sábado, 3 de noviembre de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (88)

En una pequeña ciudad próxima al mar concurren vidas paralelas de personas, fundamentalmente mujeres, que representan, o pretenden representar, las distintas formas de vivir que podríamos encontrar a comienzos del siglo pasado. Tiempos sin duda donde pesan tradiciones, costumbres y son muy acusadas las diferencias sociales. Aparecen tímidamente unas formas reivindicativas de conquistas de derechos. Personajes reales o imaginarios que coinciden en un hecho: la importancia del papel de la mujer en las familias de entonces y en una intención, el agradecimiento a las renuncias que tuvieron  que hacer para salvaguardar la dignidad de los más pequeños, ya sea desde el propio hogar o desde algunas instituciones.

María González Forte, (Puerto de Santa María, Cádiz). Lleva toda la vida dedicándose a la docencia, trabajo que le apasiona y que le ha permitido seguir formándose.


LOS SANTOS QUE NOS PRECEDIERON
Hace unos días se hizo realidad un sueño: la llegada del libro que meses antes escribí. ¡Qué suerte tengo de cumplir un sueño! Pero sobre todo, ¡qué suerte tengo de poder soñar!

Soñar es, tener expectativas sobre algo en lo que has puesto mente, manos, y sobretodo, corazón. ¿Nos damos cuenta de la suerte que tenemos al soñar?

Soñar es tener ilusiones, esperanzas, ponerle ganas a la vida diaria, a los hechos de cada día: desde escribir un artículo a poner la mesa para tu familia. La vida está llena de sorpresas, de hechos agradables y disgustos inesperados que a veces nos dejan sin aliento. El ¡Ya no puedo más! Y, sin embargo, entre el desaliento surge la luz. El tenue rayo que te hace recuperar la sonrisa con las diabluras de algún chiquillo o la sonrisa de un amigo. Y resurgimos con la pena, pero resurgimos. Hasta la próxima embestida de esta vida caprichosa que sin saber por qué gasta de vez en cuando tan malas pasadas. ¿Por qué a mí? Podríamos preguntarnos. Y nadie lo sabe, pero a todos nos toca: en la salud, en el deterioro físico o en la ausencia del trabajo. Son tiempos difíciles para mucha gente que no se lo merece. Que pretende una vida con cierta dignidad y que las injusticias y las malas decisiones de los que mandan (me refiero a los que mandan de verdad, no a los que parecen que lo hacen) les privan de los derechos que tenían sin más. Son tiempos muy difíciles pero, ¿cuándo fueron fáciles? En las generaciones anteriores desde luego no.

Dibujo de María G. Forte
    Los que somos mayores sabemos bien que por lo general antes la mayoría de las personas vivían peor. Mucho peor. Y los malos momentos no pueden convertirse en el timón de nuestras vidas, porque solo tenemos ésta en este mundo y no nos la podemos dejar fastidiar.

No se trata de eludir el dolor, de ignorar los problemas, claro que no. Se trata de no hacer de ellos el eje de nuestra historia porque cada día que pase es irrecuperable y si en él no dimos los besos a nuestros hijos o chocamos con franqueza la mano a nuestros amigos, entonces sí habrán ganado los malos.
Me contaba una señora una tarde de noviembre, lluviosa como esta de hoy, que la llegada de la Navidad la ponía muy triste. - No puedo evitar recordar a mis padres, y al esfuerzo que ponían con lo pobre que éramos, en ilusionarnos haciendo pestiños y cantando villancicos- decía.-Y lo felices que mis hermanos y yo nos sentíamos-. Casi setenta años después, por la magia del amor, recuerda esa gran señora el cariño a pesar de la pobreza, el inmenso amor por encima de las dificultades.
Dibujo de María G. Forte
 Y continuaba comparando: -Los niños de ahora no están contentos con nada. Con tantos caprichos como les damos, acabamos echándolos a perder-.

No voy a entrar en debate sobre la sociedad de consumo, sino en resaltar cómo la anciana damita, muchos años después recuerda y me enseña lo que verdaderamente vale: que estaban muy unidos, que los hijos apreciaban el esfuerzo de los padres por sacarlos adelante y la gran lección de la vida; no se debe consentir que las penas impregnen la vida por completo.  Fueron sus navidades más felices.

Habrá que valorar a tantas y tantas personas mayores que se esforzaron hasta el final para que ahora seamos lo que somos. Y así nació mi primer libro. A borbotones. Sin intención en un principio de no ser más que un conjunto de relatos a los que después se les da forma entrecruzando sus historias. Intentando ser un testigo mudo de tantas y tantas mujeres que nos precedieron, que nos acunaron, nos enseñaron, nos dieron forma para ser lo que somos. Vidas sencillas, pero no por eso menos interesantes y que en las largas tardes de invierno relataban hechos de cuando fueron pequeñas. Y un poco de invento, o mucho invento. Y mucho cariño en salvaguardar sus imágenes en la memoria.
Y como la gente es buena, miren, al fin el nueve de noviembre, se va a presentar mi sueño. Pero, créanme, lo más importante es darle gracias al Cielo por poder soñar.
                María González Forte.

2 comentarios:

  1. María, le deseo mucho éxito, aunque el éxito ya está conseguido al haber logrado superar todas las dificultades que entraña publicar algo.
    Alberto Boutellier Caparrós

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  2. PabloAngul
    Verdades muy bien escritas Mari, a la gente joven como yo nos hace falta leer este tipo de cosas de vez en cuando y aterrizar. Gracias

    Luis
    Es magnífico Mari. Muchas gracias por demostrarnos que los sueños se cumplen. Enhorabuena y tienes todo mi apoyo!

    Dani
    Precioso, y mas cierto imposible. No perdamos las ilusiones, las ganas de luchar, ni la alegría de sonreír. Aprendamos de los errores, crezcamos con ellos y salgamos adelante. El sol volverá a brillar y q esa bendita luna nunca falte. Carpe diem. . .

    Chema
    Genial el artículo. Hay que vivir el presente con las enseñanzas del pasado, y con las esperanza de alcanzar nuestros sueños en el futuro; sin agobiarse, pero sin dejar de tener inquietudes. A soñar. . .

    Patricia
    Increible. . . . me ha encantado. . . enhorabuena Mari

    Guillermo
    Increíble artículo

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