pero en 1872 vuelve a escaparse, esta vez hacia el sur. Da conciertos por Andalucía hasta que se embarca, en Cádiz, en uno de los barcos que hacían la travesía a Puerto Rico y Cuba. Continuó su viaje hacia Buenos Aires, Montevideo y, finalmente, San Francisco en los Estados Unidos, donde se dedicó a tocar el piano en cafés y salas de concierto. Con los ahorros que consiguió reunir volvió a Europa con el propósito de estudiar música en serio.
En Leipzig estudió con teóricos como Salomoh,  Jadassohn y Karl Reinecke, amigo de Mendelssohn y Schuman, y posteriormente en Bruselas junto al gran profesor François Gevaert. En 1877 volvió a Madrid, donde obtuvo una beca del conde Morphy para estudiar en Bruselas con Gevaert y Brassin. De nuevo sus estudios fueron interrumpidos por giras a Cuba y EE. UU., pese a ello, obtuvo el primer premio del Conservatorio. De vuelta a España, fue recibido en audiencia por el rey Alfonso XII, a quien agradó tanto la extraordinaria disposición y el talento del muchacho, que le concedió una pensión anual para que prosiguiera sus estudios. Viajó por Europa siguiendo a Listz, con quien se encontró en Weimar, perfeccionando con él su técnica. Tanto impresionó al maestro que entabló con el joven genio una amistad que duró hasta su muerte en 1886.
En 1883 se establece en Barcelona, donde estudió con Felipe Pedrell, quien no sólo logró hacerle abandonar su carrera de concertista, sino que influyó sobre él para que se dedicara a la composición y se basara en la música popular española. De él llegó a decir: << temperamentos como el suyo no son enseñables>>
            Entre 1890 y 1893 vivió en Londres, donde firmó un contrato con el banquero Francis Burdett Money-Couts – lord Latimer – quien fue su mecenas, su amigo y el autor de los textos de casi todas sus óperas y canciones. La primera ópera de la serie fue Henry Clifford, seguida por Pepita Jiménez, - adaptación de la novela homónima de Juan Valera -, y la trilogía King Arthur: Merlin, Lancelot  y Ginebra, de la cual sólo la 1ª parte: Merlin, fue completada y puesta en escena. 
 Cansado de esta música escasa en imaginación y de pobre técnica, viajó a Paris, donde conoció a Vincent d’Indy  y pudo apreciar la obra de Debussy. Si esto contribuyó a su triunfo en la composición pianística de inspiración impresionista, sin embargo le impidió tratar con éxito las grandes formas musicales y la técnica instrumental, dos aspectos en los que siempre se mostró vacilante. Aún cuando escribió varias producciones para teatro, sólo una de ellas, Pepita Jiménez, se ha mantenido en el repertorio hasta nuestros días con notable éxito.
Albéniz, en 1980, publica y estrena la colección España. Piezas maestras breves, frescas y directas, cinceladas a vuela pluma, pero con la sabiduría pianística y la convicción de un sentimiento estético nacionalista cada día más asentado y profundo. Colección en la que Albéniz, en su último periodo creativo, se adentra de manera indefectible en la senda de un nacionalismo de nuevo cuño que, en asombrosa conjunción con otros estilos, culminará con la prodigiosa  suite Iberia y se proyectará de manera determinante en la gran música española del siglo XX: de Granados y Falla hasta Joaquín Rodrigo y Cristóbal Halfter.
 Descubre su música:
§  Cantos de España: Córdoba, Seguidillas y Oriental.

§  Suite Española: Cataluña, Granada, Sevilla, Cádiz, Asturias, Aragón,  
        Castilla y Cuba.
§  Recuerdos de viaje: Rumores de la caleta (malagueña) y
   Puerta de Tierra (bolero)
§  Suite Iberia: Evocación, El Puerto, Jerez, Rondeña, Málaga, Almería,
  Corpus Christi en Sevilla, Triana, Eritaña, El Albaicín,
  El  polo, Lavapiés.

§  Tango en Re mayor: La vega
 §  Azulejos y Navarra (Obras póstumas acabadas por Enrique Granados)
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

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