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EL VAPOR Y LA ACADEMIA (27) El vapor y la Academia...

Hay un aforismo clásico que viene a decir que las desgracias personales son más sentidas por los amigos que los golpes de fortuna. De ahí que todos los portuenses nos hayamos afectado anímicamente por la pérdida, esperemos que temporal, del Vapor. La centenaria Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia lo vio nacer, lo vio crecer y lo ha visto hundirse en el muelle de Cádiz hace apenas dos semanas, por lo que más allá de que esté considerado un Bien de Interés Cultura (BIC), que lo es por méritos propios, lo considera un símbolo sentimental de nuestra ciudad. Precisamente han sido numerosos los académicos que han sentido y vivido esta embarcación como algo propio. El poeta José Luis Tejada la utilizaba como transporte habitual para ir a la Universidad de Cádiz, y profesores y alumnos de esta institución como Juan Lara y su hijo Ángel, Luis Ortega o José Sánchez la han llevado a sus lienzos. Rafael Alberti, ya convertido en eterno, realizó en él su último y definit...

Nuevos rumbos

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La academia de Bellas Artes informa, a visitantes y amigos, de su nueva incursión en el mundo de Internet, haciéndoles partícipes de su incorporación a la red social Facebook. P ueden vernos en "Facebook" a través del siguiente enlace:   Academia de Bellas Artes Santa Cecilia en "Facebook"

Empezamos

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Estaba confeccionando este ‘blog’ de la Academia de Bellas Artes, e inevitablemente un batiburrillo de recuerdos me venían a la cabeza. Nosotros, de niños, siempre hacíamos supresión de la solemne palabra  Academia  y decíamos sólo  Bellas Artes. Yo comencé bastante pequeño, primero dos cursos de dibujo a lápiz y carboncillo y después, en 1957, el anhelado curso de pintura a la acuarela. ¡Los pinceles y el color! ¡Qué maravilla! La vieja casona de la calle Santo Domingo, mi carpeta muy grande, o al menos así me lo parecía, los pinceles, el gordo, el finito y el intermedio, los tubitos de acuarelas comprados en Pérez Pastor en la calle Larga. Un trozo de cristal con los bordes lijados que servía de paleta. ¡Más de medio siglo ha pasado! Sonidos… los sonidos, aquel repetitivo do-re-mi-fa-sol que se oía desde la calle, la música imponente del piano, que llenaba el caserón o el chirrido de un violín maltratado.  El tiempo no me ha hecho olvida...