martes, 23 de octubre de 2012

LA MUSICALIDAD DE LA PINTURA (Capítulo 8º de 11)

La Anunciación pintada por Doménikos Theotokópoulos, en España Dominico Greco  o “El Greco” (Candía, Creta 1540-1, Toledo, 1614), es una de las grandes obras maestras del pintor. Las figuras principales del tema iconográfico están situadas en un primer plano, iluminadas desde la parte central del lienzo por la representación del Espíritu Santo. En la zona celestial aparece un gran coro de ángeles que, como en otras muchas de sus obras, tañen instrumentos musicales: viola da gamba o violón, arpa gótica, espineta de mesa, flauta dulce, un laúd, y también sostienen un libro de música. Este  lienzo de más de tres metros de alto, realizado en torno a 1600, es uno de los seis que hizo El Greco para el retablo de doña María de Aragón en Madrid, dedicado al asunto de la Encarnación.

Es una composición ascendente de líneas ondulantes. Todo conduce a la parte superior desde donde las interpretaciones del coro angélico envuelven musicalmente la escena mariana, según era frecuente en las escuelas medievales.
La escala cromática, luminosa y vibrante de cada uno de los tonos, se ve enriquecida por la infinidad de matices en superficie, a modo de semitonos o tonos medios, que aclaran y oscurecen el color creando las luces y las sombras y modelando las figuras, como sucede con los toques de amarillo sobre los verdes o de los naranjas y azules sobre los rojos carmín. La obra, compuesta en modo mayor, está llena de acentuaciones lumínicas, señaladas mediante toques de albayalde, que hacen que nuestra mirada vaya ascendiendo desde los paños blancos del primer término, pasando por la zarza y las zonas con mayor realce de luz de la Virgen María y del Arcángel San Gabriel, se detenga brevemente mediante una pausa, a modo de calderón, en el Espíritu Santo, para después ir abriéndose a través de las escalas musicales que forman el óvalo irregular en el que se integran melódicamente los ángeles.
En la zona intermedia, las cabezas encadenadas de los angelitos están agrupadas de forma caprichosa, como si fuesen secuencias de notas en acordes, más o menos complejos, que dan colorido al parafraseado musical en los interludios. En este modo de componer, los pies del ángel forman un amplio intervalo, la mano izquierda de la Virgen se representa en fuga hacia el fondo y, en la parte superior, el pie izquierdo del ángel sobre la nube tiene un movimiento asincopado.
Los pasos de unos tonos a otros y la combinación de todos los elementos están muy bien combinados, para conseguir la proporción armónica y lógica de la escena. La melodía, en un lento adagio inicial, va increcendo de manera moderada y tranquila. La verticalidad de la pintura colabora con el desarrollo  de esta auténtica polifonía concordante y al unísono, acorde con la música  interpretada por los ángeles en la zona superior que nos transportan al mundo de lo divino, lo mismo que el coro “For unto us a children is born” de Georg Friedrich Haendel.

No es casualidad para nosotros, que El Greco, que fue un verdadero revolucionario en la auto-valoración de su trabajo, exigiendo las retribuciones que el consideraba dignas y justas para sus obras de arte (son famosos sus pleitos para cobrar más dinero por El Expolio), sintiera por la música un especial apego y respeto, ennobleciendo su vida con detalles como el de hacerse tocar música, por ejemplo, mientras comía.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario