viernes, 8 de junio de 2018

CANTE FLAMENCO Capítulo VII y (2)


      Soleá de Jerez:
    Al hablar de soleá de Jerez hay que referirse obligatoriamente a la única soleá, muy gitana y personal, que creó Antonio Vargas, popularmente conocido por “Curro  Frijones”  que, desde luego, es inconfundible. Es un cante corto, susceptible de ser interpretado de muchas maneras. Unas veces marcaba largas pausas entre tercio y tercio, mientras que otras los ligaba de modo muy peculiar, pero la esencia de su soleá siempre fue la misma. Pastora Pavón y Aurelio Sellés, coinciden en que la versatilidad fue la principal característica del cantaor jerezano.
    Tomás Pavón adaptó a su manera la soleá de “Frijones”, dotándola de una grandeza que, en el estilo de su creador, no tenía.
    Soleares de Jerez:                                https://www.youtube.com

o   Soleá de Córdoba:

    Según el cordobés Ricardo Molina, Córdoba cantó por soleares desde mediados del siglo XIX, y divide en dos etapas la historia del cante por soleá:
En la primera (1860-1900) fue tributaria de la Serneta y de Enrique “el Mellizo”. En la segunda (1900-1960) de Triana.
     A principios del siglo XX, la soleá, al aclimatarse a Córdoba, se hizo más pausada y larga; perdió la técnica del ligado y con él su tensión. De este modo adquirió un tono de cante recitado que, a menudo, fue la expresión de sentencias morales más que efusión patética o apasionada.
    Soleares de Córdoba:                           https://www.youtube.com

o   Polos y Cañas:
El “Polo”  está considerado  por la mayoría de los estudiosos del flamenco como el cante flamenco más antiguo, después de la “Toná” que conocemos.
Don José Cadalso “Dalmiro”, en sus “Cartas Marruecas”, menciona la existencia de un canto popular al que denominaban “Polo”.
Hay quien afirma que su creador fue Tobalo, cantaor de Ronda (s.XVIII). No se ha encontrado documento alguno que lo testifique, pero lo que si se da por seguro es que, como otros muchos, este cante deriva de la toná primitiva o de un baile que ya existiera con ritmo de soleá. (Ver soleá apolá. Pág.24)
Otros cantaores míticos como “El Fillo”, “El Nitri”, “Curro Durse” y “El Planeta”, a quien le llamaron el “rey de los polos”, cultivaron este cante.
Hay quien habla de dos tipos de Polos: uno de ellos el“Polo natural”, que  une en un solo cante al polo  y a la caña, creado por “Curro Durse”, quien primero cantaba la caña  y la remataba con un polo  como si de un “macho”  se tratara. El otro Polo, el no natural, llamado estilo “Tobalo”, anterior al natural de Curro Durse, fue seguido por los cantaores de voz “afillada”- grave y rota – y, a diferencia de aquél, lo remataban con una soleá.
o   Cañas:     
Son muchas las teorías y debates sobre el origen y denominación de la Caña, un cante que, según García Matos, tal vez proceda de otro anterior, no flamenco, recogido en las “Tradiciones Populares Andaluzas” de Isidoro Hernández, en cuyo estribillo se citaba: Caña dulce, de mi dulce caña… Arcadio Larrea hace proceder su origen musical de una canción culta. Serafín  Estébanez Calderón, en sus “Escenas Andaluzas”, recoge la descripción que el hispanista Richard Ford hace en “Cosas de España” (1830), de la “Caña”:
<<En los intermedios lúcidos entre el baile y el anisado, la “caña”, que es la verdadera “gaunnia” –canción árabe-, se administra como algún calmante por algún hirsuto artista, sin faralaes, botonaduras, diamantes o guantes de cabritilla, cuyas coplas, tristes y melancólicas, siempre empiezan y terminan con un ¡Ay!, un suspiro o un grito en tono muy elevado. Estas melodías morunas, reminiscencias de otros tiempos, se conservan mejor en pueblos serranos cercanos a Ronda, donde no hay caminos para los miembros del Conservatorio Napolitano de la Reina Cristina…>>
Ricardo Molina, en su obra “Mundo y Formas del Cante Flamenco”, sin desdeñar la investigación histórica, decide situarse en el terreno de la realidad y analizar el cante propiamente dicho:
“La Caña manifiesta patentes analogías con los más diversos cantes: alboreá, serrana, soleá, polo, etc. Las semejanzas con el polo son las más profundas - no obstante éste parece derivar de la caña -. Ambos caña y polo – presentan hoy forma única; les sirve de introducción un ¡Ay! repetido varias veces, que cumple función musical de obertura; siguen el compás de la soleá; intercalan un ¡Ay! medial que opera acción disociativa, originando el medio polo y la media caña. Proceden, probablemente, de estratos musicales cultos>>.
    Letra de una Caña:                    El que siembra en mala tierra       
¿qué es lo que espera cogé?                    
Que el trigo se vuelva piera                      
y no puea prevalesé.          
    Cañas y Polos:                          https://www.youtube.com

o   Serrana:
Estilo perteneciente al complejo grupo de la seguiriya, pues adaptó su ritmo, en el que es fácil descubrir vetas de caña y mucho de liviana, tanto que algunos cantaores suelen templarse con una liviana. Comparte con la caña el sistema tonal y la partición en dos de la copla. Sus tercios son largos y melodiosos. La forma literaria es la de la seguidilla castellana, añadiéndosele una coda o trístico con el mismo ritmo.
Los temas de sus coplas son descriptivos de las faenas camperas; de las costumbres y devociones serranas. Hablan de pastores y ovejas; de lobos y madroños; de contrabandistas y bandoleros de las serranías cordobesas y rondeñas. Cabe aceptar el término “serrana” a la serranía de Ronda, pues en esta localidad se registró, en la primera mitad del siglo XIX, cierta actividad flamenca, tanta que dio nombre a la “rondeña”  y presume ser cuna del “polo”.
El compás de la serrana es el mismo de la seguiriya, pero el toque de la guitarra es un tono más grave y con ritmo más pausado, es más parecido a la liviana. La serrana  es un cante melodioso y pegadizo, de frases largas y solemnes, con ese aire premioso y campesino mucho más próximo a los cantes de trilla y a las nanas que a los cantes puros gitanos.
Una serrana de las más cantadas es la que tiene la siguiente letra:
Por la sierra Morena                                 
va una partía                                                         
y el capitán se llama                                  
José María.                                      
Va una partía, va una partía,
por la sierra Morena,         
va una partía,
Su capitán se llama José María.

    Serranas:                       https://www.youtube.com

o   Romances o “Corridos”:


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Los Romances  son la muestra más antigua de la literatura popular española y no adquieren el rango de cante flamenco hasta que Antonio Mairena, en 1958, grabó, con ritmo y aire de soleá, el Romance de Bernardo del Carpio, del siglo XII, Musicalmente, el primitivo romance no tiene entronque con el flamenco hasta que los gitanos lo hicieron suyo y lo aflamencaron en el s.XVII.
Según Ricardo Molina, los romances o “corridos”  toman su nombre del modo de cantarse. El romance  es una larga secuencia de soleares y seguiriyas cantadas de una sola corrida. El origen, en lo que a la letra se refiere, hay que buscarlo en los romances castellanos. De aquellos se derivan éstos. En ellos se hacen notar las alteraciones de la transmisión oral, tanto en el argumento como en el léxico y la rima. Los corridos  andaluces - no gitanos – se cantaban, y aún se cantan, acompañados de guitarras, mandolinas o bandurrias, o bien sin acompañamiento, los viejos romances de Gerineldo y Bernardo del Carpio, del conde Olinos y del conde Sol.
José Blas Vega en una separata titulada “Corridos o Romances Andaluces” hace hincapié en la importancia que tienen tanto para la génesis como para el desarrollo de todo lo que conocemos hoy como cante flamenco, ya que de ellos se desprende la riqueza musical y los valores literarios del Cante Flamenco.
Cuando llegaron los gitanos a España, a finales del siglo XV, el romancero estaba en su apogeo y los romances más populares eran cantados. El romancero gitano mantiene la temática castellana. A principios del siglo XIX, según testimonio de Estébanez Calderón, los gitanos cantaban romances en el ambiente hogareño y en las bodas calés, pero siempre sin acompañamiento.
Los romances que hoy se cantan son los sevillanos de Triana y se hacen a compás de soleá. El cordobés Manuel Moreno Maya “El Pele” es hoy uno de los cantaores que más he escuchado cantar romances.
    Romances:                                            https://www.youtube.com
Ignacio Pantojo
Socio colaborador de la Academia Santa Cecilia

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