domingo, 18 de septiembre de 2011

Arte asiático: LA PINTURA ZEN


La filosofía Zen, si es que la podemos llamar así, exige de sus adeptos una atención perfecta, total, y continuada. Cuando el que practica el Zen, saca agua del pozo, corta leña, o realiza actividades de índole más creativa como escribir o pintar, etc. continúa practicándolo.

De esta manera el Zen ha hallado en las artes un terreno propicio para desarrollarse. Los caracteres del arte Zen fueron establecidos por el maestro Hisamatu Shin’ichi. Son los siguientes: 
  
1) La asimetría.  
2) La simplicidad.  
3) La austeridad.  
4) Lo natural.  
5) La sutilidad.  
6) La libertad absoluta.  
7) La serenidad. 

De hecho, cuando se contempla una pintura Zen, un jardín Zen, una casa Zen, un ramo Zen, se hallan estos caracteres. Puede decirse también que allí se revela una mezcla de ciencia y espontaneidad, de rigor y automatismo, que proporcionan un aire incomparable y «diferente». Pues no se trata ni de restaurar la naturaleza —o de recomponerla—, ni de halagar la vista: el artista considera su obra como un ejercicio espiritual; la obra sólo tiene valor si expresa la serenidad, la libertad, la sutilidad, lo natural, la austeridad, la simplicidad y la singularidad del propio artista. Se podría decir que es parecida a un espejo en el que se refleja la figura original. 


Aunque los campos en donde se ejercitan las actividades artísticas de los adeptos del Zen son muy numerosos, debemos destacar la pintura como uno de los principales en que se plasma el «espíritu» del Zen. 

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1 comentario:

  1. Veo muy bien que la academia salga y se abra a un mundo más amplio del arte y de las manifestaciones artísticas. Felicidades.

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