sábado, 30 de septiembre de 2017

LA MUSICALIDAD DE LA PINTURA. (Capítulo 1º de 11)


Por la perfección con que trató nuestra  académica Carmen Garrido, en su discurso de toma de posesión de la de Santa Cecilia (13-4-07) titulado: “La musicalidad de la pintura”  y, en cómo nos transmitió las enormes relaciones que existen entre la música y la pintura, que tanto nos concierne, comenzamos hoy a publicar una serie de artículos o capítulos (11) de su lección magistral. Tendremos así, la oportunidad de observar el cuadro y escuchar la música con la cual lo relaciona.

En el lenguaje críptico que todo profesional utiliza observamos que la lengua española está llena de palabras que se emplean constantemente en las dos disciplinas. Desde los inicios, en el germen de la ejecución de una obra, el músico parte de un papel en blanco en el que realiza un pentagrama pautado que armará con barras, corchetes y todo tipo de signos. La clave y el modo mayor o menor de la misma son fundamentales para poder leer la partitura. Esta composición es escrita a mano.

Cuando un pintor aborda el espacio “en blanco” de un soporte para trabajar realiza, por lo general, un dibujo, en el que también están prefijadas unas claves llenas de simbolismos, como la utilización de marcas, inscripciones o un sistema de cuadrículas por donde luego desarrolla su pintura, y que pueden relacionarse, metafóricamente, con la armadura de un pentagrama, tal como ha quedado de manifiesto en la última exposición del Museo del Prado sobre los dibujos subyacentes de los cuadros, titulada El trazo oculto, que he tenido el honor de comisariar. En ambos casos hablamos de composiciones, de temas con variaciones, del espacio, de puestas en escena y de mezclas armónicas, entre otros términos.

Existen instrumentos de trabajo para cada una de estas artes. En la música,  aparte del lápiz o la tinta con la que se escribe la partitura, serán necesarios  después la batuta y el metrónomo para su interpretación. En la pintura hablamos para el dibujo de la tinta, el lápiz o el pincel. Este último, junto con la paleta y el tiento, es el instrumento esencial para poder plasmar el artista su idea sobre un soporte. La batuta y el pincel son, a través de la mano conductora, los medios de los que se sirven los músicos y artistas para hacernos llegar sus creaciones, consiguiendo transmitir expresividad, claroscurismo, sentimiento alegre o dramático, con la infinidad de gradaciones tonales, modulaciones, cadencias y mezclas armónicas de las que es capaz su talento.


En todos los casos hay un tema o motivo en el que se inspira el autor, la semilla emocional de la obra, que se desarrolla en las melodías con sus fraseos y pausas. En la música por medio de las escalas con los tonos y semitonos, y en la pintura con las escalas de color, de los tonos y medios tonos,  hasta el resultado definitivo en una gama determinada. Todo ello dentro de la armonía personal de cada artista, que puede introducir consonancias y disonancias en un momento o pasaje concreto. El músico y el pintor marcarán el compás o la estructura de su obra, eligiendo para ello la medida del tiempo y la distribución del espacio respectivamente. Lo que para el músico es el ritmo, para el pintor es la composición; ambos elementos y términos se combinan en las dos artes entremezclándose, hasta el punto de conseguir una fuerza musical de gran expresividad plástica como la Sexta Sinfonía, “la Pastoral”, de Beethoven o una pintura de gran armonía compositiva como La Rendición de Breda, “Las Lanzas”, de Velázquez.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Lo he comprobado y lo veo con normalidad, la música empieza a sonar después de los créditos. Gracias.

      Eliminar