sábado, 2 de noviembre de 2013

CINE

EL PÚBLICO CINEMATOGRÁFICO II

Por Jesús Almendros Fernández

Tratando de llevar al cine a sectores sociales aún reacios, como la burguesía, Pathé construyó por todo el mundo en los comienzos del cine, últimos años del Siglo XIX y primeros años del XX, suntuosos “Palacios del Cine” y trató de dar a este público, a la burguesía,  lo que ellos, la sociedad pudiente y biempensante,  entendían por Arte, ofreciéndoles pretenciosas películas con grandes actores del teatro como la mismísima Sara Bernhardt, pero el público, la masa trabajadora y pequeño-burguesa,  lo que entendemos por “la calle”, enseguida se decantó por trabajos de desconocidos llegados a la pantalla sin haber pisado las tablas como Max Linder ó el propio Charles Chaplin. En 1.910 ya existían en América mas de 20.000 salas cinematográficas y Mack Sennet y la compañía Keystone con sus películas de chicas bañistas y “polis” hacían las delicias del público. Era la época de las persecuciones en coche y el lanzamiento de tartas a la cara de otros personajes que causaban la hilaridad de la gente.   Después, cuando llegó la televisión y se pensó que el público podía abandonar la costumbre de ir al cine y optar por quedarse en casa a ver lo que la T.V. les ofrecía, las productoras optaron por la realización de grandes superproducciones para ser proyectadas en enormes pantallas y con sonido espectacular, todo ello imposible de ver en la T.V. pero los costos de estas películas eran tan elevados que llegaron a poner en peligro la supervivencia de muchos de los grandes estudios, como la Fox, que se vió al borde del crack durante la producción de “Cleopatra” en la que el elevado coste de Elizabeth Taylor, un millón de dólares, y sus caprichos de estrella hicieron aumentar el costo de la película de forma inasumible para el Estudio.

        
El éxito de una película, la afluencia masiva de espectadores para verla, solía provocar la realización de otras parecidas dando lugar a géneros o subgéneros que en muchos casos tomaron carta de naturaleza en el cine como ocurrió con el “western”, la comedia, el cine negro, el infantil, el histórico, el musical, etc.  Y es que, de vez en cuando, un género determinado se pone de moda y durante unos años asistimos al estreno de numerosas películas del mismo tema, unas mejores y otras peores.   Su continuidad dependía de la aceptación por parte del público o del tiempo que tardase en cansarse de ellas.

Hace años, muchos aficionados al cine se avergonzaban de decir que les había gustado una película del Oeste ó de Gansters ó cantaban las excelencias de pretenciosas y pesadísimas películas de alta calidad artística que era imprescindible ver y aplaudir y de las que hoy nadie se acuerda.   El tiempo, en definitiva, en cine como en el Arte en general, tiene la última palabra.   El tiempo y el público que con su aceptación ó rechazo hará que se continúen haciendo películas de un determinado género ó se de la oportunidad de dirigir a un determinado director.  En definitiva, como decía, el genial, gordo y socarrón Hitchcock,  se trata de llenar una sala repleta de butacas vacías o lo que es lo mismo, que muchos espectadores se interesen por una determinada película como ocurrió con aquella “La Ley del Hampa” de Josef Von Sternberg.   La película no gustó a la Productora que trató de quitársela de encima pero sin incumplir el contrato, por lo que la estrenaron sin publicidad alguna en un cine de Nueva York.    Tres horas más tarde, Times Square estaba bloqueado por una muchedumbre que se agolpaba a las puertas del cine que tuvo que permanecer abierto toda la noche inaugurándose así el sistema de sesión continua.

3 comentarios:

  1. Muy interesante esta aportación. Un artículo sobre la evolución del público español en estos últimos años también sería muy instructiva,
    Gracias.

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  2. Me gustan estos artículos sobre cine.

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